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¡Juntos!

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Es martes, hay sudestada, el viento y la lluvia azotan las caras, pero a ellas nada las
arredra. A ellas, las novias de Sandro, apeñuscadas desde hace horas contra los portones de los estudios Pampa, en Acassuso, para ver, tocar y oler al ídolo. O imaginar que lo ven, tocan y huelen, porque El hombre de la rosa ya está adentro. Me filtro entre las novias, digo

"Revista GENTE", me abren una mínima portezuela, y cuando la cruzo, tres me gritan a coro:

-¡Papito, llevanos con vos y te damos una luca!

Según corren los tiempos, no es mala oferta. Pero…

EN EL REINO DE SU
El vasto estudio de Susana Giménez suena, una hora antes de la gran explosión, a penumbroso hormiguero. Hay cien o acaso doscientas almas esperando la reunión cumbre. Al fondo, apoyado en el negro piano de cola, Sandro. De smoking. Nos abrazamos. Dispara su primer chiste
("Hermano, ¡otro papelón!") y lo remata con una carcajada franca y de final agudo. El pianista le muestra una partitura:

-¿La ves bien, Roberto?
-¡Qué voy a ver la partitura! ¡No veo ni el piano!

(Aclaración necesaria: nunca hay un Sandro. El profesional lo es hasta más allá del límite: hasta un perfeccionismo extenuante. El privado, hasta donde él permite, y ni un tranco de pollo más allá. El tercero, el humorista (y acaso el más inteligente), el que juega a ser Sandro. El que acabo de contar en dos
trazos
).

Los 30 puntos de rating, los tres millones de almas que consumieron cada palabra, cada gesto y cada silencio, me eximen de contarlo. Otra es mi tarea, más secreta, más detectivesca, más íntima: revelar lo que nadie vio. Sí, vamos a un corte.

El estudio vuelve a sus penumbras, el hormiguero humano retrocede, y Susana y Sandro desaparecen por cinco minutos. Cuando vuelven, son sólo para mí y para las exclusivísimas fotos de
GENTE. El, contra un fondo negro, mira su tenue reloj cuadrado:

-Apurensé, que tengo que devolver el smoking antes de las doce…

Vuelve a rematar con carcajada, se cubre la cara con una mascarilla transparente y aspira un soplo de oxígeno: la conocida historia de sus interminables años de interminables cigarrillos. Susana le pregunta casi gritando:

-¡¿Por qué fumaste tanto?! ¡Por qué!
-Porque el cigarrillo jamás me atacó la voz. ¡Ojalá me la hubiera atacado!

"¡AQUI ESTAMOS!" 
Los dos, cabeza a cabeza, pasan las hojas del libro de GENTE (Sandro -
Un mundo de sensaciones) hasta que se encuentran un poco más allá de la página 50.

Ella lo recibió con un ¡Sandro de América, el más sexy, el más amado, el único!". El se quitó la capa, le puso en las manos una rosa roja, y empezaron…">

Ella lo recibió con un "¡Sandro de América, el más sexy, el más amado, el único!". El se quitó la capa, le puso en las manos una rosa roja, y empezaron…

Durante la exclusiva sesión de fotos para <i>GENTE</i> no pararon de hacer bromas, de recordar la película que filmaron juntos, y hasta Las ensaladas de El hueso perdido": un mítico restaurante de los 70. El la despidió tocando el piano.">

Durante la exclusiva sesión de fotos para GENTE no pararon de hacer bromas, de recordar la película que filmaron juntos, y hasta "Las ensaladas de El hueso perdido": un mítico restaurante de los 70. El la despidió tocando el piano.

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