La historia de este soldado es real… – GENTE Online
 

La historia de este soldado es real...

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Una doble fila de soldados marcha en la fría noche de la base aérea de El Palomar hasta las entrañas de un Hércules, con los motores ya rugiendo. Uno de ellos pide permiso para ir al baño, pero corre a una cabina telefónica. Grita, porque los motores lo ensordecen: "¡Mamá! ¿Me escuchás? ¡Me voy a Malvinas! No, no digas nada. Me están trasladando ahora… Les mando un beso enorme a vos y a papi. ¡Los quiero mucho! ¡Chau!". El sargento lo descubre y lo manda ¡carrera march! de vuelta a la fila. Después, el avión lo devora.

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Es una película, sí. Pero con imagen y sonido tan reales que uno se ve transportado desde la platea y embarcado en ese vuelo hacia las Malvinas, su guerra, su infierno. La película: Iluminados por el fuego. El director: Tristán Bauer. El protagonista: Gastón Pauls en el papel del soldado Edgardo Esteban, que en la ficción lleva un seudónimo: Esteban Leguizamón.

Pero el verdadero Edgardo Esteban tiene hoy 42 años, es periodista -corresponsal de la cadena NBC-Telemundo, después de una larga trayectoria radial en Buenos Aires- y profesor de Televisión en la Universidad de Palermo. Está casado con una periodista, tiene dos hijas, en el '99 volvió a las Malvinas -donde luchó en el '82 junto a otros doce mil hombres- y luego escribió el libro Iluminados por el fuego. Que, como película, se estrenará el 8 de septiembre en cincuenta salas del país, y que ya ganó una docena de premios internacionales.

-Esteban, ¿qué historia cuenta en Iluminados por el fuego?
-La mía y la de todos los que fueron a Malvinas. Lo que viví en el '82 como soldado y el drama actual de la posguerra, a partir del intento de suicidio de uno de mis compañeros.

-¿Qué lo inspiró, en especial?
-Todo, pero volcado según mi visión de los hechos: el horror de la guerra, el sufrimiento, las privaciones, el frío, el hambre, el maltrato (a veces) de los oficiales, y también la amistad y el compañerismo. De los fantasmas que nos persiguen a todos los que estuvimos en una guerra.

-¿Cómo lucha contra esos fantasmas?
-Empecé a ganar mi guerra personal cuando volví a las islas como periodista, hace seis años. Creí que sería emocionante, y lo fue, pero demasiado: ¡me quebré! Fue cuando encontré mi pozo de trinchera vi que todavía estaba la zapatilla Flecha de un compañero y el cepillo de dientes de otro…

-¿El libro nació en ese momento?
-Sí. Es un relato auto-referencial, pero puede impulsar a otros ex combatientes a volver a las islas y cerrar sus respectivas historias.

-¿Cómo y por qué el libro se convirtió en película?
-Mientras le hacía un reportaje al director Tristán Bauer, le obsequié mi libro y le dije: "Tomá. Este libro tiene que ser tu próxima película". Pero nunca pensé que me tomaría en serio…

-¿Usted trabajó en el guión?
-Sí. Con Bauer, Gustavo Romero Borri, Miguel Bonasso y yo. Después, Bauer convocó a Gastón Pauls -que estuvo conmigo codo a codo para "sacar" mi personaje-, a Virginia Innocenti (la mujer de un ex combatiente que se suicidó), Arturo Bonín (un médico), Juan Leyrado (un coronel), Pablo Ribba (otro suicida), César Albarracín (un soldado que muere en combate), Marcelo Chaparro (un teniente) y Tony Lestingi (un médico militar).

-¿Cuánto costó la película?
-Un millón y medio de dólares. Pero las escenas de guerra no tienen nada que envidiarle a las del cine americano, que cuenta con presupuestos de cien millones. Iluminados… ganó mucho en calidad con la post-producción, que se hizo en España. Todo empezó como un proyecto modesto producido por la Universidad de San Martín, pero ganó premios en dólares y en euros (el del Festival de La Habana y el Cine en Construcción del Festival de San Sebastián), nos apoyaron el Instituto de Cine y el gobierno de San Luis, y hasta nos dimos el lujo de tener dos canciones compuestas especialmente por León Gieco.

