La princesa casó a su mejor amiga con un barón holandés – GENTE Online
 

La princesa casó a su mejor amiga con un barón holandés

Vino porque se casaba una amiga. Y trajo con ella lo que lleva a cada lugar
adonde va: un revuelo de periodistas, fotógrafos, guardias reales y niñeras,
conocidos, parientes, curiosos y cazautógrafos que se agitan a sus espaldas
mientras Máxima va, mientras Máxima compra, pasea, sale, se mete, vuelve a
salir. Esta vez, Máxima Zorreguieta, princesa de Holanda, mujer del príncipe
Guillermo Alejandro, heredero de la Casa de Orange Nassau, vino a la Argentina
con su hija, Catharina Amalia, quien finalmente conoció la tierra de su madre.
Fueron días de reencuentro familiar, algo de shopping, la emoción de una boda,
su festejo, y el descanso. Días que, en detalle, hora a hora, mañana, tarde y
noche, fueron así:

La llegada. El miércoles 5, a la 8.10 de la mañana, en un vuelo de Air France,
Máxima, Guillermo y su hija Catharina Amalia, de cinco meses, llegaron a Ezeiza.
En su cartera, Máxima llevaba el motivo que la había traído de vuelta a su país,
la excusa para que su hija conociera por fin la ciudad donde ella había nacido:
una participación discreta que la convertía, junto a su familia, en invitados a
la boda de Samantha Deane, íntima de Máxima desde el colegio Northlands, y
Frederik Rengers, barón de van Welderen, empresario petrolero y muy amigo del
príncipe.
 
En el salón VIP del aeropuerto los esperaban los padres de Máxima, Jorge
Zorreguieta y Carmen Cerruti. Allí, a puertas cerradas, padres, hijos y nietos
volvieron a reunirse. De ahí partieron en un Mercedes Benz gris metalizado,
propiedad de la Embajada de Holanda en la Argentina, rumbo a la residencia del
embajador Robert Jan van Houtum, quien puso a disposición de la familia real el
departamento que alquila en el Palacio Devoto, en Ugarteche y Avenida Del
Libertador. Una vez instalados, Máxima y su madre visitaron Jean-Pierre, en
Avenida Alvear, donde compraron joyas.
Al mediodía, un almuerzo en la residencia del embajador volvió a juntar a toda
la familia Zorreguieta. Allí, se quedaron de sobremesa hasta las 16.15, cuando
Máxima, con su hija a bordo de una silla para bebés, volvieron a salir. Un rato
después, cruzaban la puerta de Uriburu 1252 -el departamento de los Zorreguieta-
para participar de un té de damas invitadas a conocer a la princesita.

Fue un día de idas y vueltas, básicamente dedicado a hacer sociales. Un día que
transcurrió en diversas casas, volviendo a ver viejas amigas, poniéndose a tiro
con charlas y reencuentros. Fue un día que, de pronto, se convirtió en una noche
y siguió tal cual: a las 21, Máxima y Guillermo, sin la beba, llegaron a la Casa
Aberg Cobo, donde asistieron a una fiesta en honor a Samantha y Frederik, los
novios, en sus últimas horas de solteros.

por Alejandro Seselovsky, Pablo Procopio y María Noel Alvarez
fotos: Christian Beliera, Leandro Montini, Alejandro Carra, Julio Ruiz, Fabián
Uset y Matías Campaya

Madrugada del sábado. Máxima celebra mientras su marido, el príncipe Guillermo Alejandro, habla con un amigo. Con un plato en la mano, el barón Frederik Rengers, amigo del futuro rey de Holanda, y frente a él su flamante mujer, Samantha Deane, íntima de Máxima.

Madrugada del sábado. Máxima celebra mientras su marido, el príncipe Guillermo Alejandro, habla con un amigo. Con un plato en la mano, el barón Frederik Rengers, amigo del futuro rey de Holanda, y frente a él su flamante mujer, Samantha Deane, íntima de Máxima.

Cuando el dj Héctor Suasnábar puso los clásicos del rock, Máxima y Guillermo saltaron a la pista.

Cuando el dj Héctor Suasnábar puso los clásicos del rock, Máxima y Guillermo saltaron a la pista.

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