La princesita Alexia recibió la gracia de Dios – GENTE Online
 

La princesita Alexia recibió la gracia de Dios

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Lo peculiar de todo esto es el vestido. Viene en uso desde 1880. Puro encaje de Bruselas, metro ochenta de largo, con el emblema de la Casa Real de Orange. Lo usaron la reina Guillermina, la reina Juliana, la reina Beatriz, el príncipe Guillermo Alejandro y todos sus hermanos, y la princesa Catharina Amalia. En fin, gente que manda en Holanda, o destinada a mandar. Reyes y reinas. Hay que marcar una tradición. Es la mañana del sábado 20, en la iglesia de Dorpskerp, en Wassenaar, a escasos kilómetros de Eikenhorst, la villa donde viven Máxima y Guillermo Alejandro, en las afueras de La Haya. Esta vez no fue la Catedral de St. Jacobskerk, donde fueron bautizados Catharina Amalia y Guillermo Alejandro. Es un evento un tanto más íntimo. Y la razón es sencilla y protocolar: Catharina Amalia es la heredera al trono de Holanda.

Vestido, decíamos, y la princesa Alexia, de seis meses, que nació este último 26 de junio, lo lleva puesto, y no para de jugar con el broche que lleva puesto su mamá. Su hermana mayor corretea por el templo, le tironea el peinado a su mamá y todos se ríen. Hay quinientos invitados, y mucha gente mirando desde la vereda, porque los príncipes de Holanda son muy populares. Bautismo real para la tercera en línea al trono holandés, por la fe calvinista, que es la oficial.
El pastor Deodat van der Boon está a cargo del rito, y habla del bautismo en sí y de la importancia de la educación paterna. En la iglesia, arreglos florales de gerberas naranjas, un coro de niños –que le obsequiaron dos Biblias a Catharina Amalia y Alexia–, una soprano que cantó la Nana de Manuel de Falla –“duérmete niño…”, seguro usted la conoce–, y Máxima que no puede disimular que está emocionada, con Catharina Amalia sentada en su falda. Guillermo Alejandro se ríe, se lo ve feliz y distendido. También están Jorge Zorreguieta y María del Carmen Cerutti, abuelos de la princesita y padres de Máxima, que viajan a Holanda de vez en cuando, para estar al lado de su hija en los momentos importantes. También está Dolores, artista plástica muy pero muy lograda, y media hermana de la princesa. Después, están los padrinos y madrinas, que en vez de dos, son cuatro: la princesa Matilde de Bélgica, Alexandra Jankovich de Jeszenice –ejecutiva holandesa con sangre azul–, el príncipe Juan Friso –hermano menor de Guillermo Alejandro–, y Juan Zorreguieta, hermano menor de Máxima. Entonces, ya está. Con agua del Jordán –el mismo río donde fue bautizado Cristo– el pastor pregunta por qué nombres será conocida esta niña. Sus padres los dicen: Alexia Juliana Marcela Laurentien. Por la gracia de Dios, y a los ojos de Dios, bautizada está. Y todos aplauden. Máxima, en su sombrero muy llamativo y simple vestido gris, está radiante y muy emocionada.

A ver: ¿en qué anda ella últimamente? Bastante atareada en sus funciones oficiales, y por el mundo. La última escala fue en Marruecos, para conmemorar cuatro siglos de excelentes relaciones holando-marroquíes, y para acompañar a su marido, que inauguró un congreso sobre manejo de agua, su especialidad. Luego, paseo con Lalla Salma, la esposa del rey Mohammed de Marruecos, por las calles de Marrakesh. O en Nueva York, unos días antes, para la cena de clausura del Año Internacional del Microcrédito –o los préstamos a personas en situación de pobreza, especialmente en países del Tercer Mundo– asunto que a la princesa le interesa mucho y apoya activamente. Siempre, vestida con esa elegancia sobria que es muy característica de ella, y por la cual la aplauden en toda Europa.
Fin del bautismo, saludo a la gente en la calle. Alexia ya es Alexia a los ojos de Dios. Después, a celebrar en palacio. Porque para toda la familia real, ese día, claro está, fue una fiesta.

El pastor Deodat van der Boon vierte agua del Jordán –las aguas del mismo río en el que Juan el Bautista bautizó a Jesús– sobre la frente de Alexia. Máxima, muy feliz. Detrás, su marido y su hija mayor, Catharina Amalia.

El pastor Deodat van der Boon vierte agua del Jordán –las aguas del mismo río en el que Juan el Bautista bautizó a Jesús– sobre la frente de Alexia. Máxima, muy feliz. Detrás, su marido y su hija mayor, Catharina Amalia.

Jorge Zorreguieta, presente para el bautismo de su nieta, junto a su hija, su yerno y la reina Beatriz. Los padrinos fueron el príncipe Juan Friso –hermano de Guillermo– y Juan Zorreguieta. Las madrinas fueron la princesa Matilda de Bélgica y Alexandra Jankovich de Jeszenice, una noble holandesa.

Jorge Zorreguieta, presente para el bautismo de su nieta, junto a su hija, su yerno y la reina Beatriz. Los padrinos fueron el príncipe Juan Friso –hermano de Guillermo– y Juan Zorreguieta. Las madrinas fueron la princesa Matilda de Bélgica y Alexandra Jankovich de Jeszenice, una noble holandesa.

El momento crucial: Máxima y su hija, cuando vierten sobre la frente de la beba las aguas del bíblico río Jordán.

El momento crucial: Máxima y su hija, cuando vierten sobre la frente de la beba las aguas del bíblico río Jordán.

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