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La princesa del Plata

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Hacia el cielo, la luz del faro y las dos cúpulas de Matriz; la iglesia más antigua del Uruguay. A ambos lados, casas de adobe pintadas en rosa, techos de teja y faroles de hierro negro que alumbran el empedrado. También, un Ford A de 1920 estacionado. En el horizonte, el Río de la Plata. Esa imagen tiene nombre: Colonia del Sacramento. Y el lu
gar, su historia. De origen portugués, fue fundada en 1680 por el maestro de campo don Manuel Lobo y disputada por Portugal y España en el siglo XVIII. Pasaron 400 años y sigue igual de encantadora.

El Barrio Histórico se descubre en las pintorescas callecitas de piedra. Y se recorre a pie, en motos, bicicletas, carritos de golf (todos de alquiler) o pagando un boleto para viajar en un tren a motor. Estos son los puntos imperdibles:


Puerta de la Ciudadela:
Frente a la actual plaza de 1811. El fuerte de piedra con el pórtico de entrada a la ciudad protegió a Colonia de las invasiones a fines del siglo XVIII.


Calle de los Suspiros:
Angosta, pavimentada con piedras de cuña y arroyo central, con casas de barro y techos de tejas, en colores pastel, que llegan al río. Un paseo casi mágico por la calle más emblemática de la ciudad.


Iglesia Matriz:
Sobrevivió a tiros y bombas durante la guerra. Construida en 1680, se conserva intacta con las dos torres que la caracterizan.


Los Museos:
Hay más de ocho. En el Museo Portugués están los uniformes del Regimiento de Dragones de 1772 y una colección de armas de fabricación inglesa. Otras citas con la historia del lugar: Museo del Azulejo, Museo Español, Museo Indígena y Museo Municipal.

EN LAS AFUERAS.
A pocos kilómetros hay más, mucho más para hacer y fotografiar.


La Plaza de Toros.
Los toreros Ricardo Torres (Bombita grande) y su hermano Manuel (Bombita chico) navegaron desde España para inaugurar la primera corrida, el 9 de enero de 1910, y frente a diez mil personas. Pero la fiesta duró poco dos años más tarde el Gobierno uruguayo la cerró definitivamente. Hoy, frente al muelle viejo del Real de San Carlos, queda aún la estructura netamente mora.

Parque Ferrando.
Son más de 20 hectáreas arboladas con especies nacionales e importadas, que se pueden recorrer a caballo o a pie. 

Arena y sol.
Las playas, un punto obligado para quienes desean salir del estrés o -simplemente- broncearse. Los mejores atardeceres se pueden apreciar desde las del Real de San Carlos. Las de Ferrando, a sólo 2 kilómetros de la ciudad, son famosas por sus arenas blancas y sus aguas mansas.


Dulces artesanales.
Los más exóticos se consiguen en Granja Arenas (kilómetro 167 de la ruta 1). Fruta cocida y azúcar son los únicos ingredientes que usa esta fábrica familiar inaugurada en 1949. Hay más de 20 sabores: banana, morrón, dulce de leche, berenjena y cebolla están entre las especialidades de la casa.

AVENTURA.
Desde buceo a cabalgatas, todas las actividades están aquí.


Buceo.
Hay dos opciones: la cantera de Ferrando y la de Calabré. La primera tiene 14 metros de profundidad, fondo de arena y piedra y más de 20 especies de peces. El bautismo de buceo con tanque cuesta U$S 30. El curso de 4 días (se entrega un certificado de la Asociación de Profesores e Instructores de Buceo), U$S150.

Windsuf. El programa de radio argentino Con viento a favor está organizando encuentros con los fans uruguayos para hacer un campeonato final en el verano. "Tanto el viento como la marea del río son ideales para este deporte. Hacerlo de este lado de la costa nos viene genial a los porteños para cambiar un poco el aire y trabajar la práctica en otra zona", subraya Marcelo Rivas, uno de los organizadores.


Cabalgatas.
Frente al viejo muelle del Real de San Carlos, Daniel Quintana alquila los mejores criollos del lugar (a U$S 2 la hora). Está permitido recorrer los barrios y también (fuera de la temporada de verano) galopar por la playa.

SABANA Y MANTEL.
A la hora de dormir, los precios varían desde U$S 20 y hasta U$S 90 la noche. Los hospedajes más pintorescos son, sin duda, los que se encuentran en el Barrio Histórico, ya que su déco (patios que huelen a glicinas, cuartos con pisos de ladrillo y rejas de hierro forjado) refleja el estilo español y portugués del siglo XVII. Sin embargo, hoy uno de los preferidos es el Barceló, un Boutique Hotel a orillas del Río de la Plata que abrió en 2000 y ofrece todas las comodidades del mejor cinco estrellas.

A la hora de la buena mesa, Los Faroles, frente a Plaza Mayor, ofrece los platos más deliciosos de la casa a un promedio de U$S 6. El Colonial, sobre la avenida General Flores, tiene fast-food desde U$S 2,20. Algo más caro y también más exclusivo (sólo tiene diez mesas) es el restó La Florida, donde los sabores, la música y la luz (durante la noche se ilumina con velas) se combinan a la perfección.

Si se tentó con Colonia, sólo le resta conocer un dato más: este paraíso, declarado
Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO en 1995, queda a 45 minutos de Puerto Madero, apenas del otro lado del río.

Callecitas de piedra, faroles de hierro y casas de adobe que miran al río: eso es Colonia del Sacramento.

Callecitas de piedra, faroles de hierro y casas de adobe que miran al río: eso es Colonia del Sacramento.

La <i>Calle de los Suspiros</i>, la más atractiva del Barrio Histórico.

La Calle de los Suspiros, la más atractiva del Barrio Histórico.

<i>Los Faroles</i>, frente a Plaza Mayor, un restó que atrae al turismo por sus platos típicos.

Los Faroles, frente a Plaza Mayor, un restó que atrae al turismo por sus platos típicos.

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