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La cumbre donde todos quieren acercarse a Dios

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En la Tierra, al hombre moderno sólo le quedan dos grandes aventuras: llegar a las cumbres más altas y a lo más profundo de los mares”. (Edmund Hillary, neocelandés, primer vencedor del Everest (1953), el pico más alto del mundo)

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Y en eso, en vencer las cumbres más altas, están las caravanas de nativos, europeos, americanos del Norte y del Sur, y asiáticos, que cada año apuntan con sus ojos al Aconcagua: Mendoza; 6.962 metros; en quechua, centinela de piedra; y el más alto de América, su helado techo. El 14 de enero pasado se cumplieron 111 años del primer ascenso a la codiciada cima. Lo logró el suizo Matthias Zurbriggen. Hoy, aquel solitario andinista se ha multiplicado por muchas veces mil. En 2007 lo intentaron 7.300 audaces, y según vienen los números, a fines de este año romperán la barrera de los 8.000. Pero, desde luego, no todos sueñan con clavar su bandera en la cima.

La legión de visitantes se divide, casi en partes iguales, entre montañistas profesionales y turistas. Los primeros encaran el desafío a full; los otros se apasionan por el trekking, el parapente, el aladeltismo o el esquí extremo. Y todo está previsto en el Parque Provincial Aconcagua: área natural protegida de 71.000 hectáreas, cuya reina es ese pico de dos rutas posibles: la Pared Sur, la más riesgosa, la que más vidas ha cobrado, y la Pared Norte, más benigna. De todos modos, los peligros se han reducido gracias a una sólida infraestructura: hay 28 guardaparques, un helicóptero, patrullas especializadas en rescate por accidentes, servicios médicos en los campos-base y un centro de atención general con 12 personas de guardia. Cinco son los campamentos estables: Pampa de Leñas, a 2.800 metros; Quebrada de Horcones, a 2.850 metros; Confluencia, a 3.300; Plaza Argentina, a 4.200; Plaza de Mulas, a 4.370, y Nido de Cóndores, a 5.400 (Plaza de Leñas y Plaza Argentina forman parte de la Quebrada de Vacas). ¿Precios? Anote, por si le pica el bicho de la gran aventura. Extranjeros, temporada baja (15 al 30 de octubre y 21 de febrero al 31 de marzo), 350 pesos por ascenso total, 150 por tramo largo, 100 por tramo corto y 30 por tramo de un día. Temporada media (1º al 14 de diciembre y 1º al 20 de febrero), 700 pesos por ascenso total, e igual para los otros tramos. Temporada alta (15 de diciembre al 31 de enero), 1.000 pesos por ascenso total, y 200, 150 y 30 para el resto. Pero los argentinos o residentes pagan mucho menos: 100, 200 y 300 pesos por ascenso total según las temporadas, y 40, 70 y 70 (tramo largo), 30, 40 y 40 (tramo corto), y 10 por el tramo del día en cualquiera de las tres temporadas. Subir a la cima exige un permiso especial (tramitado en persona) de la Subsecretaría de Turismo mendocina.

SECRETOS DE MONTAÑA. ¿La pasión (creciente, además) por el Aconcagua, es una moda? Los expertos que consultó GENTE lo niegan de plano. “Las modas suelen ser frívolas”, dicen, “y trepar a una montaña de casi siete mil metros, con todos los riesgos que eso implica, está muy lejos de la frivolidad”. Segunda pregunta: ¿cuál es el abecé imposible de ignorar cuando se acomete la empresa de vencer al gigante? “Primero, comprender profundamente que la montaña es un ser vivo, y mucho más poderoso que cualquier otro. Segundo, que tiene sus propias leyes, y que violarlas puede costar la vida. Tercero, que es, todavía, un mundo incontaminado, y que todos (profesionales y turistas) deben respetar esa pureza, lo mismo que la flora y la fauna del parque, que es un mundo en sí mismo”.

En ese sentido, y ante la gran cantidad de basura que deja la legión de visitantes, “cada persona que sube debe llevar una bolsa de residuos, numerada, y entregarla al salir del parque. Si ya existe incluso basura espacial, ¿qué nos espera si cada expedicionario hace lo que quiere?”, se alarman los cuidadores. En cuanto al placer de hacer cumbre, coinciden: “Es imposible contar lo que se siente. Es, al mismo tiempo, una prueba del coraje humano, y también de su pequeñez ante la naturaleza…”.

En su recorrida, GENTE apuntó un vasto anecdotario. Por ejemplo, la emoción de Juan Herrera, andinista, subiendo al Aconcagua con la bandera de la paz y de los pueblos autóctonos de América. O la hazaña del esloveno Milan Romih, que inauguró una ruta en la Pared Sur y la bautizó La Ruleta Rusa. O el mexicano Lorenzo da Firenze, que venció al Techo de América y completó así catorce ascensos solitarios a otros tantos picos del mundo. O los abuelos franceses Lucien, Pierre y Robert, que vencieron la Pared Sur en 1954… y volvieron medio siglo después a desafiar otra vez al gigante. Para el Libro de Oro: Graciela Popi Spagnoli, de Bahía Blanca, fue la primera mujer que venció al Aconcagua en invierno… Sucedió hace ya dos años y medio, pero se habla de ella y su cruzada como si acabara de bajar de la cumbre. Y por fin, la exacta frase de un veterano guía: “Vea, el andinismo es como el amor: sólo quien lo probó lo sabe…”.

 El pico más grande de América visto desde su famosa Pared Sur: la ruta más difícil y riesgosa. Sólo para profesionales. Aficionados, abstenerse…

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 Un helicóptero recorre todos los campamentos para recoger la basura que dejan los expedicionarios. Misión: evitar la contaminación de uno de los puntos más puros del planeta.

Un helicóptero recorre todos los campamentos para recoger la basura que dejan los expedicionarios. Misión: evitar la contaminación de uno de los puntos más puros del planeta.

 Hace 111 años, el suizo Matthias Zurbriggen, un andinista solitario, venció por primera vez al Aconcagua. Al fin de 2008, unos 8 mil habrán logrado hacer cumbre.

Hace 111 años, el suizo Matthias Zurbriggen, un andinista solitario, venció por primera vez al Aconcagua. Al fin de 2008, unos 8 mil habrán logrado hacer cumbre.

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