José Ottavis: “El amor de Dios, el de mi hijo y el de Celia me salvaron de la droga” – GENTE Online
 

José Ottavis: “El amor de Dios, el de mi hijo y el de Celia me salvaron de la droga”

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El altar de Ottavis, repleto de vírgenes y santos. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE
El altar de Ottavis, repleto de vírgenes y santos. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE

"Vivo acá desde que dejé de consumir cocaína: un año, tres meses y un día, hoy viernes 23 de noviembre. La mudanza tuvo que ver con un corte. A Francisco (15), mi hijo, le gustan mucho los perros: tengo siete, y un hurón”, cuenta José Ottavis (38) en su casa de Florida, zona Norte del Conurbano.

Allí, además de despuntar su pasión por la cocina –tenía listos zapallitos rellenos y una tortilla “bien baveuse (jugosa)” para compartir con su hijo y Celia (51), su primera novia después de Vicky Xipolitakis–, tiene una especie de altar en un rincón del living, donde conviven las imágenes de –entre otras– las vírgenes de Luján, del Cerro (que, según él, lo hizo dejar la droga), Guadalupe, Rosa Mística, de los Milagros, Lourdes, Fátima, María Auxiliadora, Garabandal, Inmaculada Concepción, Desatanudos, Montserrat, Aparecida, Medjugorje; los Arcángeles Gabriel (con su lirio), Miguel (con su espada) y Rafael (con su pescado), santos y santas como Rita, Ana, Inés, Lucas, Pablo, Juan, Martín de Porres, Expedito, José, Juan Bautista, el Señor de los Milagros de Salta, y una imagen de Cristo de la que penden varios rosarios.

Hoy, su rutina consiste en ir a La Plata tres veces por semana (es diputado provincial por el bloque que creó, Frente Amplio Justicialista), y dos a su oficina de Capital Federal.

El diputado provincial reza el rosario todas las mañanas. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE
El diputado provincial reza el rosario todas las mañanas. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE

–¿Por qué tu hijo vive con vos y no ve a la mamá?

–Es una decisión judicial de hace poco más de siete años. Por más de cinco no vio a su madre... Yo soy partidario de la revinculación: la intenté, pero él no la desea. Igual, prefiero no hablar de eso. Las razones son públicas y están en Internet.

(Nota: Allí, en un documento llamado De la Verdad, Ottavis cuenta que su ex, Laura Elías –de quien se divorció en 2007– ejerció violencia sobre él y su hijo. En un párrafo explica lo que desencadenó la orden de restricción. Dice textualmente: “Estando suspendido el régimen de visitas de Elías con el menor, Elías se presenta intempestivamente en el colegio del niño y pretende sustraerlo. El menor se asusta, corre a buscar protección detrás de una maestra, Elías termina en un episodio de violencia contra la maestra y luego contra la directora del colegio. En base a ello, la jueza decreta el 9/10/2012 la prohibición de acercamiento de Elías al niño”).

–¿Cómo te llevás con tus ex compañeros de La Cámpora?

–Bien o mal, según el proyecto. Antes me llevaba mal con demasiadas personas, por inmadurez y prejuicios: me fijaba en el partido al que pertenecían. Ahora crecí: lo que me hace llevarme bien con alguien es si su proyecto le mejora la vida a la gente. Ayer, por ejemplo, aprobamos una Ley de Alquileres de mi autoría, que les reduce gastos a los inquilinos.

–¿Hablás con Máximo Kirchner?

–No, desde enero de 2016. ¿El motivo? Una discusión política. Yo era jefe de bloque en la Cámara de Diputados bonaerense y tomé la decisión de repartir los fondos para los diputados que lo integraban en forma equitativa, no discrecional –como se hacía y como me sugirieron–. Entonces renuncié a ese cargo. Y este año me fui del bloque Unidad Ciudadana.

–Vos estás mencionado en la causa de los cuadernos...

–No exactamente. Abal Medina (Juan Manuel, ex jefe de Gabinete) declara y se hace el allanamiento de Larraburu (Martín, ex secretario de aquel), y ahí aparece el pendrive con el consolidado de gastos de campaña. Figuro yo con un millón de pesos.

