«La fiscal liberó a los sospechosos sin terminar de tomarnos declaración» – GENTE Online
 

"La fiscal liberó a los sospechosos sin terminar de tomarnos declaración"

Los Toto nunca habían conocido el infierno hasta el lunes 19 de enero. Los
Toto son una familia común, de clase media, como cientos de miles que viven y
sufren los avatares del país en el conurbano bonaerense. Ellos, en Chilavert,
partido de San Martín. Más precisamente desde que se casaron hace 27 años. En
una zona judicial que abarca cinco partidos vive un millón y medio de
argentinos, y apenas en los primeros 23 días del 2004 se produjeron 1782 delitos
contra la propiedad. Sí, 77 cada 24 horas. Miguel Angel (58) e Isabel (56) son
del barrio "de toda la vida". Cambiaron su casa anterior, a cinco cuadras, por
ésta de Mitre y Sarandí, de dos plantas, sencilla y cuidada, con sólidas rejas
verdes, hace trece. Y allí trabajan, él de ingeniero, ella como ama de casa, y
criaron contra viento y marea a sus tres hijos: Mariano (26), Gustavo (23) e
Ignacio (22).

PASAJEROS DE UNA PESADILLA. Los Toto han engrosado esa tétrica estadística en
cinco oportunidades antes de ésta que nos ocupa. Isabel enumera: "Hace cuatro o
cinco años, dos individuos que asaltaban la casa de enfrente entraron acá, justo
cuando llegaba mi marido. Y es lamentable lo que tengo que decir, pero eran
ladrones, señores. Robaron, sí, pero no nos hicieron nada, ni a nosotros ni a la
otra familia. Hace tres años me llevaron un Renault 12 que había dejado
estacionado en San Martín. Por esa época, en la puerta de casa, asaltaron a mi
marido cuando llegaba con el dinero para pagar el sepelio de mi madre. El año
pasado se lo llevaron hasta una villa en Tres de Febrero, pero le dejaron el
coche. Y el día anterior a este hecho, lo asaltaron a Gustavo en Villa Ballester
mientras esperaba el colectivo. Pero con esta violencia, jamás…"
.

Ese lunes, a las nueve menos cuarto de la noche, los Toto supieron lo que es el
miedo. El miedo en serio, el miedo a morir violentamente en manos de tres
delincuentes que los asaltaron en su propia casa, una pesadilla que contará
Isabel más adelante. Y luego, cuando respiraron al verse vivos, conocieron la
decepción de sentirse indefensos, cuando una decisión de la doctora Fabiana
Ruiz, de la Unidad Fiscal 2 de San Martín, dejó libres a dos sospechosos,
atrapados a metros de la casa no bien terminó el asalto, minutos después de que
Gustavo terminara los trámites de la denuncia en la Comisaría 9º, donde estaban
alojados. Desde la Justicia, obviamente, dieron sus razones a través del vocero
de la Fiscalía General, el doctor Hernán Sosa (ver recuadro), ya que la fiscal
Ruiz decidió esconderse en un silencio absoluto. Para la familia, sus palabras
fueron como una trompada más: "Sosa dijo que nos habían mostrado fotos. En
ningún momento lo hicieron…
", cuenta Isabel. Y agrega su hijo Gustavo, quien fue
a hacer la denuncia: "Tiró argumentos falsos para justificar la mala actuación
de la fiscal…".

Su madre, sentada a su lado en un sillón de algarrobo, concluye: "Cuando escuché
hablar al fiscal sentí que la justicia estaba en contra de nosotros, que no nos
protegía".

El viernes 23, a las 11 de la mañana, la familia debía concurrir a la Unidad
Fiscal para una rueda de reconocimiento. Pero no se produjo. Miguel Angel,
repuesto de los golpes, dice con bronca: "Nos informaron que no debíamos
presentarnos a la fiscalía porque los sospechosos no lo hicieron. Es obvio que
no se presentaron porque son culpables"
. El hombre tiene dudas, además, sobre el
manejo de la fiscal: "Tuvieron falta de responsabilidad en su tarea. Es extraño
que, por el tiempo que pasó entre que llegaron y se fueron de la comisaría,
alrededor de dos horas, hayan podido hacer todo lo que dicen: averiguar
antecedentes, tomar huellas dactilares, fotografías y certificación de
domicilios… Si yo fuera la fiscal, con ese cuadro de gente golpeada brutalmente,
me hubiera comprometido más con el caso. Eso no se hizo…
". Y cuenta algo que
podría sonar increíble en otra sociedad, y lamentablemente no en la nuestra: "Es
más, tenemos conocimiento, a través de nuestro abogado, el doctor David Salomoff,
que las fotos que tenían de los delincuentes se velaron. ¡Cómo puede ser que hoy
en día suceda eso! ¡Cómo puede ser que algo tan importante se maneje con tan
poco cuidado! Es muy extraño. El fiscal Sosa quiere defender lo indefendible.
Liberaron a los sospechosos sin terminar de tomarnos declaración a ninguno de
nosotros, no les importó nada. Yo en ese momento estaba en el Hospital Castex,
adonde me llevó mi hijo por los golpes recibidos, y no se preocuparon en saber
si estaba mal o estaba muerto".

