«La solidaridad nos va a salvar de la crisis» – GENTE Online
 

"La solidaridad nos va a salvar de la crisis"

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Su celular suena entre las 5:30 -cuando lo enciende- y las ocho de la noche -cuando lo apaga- en no menos de 85 oportunidades. Algo así como seis veces por hora. O para que quede más claro: recibe una llamada cada
diez minutos. No es todo. Por la noche, después de las 20, deriva el teléfono a una central que atiende más o menos 250 comunicaciones por día. Y además, a la oficina de este porteño de bigote colorado llamado Juan Carr -fundador de Red

Solidaria-, llegan alrededor de 200 mails cada veinticuatro horas. "Juan, te llamamos por un trasplante…"; "Juan, se necesita sangre para…"; "Juan, en el comedor solidario están haciendo falta…"; "Juan…". Y él se las ingenia para atender cada una de las necesidades ajenas. "Salvo cuando llevo a mis cinco chicos al colegio -María, 13; Francisco, 9; Martín, 7; Anita, 5; y Josefina, 3-. Mis hijos me prohibieron que atienda el teléfono durante esa media hora que transcurre entre que salimos de casa y llegamos a la escuela. Y la verdad es que lo cumplo a rajatabla, simplemente porque si no me matan", dice con una sonrisa este veterinario cuarentón, casado con María Alemán -36; pintora- y "la que me aguanta, protesta y apoya en forma incondicional. Todo a la vez".

Es sábado a la tarde, y en esta oportunidad, el tema de la charla con Carr es la solidaridad en tiempos de crisis. Pero la entrevista se posterga hora tras hora. "Por favor, llamame después que estoy con una emergencia nacional", explica por primera vez. A las siete de la tarde -hora de nuestro segundo llamado- cumple con un sagrado ritual con sus amigos de Vicente López, uno de los pocos que le permiten desenchufarse. "¿Juan? Está jugando al fútbol -explica amable el misionero Pedro, uno de sus colaboradores-.
Te pide disculpas y que te comuniques a las nueve". Y a las nueve, cuando el rudo zaguero con proyección, calzado con sus viejas Pampero azul, terminó el partido que ganó apenas por un gol, vuelve a rogar: "Bancame una hora más que se perdió una señora que había ido a la peregrinación a Luján". Y posterga el reportaje para el lunes al mediodía, "siempre y cuando no surja ninguna complicación -advierte-.
Te pido mil perdones, pero sé que ustedes me comprenden. Hago todo lo que puedo por los demás, pero tengo muy claro que muchas veces no alcanza".


-Juan, ahora que lo tengo acá, le pregunto: ¿pese a las dificultades que padece, la gente es más solidaria en tiempos de crisis?

-(Sonríe). ¿Viste lo que es un día en mi vida? Pero cuando las cosas se dan, tu capacidad de asombro se va modificando en forma impresionante. Hace poco necesitábamos medio millón de pesos para que una chiquita de cuatro años, enferma de leucemia, fuera trasplantada en los Estados Unidos. Y juntamos en solo tres semanas 515.423 pesos, a razón de un mango por persona. Fue espectacular. La gente es maravillosa. Mirá, llamó una señora de 83 años que junto a su marido de 93 nos pidió permiso para ver si podía donar sólo 50 centavos. Conmovedor. Aunque a veces un violento pueda más que 500.000 honestos. Pero igual yo sostengo que la solidaridad no está en crisis, que nos va a salvar de la crisis. Ahora nos hacen falta 8.000 pesos para colocarle el gas al comedor solidario de Margarita Barrientos en el Bajo Flores. Permitime que hagamos el mangazo a través de GENTE. Aquellos que puedan colaborar, que llamen al 4919-1333.

-¿Por qué cree usted que esta especie de cultura solidaria va prendiendo cada vez más?

-La cultura solidaria crece porque la gente se va contagiando y se suman unos a otros. Aunque muchos no lo quieran entender, hay infinidad de personas que generan circuitos solidarios porque viven preocupados por lo que pasa en la comunidad.

