La historia desconocida de Nora Dalmasso – GENTE Online
 

La historia desconocida de Nora Dalmasso

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Las casas del barrio Villa Golf, uno de los más exclusivos de Río Cuarto, parecen de cristal. Lo que estaba oculto, lentamente comienza a dejarse ver, a salir a la luz. Hizo falta una muerte violenta, la de Nora Dalmasso, para que las historias que nacían y se evaporaban entre el silencio de cuatro paredes se hicieran grito, o llanto. Y entonces, aquí, en esta ciudad de casi 200 mil habitantes, a nadie llama la atención que varias señoras que sufrían en soledad sus desdichas, comenzaran los trámites de separación, indignadas y avergonzadas. Hasta el domingo 26 de noviembre esas vidas parecían perfectas. Entonces algo se rompió. Las apariencias se hicieron pedazos. El sueño de Río Cuarto terminó.

NORITA. Nora Dalmasso tenía 51 años. Marcelo Macarrón tiene 47. Integraban un matrimonio al que muchos admiraban y respetaban. El 26, decíamos, un vecino encontró el cuerpo sin vida de Nora, asfixiada por un amante despechado y enloquecido, suponen los investigadores. Aquí casi nadie repara en los detalles. Están indignados. Dolidos. Avergonzados. Porque casi todos querían a Norita. Su figura esbelta, sus ojos celestes, su alma benefactora y su espíritu emprendedor hacían que nunca pasara inadvertida en las reuniones sociales.

Desde joven fue muy bella. Siempre nos dábamos vuelta para mirarla. Inclusive durante la década del 70 fue elegida reina en un certamen de belleza que organizaba el club Estudiantes”, confiesa uno de sus tantos admiradores. “A la hora de vestirse, nunca fue de esconder sus atributos. Siempre usaba ropas ajustadas que resaltaban sus curvas, casi perfectas. Yo, la verdad, que la admiraba, porque no tenía prejuicios a la hora de mostrar su belleza. Vivía pendiente de no engordar. Salía con frecuencia a correr por el barrio y no se privaba de usar las mejores marcas y de pasar por un cirujano plástico si era necesario”, afirma una de las pocas amigas que se animan a hablar por estos días. Aunque, eso sí, pide que por nada del mundo revelemos su identidad. Lo único que no había logrado remediar era una renguera proveniente de su juventud, época en la que solía andar a caballo por los campos de Rodeo Viejo. “Era muy buena amazona, y su caída del caballo no fue un impedimento para que siguiera practicando equitación”, rememora un amigo de esas épocas.

Norita nació en el seno de una familia acomodada de Río Cuarto, y desde hacía varios años se desempeñaba como accionista de la empresa familiar Servicios Sociales Grassi, creada en 1891, que abarca una cadena de farmacias, una funeraria, un servicio de emergencias médicas y varios campos en los alrededores de la ciudad. “Ella heredó su alma benefactora de los Grassi, que siempre fueron muy solidarios y por eso no tardaron en imponerse sobre su competencia, los Tombolini”, recuerda un viejo empleado. Quizá por esa característica familiar, Nora era de las más entusiastas en las tareas del Rotary local y de AFULIC, una fundación para la investigación del cáncer. Desde la empresa, además, integraba una sociedad que otorgaba 40 becas a personas de escasos recursos para que terminen la primaria y la secundaria. “Nadie puede negar su espíritu solidario”, coinciden en señalar los trabajadores de la empresa familiar.

