La historia de Fátima Berro, una refugiada siria: "Vine a la Argentina porque no quería ser otra víctima de la guerra" – GENTE Online
 

La historia de Fátima Berro, una refugiada siria: "Vine a la Argentina porque no quería ser otra víctima de la guerra"

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Fatima Berro

A diez minutos de llegar a su hogar, Ahmad Birrw (31), el hermano menor de Fátima Berro (33) –él usa su apellido sirio y ella, el que figurará en su documento argentino– nos muestra su celular con la foto de tres nenes en la pantalla. "Son los hijos de mi prima", dice con una tranquilidad que no deja entrever el golpe glaciar que vendrá después: "En 2014 a los tres les cortaron la cabeza y los prendieron fuego con su mamá. Y cuando el papá fue a reclamar a la policía, lo mataron también". La guerra está a 12.418 kilómetros de este departamento del barrio de Congreso, pero en un segundo, apareció en ese living y en los ojos de Fátima y Ahmad, quienes nunca olvidarán aquel horror.

–Fátima, fuiste la pionera de tu familia en migrar a nuestro país. ¿Qué te llevó a dejar Damasco, la ciudad en la que trabajabas?

–Dos bombas. La primera explotó en una combi frente al edificio en el que vivía y mató a varios vecinos… Yo estaba en el quinto piso y sentí los gritos antes de ver una columna de humo a través de mi ventana. Sólo unos días antes había resonado en toda la ciudad una bomba que mató a más de quinientas personas.

–¿Vivías con miedo?

–Sí. A diario pensaba “¿hoy voy a morir?”. Hasta que un día, media hora antes de llegar a mi oficina, explotó un auto que destruyó los vidrios del edificio. Si hubiera estado ahí, hoy no estaría acá. Por eso emigré. Deseaba tener una vida sin guerras, como la que tienen los argentinos. No quería ser otra víctima.

–¿Por qué la Argentina?

–Originalmente pensé en irme a Dubai, pero justo cerraron la frontera para los sirios. Y mi cuñada, la hermana de mi marido sirio de aquel entonces, me recomendó el país diciéndome que era bonito. Googleé cómo era la vida, las posibilidades de trabajo y el idioma, y pedí la visa. A los dos meses ya la tenía.

–¿Fue muy difícil hacer las valijas?

–Y, uno no puede empacar la memoria. Esa sigue allá, con mis amigos, mi familia, mi calle… salir del país fue muy difícil (se quiebra en llanto).

–¿Qué día llegaste a Buenos Aires?

–El 17 de enero de 2013, con mi marido. Durante el primer mes me encerré, al principio en la casa de mi cuñada y después en una que alquilamos por Palermo. No quería saber nada: lloraba, no dormía, sólo podía pensar en mi tierra. Recién salí a la calle para pedir refugio porque quería vivir legalmente en el país. Por suerte me lo dieron por dos años.

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"Sí. A diario pensaba “¿hoy voy a morir?”. Hasta que un día, media hora antes de llegar a mi oficina, explotó un auto que destruyó los vidrios del edificio"

–En ese lapso también te divorciaste…

–Es que con mi ex tenía problemas de violencia. Tantos, que a los seis meses de casarnos, en Siria, había pedido el divorcio. Pero no me lo dieron porque él no quería separarse y el juez le dio la razón. Pero bueno, estábamos acá, él me pegó de nuevo después de prometerme que iba a mejorar, y decidí que ya no quería más. Así que, después de cuatro años de casada y cinco meses de vivir en Argentina, fui a la Embajada de Siria y llegamos al acuerdo de que cada uno seguiría con su vida.

–¿La tuya cómo siguió?

–Y, fue difícil, porque estuve un año completamente sola y en cero; él se llevó toda la plata. Y como no hablaba casi nada de español, empecé a trabajar en un taller de joyería para pagar el alquiler de un monoambiente: a veces no tenía ni para comer. Algo que jamás había imaginado, porque mi nivel de vida era otro. En Siria tenía mi auto y me desempeñaba como asistente de dirección con estrellas y productores de televisión… Así pasó un año hasta que decidí volver a Siria.

