La banda que llegó del barrio – GENTE Online
 

La banda que llegó del barrio

"Arterias y venas se entrelazan. Se estrangulan, se pelean, se bifurcan.
Poco a poco, el oxígeno se acaba… La yugular se hincha hasta viajarte a las
circunstancias más extremas…
" (Callejeros, año 2001, preámbulo de Presión,
su segundo disco)
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El problema con una banda de rock es cuando se hace grande. Empezás de abajo, en
tu barrio. Seguís, con tu público fiel, y fiel a tus ideales. No te vendés a
nadie. Ni te olvidás del barrio, de tu familia. Llegás al estadio de Obras -la
consagración-, y el culto se vuelve masivo. Hasta que esa bola de nieve se te va
de las manos. A Callejeros, justamente, le pasó todo eso. Y al final, pasó lo
que pasó. Hoy, sus miembros están destruidos de alma, desparramados entre
hospitales y cementerios. Murió su gente, la que estaba abajo, sus fans del
jueves 30 en el piso de República de Cromañón, agitando rocanroles. Y la que
estaba arriba, en el VIP: sus familiares y amigos.

Y el sábado 1º, en Chacarita, Maximiliano Djerfy, guitarrista, sepultó a su
padre Osvaldo, a su tío y su ahijada. Diego Argañaraz, el manager, a su esposa
Romina. Su hermana Paola, en terapia intensiva. El baterista Eduardo Vázquez, a
Dilva, su madre. El líder y cantante, Patricio Santos Fontanet -también afectado
y dado de alta en el mediodía del viernes- sufre por su novia, Mariana, grave,
en la unidad Coronaria del Hospital Francés. Y su madre, Susana, internada tras
el fatídico recital, está fuera de peligro, en el Ramos Mejía. "Pato ya no
quiere cantar
", dijo ella de su hijo, a quien acompañó a la mayoría de sus
shows. "Ellos son chicos de barrio, que apostaron a sus ideales, que la
remaron para llegar en este país destruido, y lo perdieron todo
", cuenta un
pariente de Christian Dios Torrejón, el bajista. La familia y los amigos
estuvieron allí, como siempre lo estuvieron en cada show, partiendo en micros
escolares naranja y blancos, desde la esquina de Barros Pazos y Olavarría, Villa
Celina, partido de La Matanza, a metros de la sala de ensayos de Callejeros.

Y en la noche trágica del 30, cuando cerraron una serie de recitales (los dos
primeros, el martes 28 y el miércoles 29) para repasar los tres álbumes que
editaron, no corrieron frente al horror. Ellos mismos ayudaron a derribar la
puerta de seguridad trabada por un candado, y a sacar cuerpos de entre el humo.
Entonces, muchos vieron llorar a Santos Fontanet, corriendo por Bartolomé Mitre
al 3000, buscando amigos y familia. O a Vázquez, con su madre que se fue, y a
todos los demás que tuvieron que llenarse las manos de tierra este 1º de enero
en Chacarita. El estribillo de Distinto -la única canción que alcanzaron
a entonar en el show del 30-, reza: "A consumirme, a incendiarme, a reír sin
preocuparme
". Presagio cruel.

TODOS LOS FUEGOS EL FUEGO. Callejeros arrancó por 1997, cuando todos
ellos eran adolescentes. Al principio se llamaban Río Verde -como Green River,
una vieja canción de Creedence- y hacían covers de Chuck Berry y los
Stones. Así, amateur y de las raíces, de Villa Celina, donde todavía viven y
donde varios de ellos cursaron la secundaria en el Instituto Sagrado Corazón. El
único que se sumó al grupo original fue Juancho Carbone, el saxofonista, que
llegó desde Viejas Locas.

