La vida y la muerte detrás de las rejas – GENTE Online
 

La vida y la muerte detrás de las rejas

Los hornos del horror

Desde las seis de la mañana, cinco presos elaboran el pan que consumen los
reclusos. En total se producen 625 kilos; la mayor parte se destina al penal y
el resto se dona a dos escuelas y a un jardín de infantes. En esos mismos
hornos, en el motín del año 96 fueron incinerados los cadáveres de siete
reclusos.

Del trabajo al calabozo
Al mediodía, en el horario del almuerzo, todos los presos vuelven de su
trabajo para comer. Antes de ingresar a sus celdas, son revisados por los
guardiacárceles: "Es que muchos trabajan con herramientas y no queremos
sorpresas
", explica uno de los suboficiales del Servicio Penitenciario.

Hogar, frío hogar
Antes de salir al patio, a las 9 de la mañana, los presos acomodan sus
calabozos. La mayoría tiene un compañero de habitación, pero algunos, como
Eduardo, están solos. Ellos se lavan la ropa y la dejan secar en la misma
celda. Ubicados en el pabellón siete, los presos evangelistas tienen su templo
arriba de las celdas.

Pica piedra
Por la tarde, en la cantera, algunos reclusos realizan el último turno del
día. Franco Benvenuto hace 10 años que está preso y seis que trabaja en la
mina de granito: "Trabajando se te pasa el día más rápido y no te
ponés a pensar pavadas
". De ese lugar se extrajeron 35 mil toneladas
que fueron utilizadas para contener las inundaciones.

Amo y señor
A las ocho de la noche, la mayoría de los presos ya están en sus
calabozos. Hace minutos terminaron de cenar y esperan atentos el paso del
guardiacárcel que controla que todo esté en orden. Después del último motín
del año 2000, se restauraron casi todas las puertas y las rejas. Muchas fueron
traídas de la vieja cárcel de Caseros y después de ser reacondicionadas
reemplazaron a las más viejas. En total, los arreglos demandaron unos 300 mil
pesos.

Doce Apóstoles entre rejas
El viernes 14 de abril de 2000, en el casino de oficiales de la cárcel de
Melchor Romero, el juez Adolfo Rocha Campos leyó durante cinco horas la
sentencia contra los acusados por el motín de Sierra Chica. La voluminosa
condena, de 198 páginas, provocó varias sorpresas. Muchos de los presos fueron
castigados con penas mayores a las pedidas por la fiscalía, y cinco fueron
absueltos. Dos de ellos, Carlos Villalba Mazzei y Gustavo Arín, pertenecían a
la banda de Marcelo Brandán Juárez, conocida como Los Doce Apóstoles. Para
dictar la sentencia, los jueces consideraron que haber retenido a 17 rehenes fue
algo más que privación ilegítima de la libertad, como lo había considerado
la fiscalía. Según el voto unánime del tribunal, se trató de un secuestro
coactivo. En cambio, a seis de los acusados no se les pudo probar que hayan
participado en la toma de rehenes y se los absolvió de los cargos. Claro que
ninguno quedó en libertad, ya que debían cumplir sus penas anteriores.

Las condenas fueron las siguientes:

Prisión perpetua por haber tomado rehenes y por asesinar a otros reclusos a
Marcelo Brandán Juárez –el líder del motín–, Víctor Esquivel
Barrionuevo, Miguel Angel Acevedo y Miguel Ruiz Dávalos. Quince años por tomar
rehenes a Ismael Troncoso, Jaime Pérez Sosa y Carlos Gorosito Ibánez. Por
participar en el motín, pero con cargos más leves, Marcelo González Pérez
fue condenado a 14 años, Daniel Ocanto Ramírez a 13, y Lucio Brika Puebla a
12. Y por falso testimonio, Guillermo Blanco recibió 6 meses. Fueron absueltos
Omar Díaz Ramírez, Luis Bogado, Antonio Ruiz Díaz, Marcelo Villaseco, Carlos
Villalba Mazzei y Gustavo Javier Arín.

Cuando terminó el motín de Semana Santa, los presos fueron reubicados en la
Unidad 16, también conocida como Caseros la vieja, hoy a punto de ser
derrumbada. Allí, el 24 de mayo de 1996, tomaron veinte rehenes durante ocho
horas. Por eso, fueron trasladados al penal de Melchor Romero, en las afueras de
La Plata, donde permanecen aislados entre sí y del resto de la población
carcelaria. Porque para la mayoría de los presos, los cabecillas del motín son
tan repudiables como los violadores o los barrabravas. Nunca les perdonarán el
asesinato de sus pares.

Retratos de prisión
En la entrada principal, en una de las paredes, están las fotos de todos
los presos, divididos por sus respectivos pabellones. "Esa es la manera
más rápida de saber quién está en cada lugar
", cuenta Luis, uno de
los guardiacárceles. Hoy hay 1268 presos distribuidos en los 12 pabellones.

El preso más odiado
En el pabellón número once, donde se encuentran las celdas de aislamiento
para presos que cometen faltas disciplinarias, Mario Oscar Sallago (52) espera
su condena. Por su condición de presunto violador y asesino no es bien recibido
en ningún otro lugar de la prisión. Está preso desde febrero de este año,
acusado de la violación y el homicidio de Jennifer, una niña de siete años de
Olavarría.

El ángel de la muerte
El asesino serial Carlos Robledo Puch (48) está alojado en el pabellón de
los homosexuales y no quiere hablar con la prensa: "Si el periodista se
anima a limpiar con la lengua el inodoro que usé hoy a la mañana, yo lo
atiendo
", contesta ante los pedidos de entrevista. La mayor parte del
día la pasa en la carpintería del penal. Cumple su pena de prisión perpetua
por los once asesinatos que cometió en los 70.Así está calificada la cárcel. En el pabellón principal, uno de los presos espía por la ranura.

Así está calificada la cárcel. En el pabellón principal, uno de los presos espía por la ranura.

El preso más odiado: Mario Oscar Sallago.

El preso más odiado: Mario Oscar Sallago.

El ángel de la muerte: Carlos Robledo Puch.

El ángel de la muerte: Carlos Robledo Puch.

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