La gran fiesta de la música, más argentina que nunca – GENTE Online
 

La gran fiesta de la música, más argentina que nunca

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Más allá de que algún compatriota se lleve alguno de vez en cuando, los Grammy latinos –entregados por la Academia Latina de las Ciencias y Artes de la Grabación–, para nosotros, los criollos del Cono Sur, nunca fueron gran cosa. Y hasta nos resignamos a ello. Es decir, toda Latinoamérica tiene cabida: hay premios para el tango muy porteño, el samba y pagode brasileños, la cumbia colombiana, etcétera. Pero la ceremonia, básicamente, está diseñada para que la vean los latinos que viven en los Estados Unidos –casi 43 millones, el 14 por ciento de la población norteamericana–, con absoluta mayoría de mexicanos, y los que deciden quién se lleva el fonógrafo, en su absoluta mayoría, son mexicanos, y algunos colombianos también. Encima, las veladas las conducen celebrities que aquí casi nadie sabe quiénes son, los premios los ganan artistas que ni conocemos, y en la red carpet, lo mismo. Que lo diga Gustavo Cerati: “México es un mercado enorme, nos pasa por encima”.

Para medir un poquito las cosas, en sus seis primeras entregas desde el 2000, en lugares de ultraglamour como el Shrine Auditorium de Los Angeles –ahí donde se dan los Oscar–, la Argentina se llevó catorce premios, con winners inevitables como Gustavo Santaolalla, o Fito Páez, que se ganó dos la primera vez. Y en el mismo período, en esos primeros seis años, México se llevó 62. O sea que no íbamos mal, pero tampoco tan bien…

Esta vez, jueves 2 de noviembre, en el Madison Square Garden de Nueva York, las cosas cambiaron un poquito. O un poquito bastante. Porque Cachorro López, genio total del estudio y ex bajista de Los Abuelos de la Nada, se alzó como Productor del Año, tras ser el hacedor de éxitos de Paulina Rubio, Julieta Venegas o Christian Castro; Mercedes Sosa –que no pudo asistir a la ceremonia, pero que una noche antes cantó en nuestro Colón e hizo llorar a los cimientos– ganó el segundo Grammy latino de su carrera a Mejor Album Folklórico por Corazón libre; A Café de los Maestros –el mismísimo Olimpo arrabalero que juntó a mentes maestras como Horacio Salgán y Leopoldo Federico, todo salido del cerebro de Santaolalla–, Mejor Album Tango y para la diseñadora de su packaging, Laura Varsky, otro Grammy también. Gustavo Cerati –porque Cerati y sus Soda se encargaron de sembrar rock por todo el continente, sépanlo–, se llevó el Mejor Album de Rock por Ahí vamos y Canción de rock por Crimen. Y para León Gieco, el premio a la Excelencia musical, porque después de 22 discos solistas, excelencia a León le sobra. En fin, siete Grammys en total. Y en la red carpet, Susana, sin Jorge Rama a la vista (estaba aguardando a la diva en Miami). Eso sí que es la Argentina.
Miremos el show por un ratito. Ahí en la entrada, después de las mexi-celebrities, o los superstars del reggaeton tipo Don Omar o Vico C, Jennifer López, diosa latina suprema, con su marido Marc Anthony. Y Susana, puro glamour, abrazada a Roberto Cavalli, su amigazo y diseñador fetiche, un italiano que también es el responsable de todo el vestuario de Shakira. Todos los cronistas latinos ahí se aclaraban: “Ah, es la superestrella de la televisión argentina”.