–Para “campaña sucia”...

–Para “campaña negativa”, para ser precisos. Recibí esa plata de Juan Carlos Mazzón, ya fallecido, del Partido Justicialista. Presenté el recibo y los actos en los cuales gasté ese dinero. El juez Claudio Bonadio dice que Ottavis no participa de la asociación ilícita. Pasó a la esfera de las cuestiones electorales; por sorteo, lo tiene el juez Sergio Torres.

–¿Qué era la campaña negativa?

–No sé... Los gastos fueron ocho actos, sonido, pintadas. Se usó en cinco meses. Para mí siempre fueron fondos del partido. No me los dio Abal Medina.

–¿Ponés las manos en el fuego por Andrés Larroque, Wado de Pedro y Máximo, los dirigentes de La Cámpora?

–A Larroque y a De Pedro los conozco, son honestos. Tenemos diferencias: ellos no admiten haber recibido fondos.

–¿Y por Máximo y Cristina?

–Pienso que todos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. De mi relación personal con Cristina no puedo decir que haya escuchado alguna palabra o indicación sobre un accionar delictivo.

–¿Nunca oíste hablar de bolsos ni de plata?

–No, no. Y tuve mucha intimidad...

–¿Cómo era esa intimidad?

–Electoral, discusiones políticas, a veces acaloradas.

–¿Te maltrataba? Quedó grabada la frase a Parrilli “soy Cristina, pelotudo...”.

–A mí no me maltrató nunca. Además, bueno, si me llama Cristina me doy cuenta: no preguntaría quién es. Medio rara esa conversación. Parrilli debía estaro dormido...

–En el horizonte de 2019 se perfilan Macri y Cristina.

–Falta un año. Para mí, la idea de “Macri o Cristina” es optar entre el fracaso y el pasado. Yo no comparto el “vamos a volver”. Igual, no creo que Cristina sea candidata. Argentina necesita una alternativa política que, si me preguntás qué signo debe tener, es el del amor.

–¿Es cierto que Máximo te sugirió dejar a Vicky Xipolitakis?

–Sí... Me dijo que él tenía la información de que Massa había dicho que me la había mandado. Fue en enero o febrero de 2016, ya había pasado la elección. A Vicky la conocí el 23 de diciembre de 2015.

–¿Le preguntaste a Massa?

–No. Lo conozco a Sergio, somos amigos... No es un político que tenga esas costumbres. Y nunca pensé que me la mandaban. Nos conocimos, nos enamoramos y duró lo que duró. Máximo y Cristina sufrieron, o sufren, de mucha paranoia. Después estaba la creencia de que una novia de las características de Vicky no era compatible con mi pertenencia a la agrupación, lo cual es un prejuicio.

–¿A qué características se refería?

–Eso pregunté, y me dijo “vos sabés, me entendés”. Me pareció una falta de respeto a mí y a ella.

–¿Máximo hablaba por Cristina o por él?

–Por él. No lo especificó. Algunos dirigentes, que aún son parte del entorno de Cristina y por eso no los voy a nombrar, me felicitaban por el noviazgo.

–¿Por eso terminaron con Vicky?

–Eramos incompatibles. Además, yo estaba consumiendo cocaína. Había empezado en agosto de 2015.

–¿Cómo empezaste?

–Por un mal consejo de un médico, un amigo cercano que falleció. Yo tenía problemas para dormir, y me dijo que con la cocaína no iba a tener más sueño.

–¿Consumías delante de Vicky?

–No, ella era una guerrera para que yo dejara. Pero no alcanza con que te lo digan. Además, nunca consumí con nadie, siempre solo.

–¿Cómo la conseguías?

–A través de ese médico. Es más: cuando falleció, que fue al año y medio, decidí curarme.

–¿Cómo hiciste?

–Con terapia. Descubrí por qué tenía conductas autodestructivas desde siempre. Antes había tenido problemas con el alcohol. Yo no era feliz. Hoy pude superar cosas feas que me pasaron en la vida, que me llevaban a la autodestrucción.

