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La polémica del acto oficial

Plaza de Mayo, viernes 24 de marzo. Cincuenta mil personas repudiando el golpe militar y los desaparecidos que éste dejó. Y están ellas, claro, las Madres y Abuelas, en el mismo escenario donde las primeras marchaban, en plena dictadura, para saber dónde estaban sus hijos. La voz que se alzó desde entonces, cuando casi todos callaban, y recorrió el mundo. Están porque el acto es un homenaje a esa lucha. La noche transcurría en paz.

Y de pronto, todo se mezcló. O lo mezclaron los partidos de izquierda (Partido Obrero, Comunista Revolucionario, Movimiento Socialista de los Trabajadores, entre otros) que elaboraron el texto único que leía una locutora. O ya lo venían mezclando desde mucho antes quienes, preciso es decirlo, en algún momento –desde el grupo de Madres que encabeza Hebe de Bonafini–, olvidaron su objetivo y aplaudieron, por ejemplo, atentados aquí y allá, sin tener en cuenta que un crimen es un crimen, y punto. Y en la Plaza, ahí mismo, empezaron a escucharse consignas y lugares comunes de un acto netamente político que –más allá de ideologías y razones de las críticas al Gobierno– eran más apropiadas en otro contexto: desde la guerra de Irak y la política económica, pasando por la presencia de militares argentinos en Haití, el pago al FMI, supuestos presos políticos en la actual administración y varios etcéteras más cayeron en la misma bolsa…

Entonces, desde abajo del palco, la Juventud Peronista, afín al gobierno de Néstor Kirchner, pide que hablen las Madres y arrojan un par de objetos hacia el escenario. Y suben las Madres y las Abuelas. Marta Vázquez (de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo) toma el micrófono y, fuera de programa, dice: “Nosotras no firmamos ese texto”. Saludan y se van. Estela de Carlotto, a su vez, aclara que no adhieren a esas palabras. Pero antes de irse, Marta vuelve sobre sus pasos y dice: “La Plaza no es nuestra ni de ustedes, sino de los 30 mil desaparecidos”.

Y el motivo de esa marcha –recordar con ellas a quienes no están– quedó bien claro. Eso hubiera merecido otro respeto. Como también hubiese merecido otra mirada el declarado Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia. Una mirada nueva en la que todos los argentinos pudieran encontrarse: tanto aquellos que sufrieron el horror del terrorismo de Estado como quienes murieron víctimas de la feroz subversión de la Triple A, el ERP y Montoneros. El respeto por las Madres y las Abuelas, como el recuerdo de todos los caídos, hubiese sido un primer paso hacia la reconciliación que tanto anhelamos.

En pleno acto, cuando las Madres y las Abuelas se opusieron al texto crítico al Gobierno que se estaba leyendo, les cortaron el micrófono. “<I>Ayer, nuestros hijos quedaron olvidados. Para reivindicar otros temas hay 364 días del año</i>”, dijo Marta Vázquez, madre de Plaza de Mayo.

En pleno acto, cuando las Madres y las Abuelas se opusieron al texto crítico al Gobierno que se estaba leyendo, les cortaron el micrófono. “Ayer, nuestros hijos quedaron olvidados. Para reivindicar otros temas hay 364 días del año”, dijo Marta Vázquez, madre de Plaza de Mayo.

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