LOVE STORY. En 1984, Nora conoció a quien sería su esposo, Marcelo Macarrón. Por entonces, ella tenía una boutique y él estudiaba Medicina en la Universidad de Córdoba. Cuando comenzaron a salir, Marcelo estaba enyesado: había sufrido un esguince de tobillo como consecuencia de una lesión provocada por el rugby. Por entonces, él jugaba en el seleccionado provincial. Después de tres años de noviazgo en Río Cuarto, se casaron y se fueron a vivir a Córdoba Capital, donde Marcelo consiguió su primer trabajo en la clínica Allende. Al año y medio nació su primer hijo, Facundo, hoy de 19 años. Luego Marcelo partió a España para hacer la especialización en Traumatología. Al regresar, por presión familiar, recaló en el pago chico de Río Cuarto.
Con los primeros ahorros, Macarrón decidió abandonar el departamento céntrico donde vivía junto a su esposa, Facundo y la recién nacida Valentina –quien ahora tiene 16–, para establecerse en el exclusivo barrio privado de Villa Golf, donde hoy el precio promedio de una casa de tres ambientes asciende a más de 200 mil dólares. Allí residen políticos, reconocidos profesionales y famosos como el tenista Agustín Calleri. Sin embargo, el último fin de semana, en el tradicional torneo de golf que nadie se quiere perder, sólo había 18 aficionados anotados.

Desde su nueva y coqueta casa, Nora combinaba sus tareas de beneficencia con un taller de jardinería, donde compartía junto a su amiga y prima política Margarita Dalmasso su pasión por las plantas. “Nora era una excelente madre, esposa y amiga. No hay derecho a que digan todo lo que están diciendo –le cuenta Margarita a GENTE–. Para ella yo era como la hermana mayor que nunca tuvo, pero jamás me dijo nada acerca de su vida privada. Charlábamos sobre lo orgullosa que estaba de su hija Valentina, que le había escrito desde los Estados Unidos una carta que la emocionó hasta las lágrimas para el Día de la Madre. Me cuesta creer todo lo que se está hablando. Ella no era así”.

¿EL FIN DEL AMOR? Quienes conocen el entorno familiar sostienen que Norita podía ser muy dulce, pero que muchas veces había que contenerla, porque con frecuencia era una bomba de tiempo a punto de estallar. “Tenía una personalidad muy fuerte, y no ahorraba palabras a la hora de reclamar. Los que más sufrían sus iras eran los empleados de la casa. Marcelo sabía que después de la tempestad venían los mimos, y había aprendido a no prestar atención a sus reclamos. Inclusive sonreía irónicamente cada vez que Norita lo amenazaba con que se iba a ir de la casa –afirma una de las amigas de la pareja–. A los 15 minutos regresaba con un ‘perdonáme’. Y Marcelo aguantaba”.

Norita no escatimaba en gastos a la hora de vestirse. Quería verse linda todos los días del año. Jamás le pedía dinero a su esposo para complacer sus caprichos: siempre salía de su propio bolsillo. Eso era una ventaja para su esposo, pero también una complicación a la hora de hacerle un regalo, porque tenía de todo. Por lo general, Marcelo usaba la practicidad a la hora de agasajarla y le decía: ‘Norita, ¿cuánto dinero querés que te regale? No sé qué obsequiarte’, ensayaba en forma de disculpa”, confía otra de las íntimas.

Sin embargo, Marcelo Macarrón niega enfáticamente ante micrófonos y grabadores la posibilidad de desavenencias: “No estaba en nuestros planes separarnos. Inclusive ella había comenzado a construir un vestidor”. Hoy sus palabras suenan lejanas: muchos conocidos de la pareja aseguran que a pesar de vivir bajo el mismo techo, el enamoramiento inicial de la relación ya no existía, y por eso ella buscaba el afecto en otros hombres dispuestos a escuchar sus angustias y a complacer su pasión. “Quizá mi error fue dejarla demasiado sola. Yo no debía haber viajado tanto”, cuentan que reconoció el viudo en la intimidad.
Los constantes viajes de su esposo a congresos de Medicina llevaron a Norita a integrar el grupo de “las congresistas”, compuesto por ella y siete amigas más, con las que salía a divertirse cuando sus maridos no estaban. La noche del crimen, aprovechando que su esposo había viajado el jueves 23 a Punta del Este para participar de un torneo de golf junto a un grupo de amigos (muchos, esposos de las amigas de Nora), la mujer decidió salir a divertirse. Poco después de las diez de la noche fue al restó-bar Alvear 923, donde junto a otras amigas compartió una cena regada con champagne. A la 1.30 del sábado abandonaron el restobar y se fueron a la casa de Rosario Márquez, en Villa Golf, para fumar, ya que en Córdoba rige desde hace 6 meses la ley antitabaco. “Yo le propuse que fuéramos a casa, porque la empleada no estaba y no quería dejar a los chicos solos”, le dijo a GENTE Rosario Márquez, una de las últimas que la vio con vida. Allí bebieron las últimas copas de Pommery. Una hora después regresó a su casa, donde después de ducharse recibió a quien finalmente la iba a asesinar.