–¿Cómo encontraste tu país?

–En 2014 había cambiado casi todo: en mi casa ya no había nada, mi ex había vendido todo. Además, la mayoría de mis amigos partieron y las bombas seguían. Caí en la cuenta de que la guerra no iba a terminar y, después de tres meses, volví a la Argentina. ¡Al año ya estaba casada!

–¿Con un argentino? ¿Cómo se conocieron?

–A Walter (Cortes, un santafesino que trabaja en la Policía Federal) lo había conocido en la casa de una amiga siria de mi ex. Cuando volví, lo reencontré y me dijo que estaba enamorado: me pidió casamiento. Al tiempo llegó Siriana (2), nuestra hija que nació en el Hospital Italiano y tiene un nombre que refleja nuestras culturas: Siriana Beatriz Cortes Berro.

Hoy, la ciudadana de Homs (que dentro de unos días también tendrá la ciudadanía argentina) comparte su vida con su marido, el policía federal santafesino Walter Cortes, y la hija de dos años y medio de ambos: Siriana Beatriz.
Hoy, la ciudadana de Homs (que dentro de unos días también tendrá la ciudadanía argentina) comparte su vida con su marido, el policía federal santafesino Walter Cortes, y la hija de dos años y medio de ambos: Siriana Beatriz.

–Tu vida familiar quedó resuelta. ¿Y la profesional?

–Durante un tiempo di clases de inglés y de árabe a hijos de embajadores. Mientras, en paralelo, estudié Dirección Teatral en la Universidad de Palermo e hice un curso de cine que me permitió hacer un corto con el que gané un premio en el 2017. Luego, aprobé el ingreso de la carrera de Cine en la UNA, pero dejé porque abrí Siriana, un restaurante, junto a mi hermano Ahmad. Cerramos el mes pasado porque la zona no era muy buena, pero vamos a inaugurar otro en Palermo. Igual veo mi futuro en la pantalla grande.

–Ya que mencionás a tu hermano, ¡te lo trajiste! ¿Cómo fue?

–A él lo llamaron a cumplir el servicio militar y mi papá, que no quería que muriera, lo mandó a Turquía, y de ahí a Buenos Aires porque pude conseguirle papeles. Dentro de poco viene otro hermano (en total somos nueve) al que también convocaron al servicio militar. Está en el Líbano desde 2014, y su mujer y sus dos hijos en Siria. ¡Su reencuentro va a ser en la Argentina! Si pudiera, traería a todos mis familiares, pero a los viejos no les gusta dejar su tierra…

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Junto a su hermano menor Ahmad Birrw, adquirieron las costumbres argentinas, entre ellas el mate

–¿Sufriste un choque al empezar a tratar con argentinos?

–Y, sí… Vengo de un país musulmán en el que las leyes dependen de la religión y la cultura es machista: el hombre domina.

–¿Adquiriste nuestras costumbres?

–¡Todas! Si bien el dulce de leche me parece demasiado dulce, me gustan el alfajor, los sándwiches, las medialunas, las tortillas y las milanesas.

–¿Cómo seguís las noticias de la guerra?

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7 años de horror, una imagen de las desoladoras calles de Siria

–A través de las redes sociales, donde mis amigos y parientes cuentan todo lo que está pasando. A veces quisiera olvidarme, pero cuando pasan cosas importantes como ahora, que están tirando misiles en Guta, no puedo quedarme al margen. Se dice que durante la guerra murieron quinientos mil sirios, pero sé que son muchos más. Nuestra población era de veinticuatro millones y ahora sólo hay doce. Entre los muertos, los desaparecidos –hace dos años que no tenemos noticias de un primo– y los emigrados, mi país quedó por la mitad.

–Después de cuatro años acá, ¿ya te sentís como en casa?

–Digamos que sí, pero uno no puede olvidar su país. Ojalá mejore, aunque en el fondo sé que nunca va a ser como antes. Por otra parte, hace pocos días me dieron la ciudadanía. ¡Soy argentina!

Por Kari Araujo Fotos: Fabián Mattiazzi,
AFP y álbum personal F.B.

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