La muerte que llegó del mar – GENTE Online
 

La muerte que llegó del mar

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Eran exactamente las 9.58 de la noche de Navidad en Buenos Aires y las 7.58
de la mañana del 26 en Indonesia. Allí era un día de playa que recién comenzaba
para miles de turistas, cuando a 66 kilómetros de la costa de la isla de Sumatra,
un terremoto sacudió el Océano Indico. Fue el más devastador en los últimos
cincuenta años: los 8,9 puntos en la escala de Richter engendraron un oleaje
que, en minutos, barrió con todo lo que halló a su paso en esa isla, y dos horas
después hizo lo mismo en Sri Lanka, en el sur de la India y en Tailandia, a una
velocidad de 800 kilómetros por hora, dispersándose después por el Mar Arábigo
hacia Birmania, Bangladesh, Malasia, y después de seis horas de una cabalgata
enfurecida sobre el océano, llegó a las costas africanas de Somalia, Kenia y
Tanzania.

Al día siguiente (y los que le siguieron), en nuestro país despertamos con la
tragedia: el domingo los muertos llegaban a doce mil, el lunes a trece mil, el
martes a veintitrés mil, el miércoles a sesenta mil, el jueves ya superaban los
130 mil… y la cuenta se perdió en una macabra estadística. Lo peor: un tercio
eran chicos. Y nos despertamos también con la palabra tsunami (del japonés
tsu
: puerto o bahía, nami: ola) impresa en todos los diarios,
multiplicada en todos los televisores, la misma palabra en todas las lenguas. Un
brusco movimiento de agua que se produce entre diez y veinte minutos después de
un terremoto, generando el efecto de un "latigazo" hacia la superficie
capaz de trasladarse a 800 kilómetros por hora, eso quiere decir. Y significó,
también, la muerte.

Con el pasar de los días, los cuerpos se fueron apilando literalmente sobre
las playas, escupidas por el mar que se había retraído después del ataque. Y a
eso, otra posible catástrofe -sumada a la de las réplicas del terremoto-: las
epidemias, ese otro infierno tan temido. Por eso, el apuro de las palas
mecánicas por enterrar a los muertos en fosas comunes y la premura por incinerar
los cuerpos en las playas. En Aceh, una provincia indonesia al norte de la isla
de Sumatra que se ha quedado sin agua ni líneas de comunicación, los
corresponsales hablan de cientos de cadáveres tendidos en las calles, además de
los que todavía permanecen bajo los escombros, entre los árboles o esparcidos en
los campos. "El número de víctimas fatales podría llegar a duplicarse",
advirtió Lee Jong-wook, presidente general de la Organización Mundial de la
Salud
. Y estimó que se necesitan alrededor de 40 millones de dólares para
asistir a más de cinco millones de personas que en esa porción del mundo se
quedaron sin techo, agua potable, alimentos, instalaciones sanitarias y cuidados
médicos urgentes.

Y aunque es verdad que la ayuda ya está llegando, lo cierto es que todavía no
tienen demasiado claro a qué se enfrentan ni a cuántos miles deben ayudar.
Existen lugares de los que no se tiene noticias desde entonces, como sucede con
una remota serie de islitas frente a Sumatra, que se hallan en donde fue el
epicentro mismo del terremoto. "Esas islas son el lado oscuro de la luna en
términos de comunicaciones
", reconoció Herbie Smith, de la embajada
norteamericana en Yakarta. Y concluyó: "No tenemos idea de lo que está
pasando allí
". Ni ellos ni nadie. Además, la furia de la naturaleza aún no
se ha calmado: todavía hay réplicas del terremoto, todavía persiste la amenaza
de un nuevo tsunami, infinitamente menor, pero que mantienen aterrados a los
pobladores del sur de la India.

Uno de los días siguientes, despertamos también con la noticia de que el
terremoto había corrido el mundo. Eso, por lo menos, dijeron unos científicos
italianos pero con otras palabras: "La variación observada es muy pequeña, se
trata de resultados preliminares que indican un movimiento de dos milésimas de
segundo de arco, equivalente a unos cinco o seis centímetros lineales
",
explicó Giuseppe Bianco, investigador de la Agencia Espacial Italiana. Sin
embargo, José María Cortés, un geólogo especialista en sismos de la Facultad de
Ciencias Exactas de la UBA, se apuró a aclarar que "es muy poco probable que
el tsunami haya desplazado el eje de rotación terrestre. Durante siglos
ocurrieron terremotos parecidos, inclusive mucho más fuertes que el de Asia, y
no se tiene registros de que hayan modificado la inclinación de la tierra
".
La cuestión recién se dilucidará en julio de 2005, cuando las nuevas mediciones
hayan arrojado algún resultado certero. Mientras tanto seguirá siendo una más de
las tantas conjeturas.

Hasta el día de hoy, más allá de las quejas de que la plata para la ayuda
humanitaria no llega, la ONU ya lleva recaudados más de 220 millones de dólares,
a los que pronto prometen sumárseles 140 de los países más poderosos. Además,
presionado por la mirada de todo el mundo, el FMI se vio obligado a prometer
cierta condescendencia con los países afectados y el gobierno de Italia, a cargo
del férreo derechista Silvio Berlusconi, ya propone que la deuda externa les sea
perdonada a esos países. Por ahora son sólo promesas: parole, parole

Lo único seguro hasta ahora, además de las muertes, es que el mar tardará
unos cuantos días más en devolver todos los cuerpos que se ha tragado; que
pasará mucho tiempo hasta que se conozcan los números finales de esta tragedia;
que hará falta mucho más tiempo para remediar todo lo que el tsunami ha
destruido a su paso, y toda una vida para que los sobrevivientes se quiten el
olor a muerte de encima, en lo que ha sido uno de los máximos desastres
naturales de la historia de la humanidad, y el primero que ha enlutado al Siglo
XXI.

Hombres, mujeres, niños corren desesperados por su vida. Una mujer, impotente, ingresa para ayudarlos a salir. Son turistas, en Hat Rai Lay Beach, cerca de Krabi, en el sur de Tailandia. El agua, que se había retirado, vuelve con toda su furia. Fue la primera de seis olas mortales, que provocaron más de 7 mil muertos en ese país.

Hombres, mujeres, niños corren desesperados por su vida. Una mujer, impotente, ingresa para ayudarlos a salir. Son turistas, en Hat Rai Lay Beach, cerca de Krabi, en el sur de Tailandia. El agua, que se había retirado, vuelve con toda su furia. Fue la primera de seis olas mortales, que provocaron más de 7 mil muertos en ese país.

Una vista del desastre que dejó el Tsunami en Marina Beach, en Madras, India, donde muerieron más de mil personas.

Una vista del desastre que dejó el Tsunami en Marina Beach, en Madras, India, donde muerieron más de mil personas.

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