–¿Qué cosas?

–De chico sufrí dos abusos sexuales. Uno por parte de un cura, y otro de un familiar.

–¿Cómo fue lo del cura?

–Yo era monaguillo. Hubo una cosa de seducción, de invitación a una experiencia sexual. Cuando me di cuenta, tuve la reacción de decirle “dejá de tocarme la cabeza” y no volví más.

–¿No llegó a consumarlo?

–Es muy difuso. Pero no hubo una penetración.

–¿Qué sacerdote y qué iglesia fue?

–El sacerdote, a quien perdoné, ya falleció. La iglesia es la que está frente a donde estaba la embajada de Israel (se refiere a Madre Admirable, en la calle Arroyo al 900). Pero dejame destacar algo: creo que el papa Francisco lleva adelante una gran lucha contra la pedofilia.

–¿Y tu familiar?

–Era cercano, pero tampoco por eso lo odio. Fue un intento si querés... Algo gris, que no llegó a una violación.

–¿Qué edad tenías?

–Con el cura unos seis o siete años, y con mi familiar unos nueve.

–¿A este último lo seguiste viendo?

–Sí. También murió.

–¿Se lo contaste a tus padres?

–No. Con el religioso fue obvio: de ir todos los días a misa no quise ir más. Después lo pude perdonar.

–Pero te dejó huellas.

–Sí. Aunque durante mucho tiempo no me acordé, surgieron en la terapia. Descubrí que estaba siempre triste por algo y no sabía qué era. La opción que elegí, equivocada, fue complicarme aún más la vida para tapar aquello. Eso fue la cocaína. Y cuando estaba terminando la terapia, hace tres años, se cruzó Dios en mi vida.

–¿De qué manera se manifestó?

–A través de un libro llamado El regreso del hijo pródigo, del religioso holandés Henri Nouwen, a quien inspira el cuadro de ese nombre que pintó Rembrandt. Ahí vi que lo psicológico estaba cerrado, pero que lo único que me haría dejar la droga era Dios. Y empecé una búsqueda religiosa. Descubrí que había olvidado que soy hijo de Dios y que él me ama. Y que cada vez que sufrí estuvo a mi lado y me salvó. En esta búsqueda también comencé a rezar el rosario. Empecé a creer desde el corazón.

–¿Cómo fue?

–Fui a Salta junto a Celia, quien hoy es mi pareja. Fue una experiencia muy fuerte. Empecé a rezar el rosario, a algunos santos y a los arcángeles. Con toda la fuerza de mi alma le pedía a Dios “que hoy sea un día en que tome menos que ayer, y que no me muera”, porque la droga te lleva a la muerte, no hay otra. Hoy lo rezo todos los días. Me levanto, me arrodillo frente al altarcito que tengo en casa, bendigo el día y pido no drogarme. Soy científico en esto: recé seis meses el rosario y desde el 21 de agosto del año pasado no me drogué más.

–¿Cómo y cuándo conociste a Celia?

–Ella es de un pueblo en el que viví cuando era adolescente, Monte Caseros, en Corrientes. Teníamos conocidos en común. Cuando viajamos a Salta, hace tres años, era una amiga, porque en pareja estamos hace dos meses. El amor de Dios, el de mi hijo y el de Celia me salvaron de la droga. Ella me acompaña mucho a rezar.

–Celia tiene trece años más que vos. ¿Cómo lo llevan?

–Con amor. Es la primera vez en mi vida que tengo una historia de amor donde hay paz. Y también alegría, diversión y felicidad. El salir de la droga me sacó de todo lo que me hacía mal. Me siento amado y estoy enamorado. No soy infiel y siento que dejé los prejuicios y el egoísmo. Soy muy feliz. n

por Hugo Martin
fotos: Fabián Mattiazzi

Ottavis con Celia, en la cocina, territorio de él. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE
Ottavis con Celia, en la cocina, territorio de él. Foto: Fabián Mattiazzi/GENTE

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