NOCHE DE PERROS. Cuando cuenta la pesadilla del asalto, que duró cerca de 40
minutos, a Isabel le tiembla la voz: "Estábamos despidiendo a unos amigos cuando
desde una medianera vecina, que también tiene una rejita, saltaron dos hombres,
y con una furia terrible nos metieron a los cuatro adentro. Le dieron un
culatazo a mi esposo en la cabeza, y un golpe al otro muchacho. Grité, les grité
que no les pegaran porque este hombre tiene problemas cardíacos. Entonces me
levantaron del brazo, me tiraron a un rincón, me vendaron los ojos, la boca y
las muñecas con una cinta que ellos traían, y me dieron un golpe en la cabeza.
Ahí empezó a gritar que me iba a matar; mi perra empezó a ladrar y también la
querían matar…
".

El calvario recién comenzaba. Isabel toma aire y sigue el relato: "Le volvieron
a pegar a mi marido, aunque les había dado unos 600 pesos que teníamos para
pagar la seña de las vacaciones que íbamos a tomar la semana que viene (por
ésta). Nos pedían más dinero, y en el dormitorio había 200 dólares. Mi marido
llevó a uno para dárselos, y lo que hizo ahí fue descomunal, dieron vuelta todo…
A la media hora entró otro delincuente y dijo:
'Che, hace como media hora que
estamos acá'. Me llevó arriba, y ahí dijo que nos iba a matar, que iba a traer
un balde y cables para hacernos picana, que si llegaban a encontrar algo más nos
mataba
. 'Total', decían, 'estamos jugados, no nos importa nada'. También
gritaban que tenían el dato de que nos habían dado una herencia. Volvieron a
pegarle a mi marido. Y entonces sonó una bocina. Se puede imaginar la angustia
que sentimos…
".

El relato lo continúa su hijo Gustavo, que llegaba con su hermano, en auto, en
ese momento: "Salieron dos de la casa, uno quedó en la puerta con el arma, y el
otro vino hacia mí. Ya la policía estaba en la esquina, porque un vecino les
había avisado, había visto cuando entraban. Mi hermano estaba en el auto y el
tipo lo apuntó, y ahí se dio cuenta de que estaba la policía. Como a mí me
hicieron subir las escaleras, escuché que al entrar gritó:
'La cana, la cana'.
Entonces le abrí una puerta que da a un balcón, y se escaparon por la casa
vecina… Bajé, les avisé a los del Comando de Patrullas, subieron, bajaron y los
empezaron a perseguir… A uno lo agarraron a la vuelta, a los 50 metros. A otro,
a una cuadra más… El otro desapareció
". Los hombres atrapados, cabe aclarar, no
tenían ni armas ni dinero cuando fueron detenidos.

Esa misma noche, en medio de los nervios por la terrible situación, llegaron los
trámites judiciales. Dice Gustavo: "Declaramos, y a los cinco minutos nos dicen
que habían hablado con la fiscal, y que si no tenían pedido de captura los iban
a dejar en libertad. Un par de horas después los soltaron. No tuvimos ninguna
oportunidad de reconocerlos…".

Al día siguiente, cuenta Isabel, los llamó el ministro de Seguridad bonaerense,
Raúl Rivara. Y el miércoles por la tarde les ofrecieron custodia. "Aunque hoy
vivo con mucho miedo, y estoy decepcionada con la Justicia y angustiada porque
no me siento protegida, no quisimos. Esa no es forma de vivir. Nosotros queremos
seguridad. Tenemos derecho a salir a trabajar, a estudiar o a divertirnos con
tranquilidad. Tenemos un gobierno, autoridades, y un sector de esas autoridades
que deben cuidar la seguridad. Bueno, que de una vez por todas, que se pongan a
trabajar en serio".

Isabel Fogón Acuña de Toto y su hijo Gustavo, detrás de las rejas que protegen su casa de Chilavert. A pesar de los cuidados, vivieron un infierno con los delincuentes… y con los fiscales del partido de San Martín.

Isabel Fogón Acuña de Toto y su hijo Gustavo, detrás de las rejas que protegen su casa de Chilavert. A pesar de los cuidados, vivieron un infierno con los delincuentes… y con los fiscales del partido de San Martín.

El matrimonio Toto, un símbolo de lo que le puede ocurrir a cualquiera: una fiscal de San Martín dejó libres a los sospechosos de haberlos asaltado, golpeado y amenazado de muerte.

El matrimonio Toto, un símbolo de lo que le puede ocurrir a cualquiera: una fiscal de San Martín dejó libres a los sospechosos de haberlos asaltado, golpeado y amenazado de muerte.

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