-¿Los empresarios muestran compromiso con la situación que padecen los pobres?

-Y las empresas también. Repsol es uno de los ejemplos a imitar. Convocó a sus empleados a realizar emprendimientos solidarios y la respuesta fue excelente. Fui jurado en el concurso que realizaron. Los trabajadores generaron una cantidad de proyectos increíbles. En total, alrededor de 900 laburantes produjeron 315 proyectos. Te lo defino con una sola palabra: "sensacional".


-¿Cuántas veces tuvo que decir que no a una candidatura o a un cargo político?

-Ufff, montones. Soy un enamorado de la democracia y creo que la gente debe comprometerse en política. Pero yo no tengo vocación de administrador. Aunque sigo con esperanzas, porque en el trabajo de todos los días me doy cuenta de que están apareciendo geniales políticos que tienen incorporada la solidaridad y que dentro de tres, cuatro o cinco años la cosa va a funcionar. Tendremos que armarnos de paciencia hasta que se abran paso las nuevas generaciones.


-¿Por qué no quiere saber nada con la política? 

-Mirá, mi herramienta política es la solidaridad. En ese terreno sé manejarme. Y hay otros en los que no quiero meterme. Me pegó muy fuerte lo que sucedió con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa. La gente se autoconvocó de una manera espontánea. Cientos de miles de personas salieron rumbo a la Casa de Gobierno. Siempre pienso qué pasaría si los 18 millones de pobres que sobreviven en la Argentina se lanzaran a caminar rumbo a la Plaza de Mayo. ¿Alguien se lo imaginó?

-¿Usted vive siempre pensando en los demás?

-Sí, porque creo que pensar en el prójimo es la verdadera revolución que debemos vivir a pleno los argentinos. Y se está dando. Creció la cultura de la solidaridad. La gente cree más en el prójimo. Te doy un ejemplo: ahora la señora que vive en su palacio de Barrio Norte sale a hablar con el cartonero. Se potenció la generosidad. Hay que salir a la calle para verlo. Y este envión debemos aprovecharlo.


-¿Es un fenómeno que se está dando en todo el país?

-No te quepa duda. Hace pocos días fui a Mar del Plata y volví impresionado. Dicen que es una de las ciudades del país más castigadas por el desempleo. Pero el compromiso que aquellos que son profesionales están tomando con la miseria al acercarse a las villas más carenciadas, me reconfortó. Esto demuestra que los más preparados no son indiferentes con los que padecen hambre.

-Si su familia se lo pidiera, ¿dejaría Red Solidaria?

-Sé que nunca me pedirían algo así. Hace siete años que creamos la Red. En ese momento sentimos que podíamos transformar el mundo. Y despacito vamos en camino. Hoy tenemos más de 2.300 colaboradores y 23 sedes entre las que hay en el país y en el exterior. Para mí, la solidaridad es una pasión. Y si tuviera la posibilidad de nacer de nuevo, volvería a dedicarles mi vida a los que más necesitan.

Carr recorre el Bajo Flores rumbo al comedor Los Piletones. Necesitan 8.000 pesos para instalar el gas para darles de comer a los pibes. Y acá estamos, haciendo gestiones para conseguir la platita", explica.">

Carr recorre el Bajo Flores rumbo al comedor Los Piletones. "Necesitan 8.000 pesos para instalar el gas para darles de comer a los pibes. Y acá estamos, haciendo gestiones para conseguir la platita", explica.

Carr recibe todos los días 85 llamadas en su teléfono celular. Y en la oficina donde trabaja su gente se atienden otras 250 comunicaciones y llegan cerca de 200 mails cada veinticuatro horas. El lunes visitó el comedor <i>Los Piletones</i> y compartió un mate con su creadora.

Carr recibe todos los días 85 llamadas en su teléfono celular. Y en la oficina donde trabaja su gente se atienden otras 250 comunicaciones y llegan cerca de 200 mails cada veinticuatro horas. El lunes visitó el comedor Los Piletones y compartió un mate con su creadora.

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