EL CUERPO HABLA. Las relaciones extramatrimoniales de Nora salieron a la luz cuando apareció su cuerpo (de 1,56 de altura y 51 kilogramos de peso), desnudo. En el pequeño cuarto donde fue encontrada, el de su hija Valentina, no había desorden. La ropa, acomodada al costado de la cama indicaba que nadie la había forzado a desnudarse, por lo que los investigadores dan por sentado que las relaciones sexuales que mantuvo esa noche fueron consentidas. La autopsia reveló que la muerte de Norita fue producto de un estrangulamiento manual y con el cinturón de toalla de su propia bata, sin dejar lugar, entre la tela y la piel, “ni para introducir un alfiler”, dicen los investigadores. En el cuello de la víctima, además, quedaron los rastros de las manos asesinas.

Para esclarecer este caso se hace imprescindible profundizar en la vida privada de Nora, y si queremos llegar al asesino debemos investigar a sus posibles amantes”, sostiene uno de los policías que lleva adelante el caso.

El primero en ser citado fue su vecino Guillermo Albarracín, que en vísperas del crimen le había mandado una serie de mensajes eróticos mientras almorzaba en Punta del Este con Marcelo Macarrón. Esa coartada lo alejó de la mira del fiscal, pero no de su amigo, quien sostuvo al enterarse: “En la vida hay códigos de amistad. El no tiene códigos. Me defraudó”. La única amiga que acepta hablar del tema, pero pidiendo absoluta reserva de identidad, reconoce que Nora mantenía una relación extramatrimonial con Albarracín: “Lo sabíamos, pero él no tiene nada que ver con lo que sucedió”.

Al cierre de esta edición, el fiscal Javier Di Santo había puesto la mira en algunos de los presuntos amantes de Nora, para determinar quién habría sido el asesino. Una fuente cercana a la investigación confió a GENTE la hipótesis de que el asesino, mientras mantenía relaciones con Nora, descubrió los mensajes de texto que le había enviado Guillermo Albarracín y la mató por celos.

En la lista de sospechosos hay un reconocido abogado de Río Cuarto, un ex funcionario, un empresario y un vecino del country. Al conocer la lista de sospechosos, Marcelo Macarrón sufrió una fuerte descompensación. “El está muy dolido y a esta altura ya no confía en nadie”, sostuvo uno de los pocos amigos que lo visitan. El fin de semana, el médico partió a un campo en las afueras de la ciudad para intentar recuperarse.

Esta semana será clave: el fiscal contará con los resultados del análisis de ADN del semen hallado en el cuerpo de la víctima y los informes de los cruces telefónicos. “Hay muchos elementos que nos llevan a ser optimistas en el esclarecimiento del caso, porque el asesino dejó pruebas, como una colilla de cigarrillo y Nora, al defenderse, le arrancó cabello”, señalan fuentes de la investigación.

Mientras la pesquisa avanza, en Río Cuarto se miran asombrados. Desconfían unos de otros. Y aunque continúe la bonanza económica que el campo le trajo a esta ciudad, bautizada El Imperio del Sur, todos saben que ya nada será igual después del crimen de Nora Dalmasso.

Postal de un matrimonio que, según numerosos testimonios,

Postal de un matrimonio que, según numerosos testimonios,

 Marcelo Macarrón, Valentina, Facundo y Nora, siempre sonriente.

Marcelo Macarrón, Valentina, Facundo y Nora, siempre sonriente.

 Nora Dalmasso vivía preocupada por su figura y se había hecho varias cirugías.

Nora Dalmasso vivía preocupada por su figura y se había hecho varias cirugías.

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