La «cocina» de una causa judicial muy turbia – GENTE Online
 

La "cocina" de una causa judicial muy turbia

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Esta mujer marcó un antes y un después en el caso Grassi. Cuando María Amalia Castro, una humilde encargada de la panadería de
la

Fundación Felices los Niños, declaró ante Adrián Flores -el fiscal de la causa que llevó al sacerdote Julio César Grassi a un calabozo-, jamás pensó que su relato desataría el escándalo judicial del año. En su exposición ante la instructora judicial Analía Giménez, la panadera dijo: "Un chico me contó que había visto al padre en la cama con un interno de la fundación", refiriéndose a un episodio vivido en una excursión a El Calafate, Santa Cruz. Pero también agregó que descreía del relato del adolescente, a quien identificaba por su fama de fabulador; y además dejó bien en claro que en los cinco años que lleva en el hogar jamás había visto al cura hacer algo malo con los chicos. La funcionaria le mostró el acta al fiscal, y éste, según palabras de los testigos, habría suprimido los párrafos que favorecían a Grassi. La investigación que descubrió la maniobra estuvo a cargo del doctor Luis Moreno Ocampo, quien se enteró por otra instructora, Andrea Cosentino -amiga de la que recibió el testimoni
o de la empleada de Felices los Niños-, que le confió al prestigioso abogado que Giménez se encontraba desesperada porque se había visto obligada a modificar la declaración de la panadera. "Esto es tan claro como aberrante. El fiscal Flores hizo borrar una parte de los dichos de esta mujer que beneficiaban la situación del padre Grassi. Eso es una barbaridad jurídica", aseguró Moreno Ocampo. Y con su denuncia logró que el fiscal general de Morón, Federico Nieva Woodgate, separara a Adrián Flores de la causa.

En la Fundación, pocos podían creer que Amalia Castro, a la que todos llaman Betty, se hubiera hecho eco de los dichos de un tercero sin haber presenciado los hechos. "Para mí esta señora demostró cierta animosidad contra el padre porque hace un año Grassi echó a su marido, que se desempeñaba en el área de administración del hogar, por haber maltratado a un menor", comentó a GENTE el doctor Miguel Angel Pierri, quien representa a varios jóvenes que fueron mencionados en el expediente como supuestas víctimas del sacerdote. La relación de la panadera con
Felices los Niños se fue deteriorando con el tiempo. Así lo demuestran numerosos llamados de atención que recibió y que terminaron desembocando en una carta documento emitida el 20 de noviembre de 2001: "Habiendo reincidido en incumplimiento en cuanto a tareas de elaboración de los productos producidos por su área, donde se reiteró la elaboración de mercadería húmeda, gomosa y carente de variedad, se le aplica un día de suspensión. El mismo se hará efectivo el 21/11/2001. Se la invita, una vez más, a revertir este tipo de actitudes, previniéndole que de reincidir en este tipo de inconductas se la sancionará con mayor severidad, medida que deseamos evitar". Amalia tomó nota de la queja pero se notificó "en disconformidad. Voy a presentar mi descargo. Considero que este apercibimiento es totalmente injusto", dejó en claro al pie del escrito, mientras pensaba seriamente que lo que buscaban era despedirla. Hoy, después de prestar declaración, denunció haber sido amenazada de muerte. Y dijo
que no se reintegrará al trabajo hasta tanto "las condiciones de garantías estén restablecidas". GENTE intentó dialogar con ella, pero no aceptó la entrevista. Es más, por una disposición de la justicia, Amalia tiene custodia policial y ningún periodista puede acercarse a una distancia menor de cien metros de su domicilio de Villa

Tesei.

María Amalia Castro era la encargada de la panadería de Felices los Niños. Su marido fue echado en 2001 por agredir a un menor. La mujer relató ante la justicia y la tevé una versión que le contó un interno sin haber presenciado los hechos. Y que, además, fue alterada en la fiscalía.

María Amalia Castro era la encargada de la panadería de Felices los Niños. Su marido fue echado en 2001 por agredir a un menor. La mujer relató ante la justicia y la tevé una versión que le contó un interno sin haber presenciado los hechos. Y que, además, fue alterada en la fiscalía.

Una versión sostenía que Grassi viajó con su secretario, Fabián Amarilla, a Atlanta, Estados Unidos. Y que retornaron desde Zurich. Se llegó a especular con la posibilidad de que el padre podría tener una cuenta secreta en Suiza. Los abogados salieron al cruce de esas versiones, y presentaron los pasaportes y boarding pass de ambos con el objetivo de demostrar que no pisaron Europa.

Una versión sostenía que Grassi viajó con su secretario, Fabián Amarilla, a Atlanta, Estados Unidos. Y que retornaron desde Zurich. Se llegó a especular con la posibilidad de que el padre podría tener una cuenta secreta en Suiza. Los abogados salieron al cruce de esas versiones, y presentaron los pasaportes y boarding pass de ambos con el objetivo de demostrar que no pisaron Europa.

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