-¿La película tiene rigor histórico?
-Hay partes adaptadas y con algo de ficción, por supuesto. Pero se muestra lo que pasó con la máxima fidelidad posible. Bauer es un perfeccionista, un obsesivo, y toda la gente trabajó comprometiéndose hasta las manos…

-¿Un ejemplo de ese estilo obsesivo?
-Filmamos las escenas en los pozos de trinchera durante 24 horas, y sin dormir. Bauer me las mostró y me preguntó si realmente reflejaba lo vivido. Le dije: "Está casi perfecto". Me preguntó: "¿Qué le falta?". Le dije: "La forma de tiritar…, la terrible sensación del pie de trinchera era distinta", y se la expliqué. Sin dudarlo, y aunque nadie hubiera notado la diferencia… ¡lo filmó de nuevo! El equipo ni chistó. Recuerdo que en aquellos pozos, cada noche recibíamos, con puntualidad inglesa, diez terribles bombas. Y algunas se llevaron a mis compañeros…

-¿Qué escena lo sorprendió pese a haberla vivido en persona?
-El increíble realismo de la reconstrucción en las sierras puntanas de la batalla de Mount Longdon, que fue de noche y de una ferocidad y un heroísmo extraordinarios. Participaron cientos de extras, y el nivel de los efectos especiales (FX Stunt Team) revivió el combate tal cual fue.

-Pasaron 23 años. ¿Qué piensa hoy de aquella guerra?
-Trato de ser objetivo, pero es difícil tomar distancia. Hubo miserias, pero también heroísmo y solidaridad por parte de casi todos: conscriptos, suboficiales, oficiales, médicos, enfermeros, civiles. Pero lo que más se recuerda es el coraje y la pericia de los pilotos.

-¿Objetó algo durante la filmación?
-Sólo aclaré que nuestra juventud ochentista no era tan rebelde ni tan ideologizada como la setentista. Era más ingenua. Cuando faenamos la oveja y nos castigaron brutalmente, o cuando jugamos un picadito de fútbol, mostramos la realidad de chicos de 18 años que se adaptaban como podían a una guerra contra una potencia mundial…

-¿Cuántas veces volvió a las Malvinas?
-Después de la guerra, tres veces más.

-¿Qué piensan hoy los kelpers de los argentinos?
-Respecto del '99, cuando por primera vez desde el fin de la guerra se permitió la visita de un grupo de periodistas argentinos, hubo un cambio. Recibimos agresiones, pero también buen trato. La política de seducción del canciller Guido Di Tella aplacó bastante los ánimos. Pero la última vez, en el 2004, percibí otra vez el resentimiento, porque los kelpers creen que este gobierno retorna al reclamo de soberanía… y eso los vuelve locos.

-Para un ex combatiente, ¿es bueno o malo volver a Malvinas?
-En mi caso fue bueno, aunque no hay un día en que no piense en mis amigos muertos allá, y los que se suicidaron o se dejaron morir acá. Pero hago terapia y eso me ayuda. El dinero que me toque por la película se lo voy a dar a los ex combatientes para que vuelvan a las islas y se reencuentren con su destino y con su vida. Creo que todos se lo debemos.

Edgardo Esteban tenía 18 años y fue a Malvinas con otros jóvenes que después serían sus amigos. Algunos no volvieron. En estos veintitrés años retornó a las islas tres veces como periodista; la última, el año pasado.

Edgardo Esteban tenía 18 años y fue a Malvinas con otros jóvenes que después serían sus amigos. Algunos no volvieron. En estos veintitrés años retornó a las islas tres veces como periodista; la última, el año pasado.

Pauls -que interpreta a Esteban- de guardia en la costa de las islas. Arriba, derecha: El triste final de la batalla. Los soldados -cientos de extras- en un típico paredón de madera de las casas kelpers de Puerto Argentino.

Pauls -que interpreta a Esteban- de guardia en la costa de las islas. Arriba, derecha: El triste final de la batalla. Los soldados -cientos de extras- en un típico paredón de madera de las casas kelpers de Puerto Argentino.

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