Y llevándose cuatro premios –todos por su álbum Fijación Oral–, Shakira, que se montó la noche en sus caderas colombianas: “Todo lo que aprendí se lo debo a mi pueblo. Le dedico estos premios a mi gente. ¡Y a los inmigrantes, que les otorguen la visa que merecen!”. Shakira, dijo ella, también fue inmigrante. ¿Antonito? Andaba por ahí, lejos de flashes, para seguir cultivando su bajísimo perfil. Pero después la chica subió –luego de los showcitos de Maná y Thalía–, para cantar La tortura junto a Alejandro Sanz –que tiene 14 Grammys latinos encima, el winner de winners–. Caderas colombianas otra vez. Cerati, algo humilde mientras agarraba sus dos gramófonos, decía que “yo no me la creo mucho”, y aunque antes había sido nominado, nunca fue, porque le daba fiaca, pero que cuando los ganás, “¡los Grammy sí que son importantes!”. Ah, Shakira –con la cual trabajó en composición en su Fijación oral– lo trató de “maestro”. Y tiene razón.

Ricky Martin –que dice que Shakira “es algo fascinante”– también tiene pelvis asesina. Y lo dejó totalmente en claro, moviéndola como él sabe mientras canta. Después, Marc Anthony, un buen amigo, le entregó un premio, que no era un gramófono, sino un obelisco: Persona del Año. Primero, porque ritmo latino, acá y en la China, se dice Ricky Martin. Y segundo, por toda la labor humanitaria de la Fundación que lleva su nombre y protege a chicos en riesgo. Ricky, te queremos.

Más tarde, en el Sheraton, fiesta en su honor. Y Susana estuvo, porque Ricky la invitó expresamente, y tienen la mejor onda, de tantas veces que él fue al programa. Ahí, un montón de popes latinos tipo Emilio Estefan o Juan Luis Guerra, cantando los temas de él. Y Jennifer López, danzando para mover esa colita. Al final, champagne y tarta frutal con helado de vainilla, con Ricky cantando La copa de la vida que, básicamente, dice olé olé olé. Quizá, por ahí pasa la latinidad al palo.

J-Lo, chica local pero de sangre bien hispana, y su marido, Marc Anthony.

J-Lo, chica local pero de sangre bien hispana, y su marido, Marc Anthony.

Finalmente, los Grammy latinos no son cosa totalmente mexicana. El gran León Gieco se llevó el premio a la Excelencia Musical –merecidísimo–. Cerati cosechó por partida doble los frutos de su discazo <i>Ahí vamos</i>. La diseñadora Laura Varsky se llevó un gramófono por el packaging de Café de los Maestros (derecha). Y Cachorro López se alzó como Productor del Año. También fueron ganadores Mercedes Sosa (Folklore) y Gustavo Santaolalla (Album de Tango). Y entre los nominados: Babasónicos, Fabi Cantilo, Chango Spasiuk y Lalo Schifrin.

Finalmente, los Grammy latinos no son cosa totalmente mexicana. El gran León Gieco se llevó el premio a la Excelencia Musical –merecidísimo–. Cerati cosechó por partida doble los frutos de su discazo Ahí vamos. La diseñadora Laura Varsky se llevó un gramófono por el packaging de Café de los Maestros (derecha). Y Cachorro López se alzó como Productor del Año. También fueron ganadores Mercedes Sosa (Folklore) y Gustavo Santaolalla (Album de Tango). Y entre los nominados: Babasónicos, Fabi Cantilo, Chango Spasiuk y Lalo Schifrin.

Ricky Martin, estrella de la noche: carisma y delirio. Después, alta fiesta en su honor. Shakira –que trató a Cerati de “maestro”–, con caderas asesinas y Ale Sanz en guitarras.  ¿El hit? <i>La tortura</i>, de su álbum Fijación Oral, que se llevó cuatro premios.

Ricky Martin, estrella de la noche: carisma y delirio. Después, alta fiesta en su honor. Shakira –que trató a Cerati de “maestro”–, con caderas asesinas y Ale Sanz en guitarras. ¿El hit? La tortura, de su álbum Fijación Oral, que se llevó cuatro premios.

Susana aprovechó para saludar al italiano Roberto Cavalli, su diseñador fetiche.

Susana aprovechó para saludar al italiano Roberto Cavalli, su diseñador fetiche.

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