Hasta que apareció Omar Chabán en sus vidas. Dijo Santos Fontanet: "Una
vez tocamos en Cemento con ocho bandas. Era muy fácil pasar inadvertidos. Pese a
eso Chabán se copó con la banda desde un primer momento y nos hizo tocar como
teloneros de los Ratones Paranoicos y Viejas Locas
". En fin, los hizo jugar
en Primera. Y hasta los eligió para la apertura del "nuevo Cemento", en
la calle Bartolomé Mitre, donde por años funcionó la mítica bailanta El
Reventón
. El 10 de abril de 2004, Callejeros inauguró República de
Cromañón
, frente a unas tres mil personas.
Previo a eso, fueron años de escalada, de telonear a La Renga, a Divididos, de
discos como Sed y Presión. De crear el culto. La pegaron en el nervio mismo del
rock. "Cuando salimos al escenario se crea una magia muy rara -contaba
Pato Santos Fontanet-. Hay un cariño incondicional. Después empieza a
aparecer todo lo demás: banderas, bengalas y seguir a la banda como si fuera un
equipo de fútbol. Es hacerse cargo de un sentimiento. Y eso no lo cambio por
nada
."

Sus seguidores son fieles al extremo, y entre ellos hay dos brigadas. El
Fondo No Fisura
y La Familia Piojosa, se hacen llamar. Si toca
Callejeros, ellos están ahí. Cuenta Diego, de El Fondo No Fisura: "Hacer
una bandera, viajar en micro y llevar bengalas es una forma de gratificar a
Callejeros por lo que nos da espiritualmente.
" Banderas y bengalas, los
emblemas futboleros (muchas banderas de Nueva Chicago), los códigos cruzados.
Aun así, la seguridad de los shows para la banda es cosa crucial, con cacheos de
pies a cabeza, más aún después de un par de incendios que no pasaron a mayores
en recitales de este año. Dijo Eduardo Vázquez, el baterista: "Una banda no
podría sobrevivir sin estar bien organizada, cuidar a tu público con seguridad
que sea buena gente, tratar de prever todo lo bueno y lo malo que pudiera llegar
a pasar…
".

El último año fue un ascenso meteórico, para dejarse bien en claro como la
revelación del rock argentino modelo 2004 (entre otros, así los definió el
suplemento Sí, de Clarín, en su edición del viernes 31 de diciembre). En julio,
dos Obras, llenados en un pestañeo: 10 mil personas. El 18 de diciembre, 14 mil,
en la cancha del club Excursionistas, a pocos metros de Obras, donde Divididos
despedía el año. Y los tres últimos en Cromañón, con más de diez mil. En sus
recitales, no es para nada inusual la colecta de alimentos o útiles escolares, o
shows a beneficio, por ejemplo, de los internos del Borda. "Quiero que el
rock sirva para algo
", dijo el saxofonista, Juancho Carbone.

En ellos hay una clara herencia. La de los Redonditos de Ricota y el Indio
Solari. La estética y la ética, una de intransigencia con los medios, de
autogestión, de independencia. Y la poesía rota, el canto a los suburbios, las
letras crípticas, y hasta hacer figurar como autor de sus temas a Rogelio
Santos, un nombre de fantasía, al igual que los Redondos tenían a Patricio Rey.
Y, por supuesto, la misma respuesta del público, el mismo aguante. Callejeros,
si llegó, llegó por dignidad.
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Eduardo Vázquez llegó el sábado a la Morgue Judicial, por el cuerpo de su madre.
Y habló: "Tenemos mucha culpa en todo esto. El miércoles hablábamos entre
nosotros de que no podíamos seguir actuando de ese modo
(en referencia a la
pirotecnia de sus shows), que nos había costado mucho alcanzar ese nivel de
convocatoria
." Un mea culpa que, por desgracia, llegó tarde. Exactamente
después de 182 muertes, más de 700 heridos, es decir, un tercio del público que
desbordó Cromañón la noche del 30 de diciembre.

Noviembre de 2004. Callejeros en vivo en Córdoba, con banderas y devotos de todo el país para aclamarlos en sus shows siempre efusivos.

Noviembre de 2004. Callejeros en vivo en Córdoba, con banderas y devotos de todo el país para aclamarlos en sus shows siempre efusivos.

Juancho Carbone -saxo-, Maximiliano Djerfy -guitarra-, Patricio Santos Fontanet -voz-, y Eduardo Vázquez -batería-. Los tres últimos perdieron familiares en la tragedia.

Juancho Carbone -saxo-, Maximiliano Djerfy -guitarra-, Patricio Santos Fontanet -voz-, y Eduardo Vázquez -batería-. Los tres últimos perdieron familiares en la tragedia.

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