Hace dos meses, todos lloramos a estos chicos… Hoy sus padres luchan para que esta tragedia no ocurra más – GENTE Online
 

Hace dos meses, todos lloramos a estos chicos... Hoy sus padres luchan para que esta tragedia no ocurra más

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Seguimos el ejemplo de nuestros hijos. Nosotros también queremos llevar un mensaje de esperanza. Y, sobre todo, buscamos que cambien las faltas de controles que nos arrancaron a nuestros chicos…”. Karina Luna tiembla en cuerpo y voz mientras recuerda la frase que Justine Hartman, su hija de 16 años, llevaba como emblema junto a sus compañeros de la Escuela Ecos, de Villa Crespo, que todos los años hacían un viaje solidario al paraje El Paraisal, en el Chaco, para llevar su trabajo solidario: “Sabernos juntos nos hace fuertes”. Ya se sabe lo que sucedió: el 8 de octubre, hace dos meses y medio, a la altura de Margarita, al norte de Santa Fe, sobre la ruta 11, nueve de esos chicos y una maestra murieron después de que un camión (cuyo conductor, Angel Soto, también fallecido y que según la autopsia tenía un alto porcentaje de alcohol en la sangre) arrasó con el micro de dos pisos en el que regresaban a Buenos Aires. Pero Karina, y el resto de los padres de la escuela, antes que llorar en soledad, se juntaron, se calzaron unos chalecos con la inscripción “Conduciendo a conciencia” y hoy recorren las avenidas porteñas y eventos con un petitorio: un proyecto de seguridad vial que contempla eficientes controles de alcoholemia y cumplimiento estricto de horas de descanso para choferes de micros y camiones. Buscan llegar al millón de firmas para exigir que sus demandas se transformen en un decreto presidencial. Sin embargo, el presidente Néstor Kirchner aún no los recibió.

DRAMA REPETIDO. Lo que ocurrió con sus hijos, huelga aclarar, no fue una excepción: según la Asociación Civil Luchemos por la Vida, de enero a noviembre de 2006 se produjeron 6.636 muertes en accidentes de tránsito. Y diciembre no fue un descanso para las estadísticas: las páginas se tiñeron de rojo contando tragedias en las rutas. Sólo en el feriado del 8 de diciembre hubo 15 muertos. Tremendo. Y la luz roja debería ser cada vez más potente: la Organización Mundial de la Salud estima que para el 2020 las muertes por accidentes de tránsito serán la tercera causa de demanda de salud, detrás de las enfermedades coronarias y la depresión.

Lucila de la Serna recuerda a cada segundo a Benjamín, su hijo, que hubiera cumplido 17 años un mes después del accidente de Margarita. Y lo hace mientras se mueve entre autos y motos pidiendo que firmen el petitorio. “Nos juntamos a los 15 días y decidimos actuar”, cuenta. Alba Sáenz, mamá de Federico Ecker, agrega: “Lo importante es que pudimos hacer algo positivo con nuestro dolor”. Allí, en la esquina de Avenida del Libertador y Callao, también están Mario Giataganellis y Marcela Basso, los papás de Julieta, de 16, también recolectan firmas. “Estamos formando una nueva familia. No nos conocíamos antes de la tragedia. Nos juntamos un día sin saber con quiénes nos íbamos a encontrar. Entre nosotros nos entendemos, nos bancamos, nos aguantamos los malos humores y las broncas. Todos los jueves nos juntamos para trabajar, pero también para hablar de lo que nos pasa, para llorar y abrazarnos”, cuenta. El hombre viajó al Chaco luego de la tragedia, porque “quería conocer la escuelita de El Paraisal, respirar lo último que vivió mi hija, conocer a la gente que estuvo con ella en sus tres últimos días de vida. Y conmigo viajó mi hijo Agustín, para hacer un trabajo fotográfico. Con las maestras del lugar plantamos un árbol por cada uno de los chicos: mandarinas por las nenas, pomelos por los varones y un naranjo por Mariana, la profesora. Hace poco estuvieron otros papás, y contaron que están brotando… Pero no hay alivio posible para nuestro dolor. De alguna manera, esto que hacemos es tratar de sostener la memoria de nuestros hijos, para que sus muertes no hayan sido en vano”.

Los padres están apurados, porque viene el verano, y se sabe, es la época donde más accidentes se producen. “Pedimos el control de alcoholemia en peajes, que se controle el descanso de choferes, que no se venda alcohol en las rutas. Y que, a largo plazo, se construyan más autopistas de dos manos. O un mapa de riesgo para que se conozca cuáles son las rutas más peligrosas y llevar un control de los antecedentes de cada chofer en un registro único. Hay mucho para hacer”, cuenta Mario.

Lucila agrega que “nos reunimos con el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, y le solicitamos las evaluaciones de seguridad que tienen sobre los micros de doble piso; con el ministro de Educación, Daniel Filmus, para ver qué hace; y con el ministro del Interior, Aníbal Fernández, que nos dijo que están tomando medidas. Los primeros días de diciembre debíamos reunirnos nuevamente, pero…

–¿Qué ocurrió?
–La reunión no se hizo. Espero que de aquí a fin de año nos reciban.

Por lo pronto, y a partir de la irrupción de los padres de los chicos de la escuela Ecos –pero demasiado tarde, claro– la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) hizo más intensivos los controles de choferes de ómnibus y camiones en la Terminal de Retiro y la Autopista Rosario-Buenos Aires. Guido González, director de Inspección General del Ministerio de Trabajo, señaló: “Detectamos exceso en la jornada laboral y descanso insuficiente en el 90 por ciento de los viajes de más de mil kilómetros”. Y el doctor Daniel Pérez Chada, del Hospital Universitario Austral, aportó más datos: “En una encuesta realizada sobre 770 conductores de larga distancia en la ciudad de Buenos Aires, el 44 por ciento refirió sueño frecuente o muy frecuente mientras conducía, y el 45 por ciento añadió haber estado ‘cerca de o sufrido un accidente’ por somnolencia. Y el 73 por ciento dijo que, aún así, no reducía su velocidad”.

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Ni el calor ni las horas detienen a los padres. En sus pecheras, el nombre de sus hijos los impulsan a seguir. Lucila de la Serna muestra, otra vez, la foto de Benjamín, y dice: “Si logramos disminuir aunque sea en una la cantidad de víctimas, entonces logramos algo”. Lo hacen por la memoria de los 9 chicos y la maestra que murieron al norte de Santa Fe el 8 de octubre. Pero también, por todos nosotros.

Así quedó el micro de dos pisos embestido por el camión conducido por Angel Soto, que tenía 28 años y –según la autopsia– demasiado alcohol en la sangre. Allí murieron otras 11 personas: nueve alumnos, una maestra y el acompañante del chofer del camión.

Así quedó el micro de dos pisos embestido por el camión conducido por Angel Soto, que tenía 28 años y –según la autopsia– demasiado alcohol en la sangre. Allí murieron otras 11 personas: nueve alumnos, una maestra y el acompañante del chofer del camión.

 A pesar del dolor, iniciaron una campaña de prevención vial y, en las calles porteñas, hacen firmar un petitorio para que en las rutas se haga más intenso el control de alcoholemia y el cumplimiento de las horas de descanso para los choferes de micros y camiones.

A pesar del dolor, iniciaron una campaña de prevención vial y, en las calles porteñas, hacen firmar un petitorio para que en las rutas se haga más intenso el control de alcoholemia y el cumplimiento de las horas de descanso para los choferes de micros y camiones.

 Mario Gataganellis, el papá de Julieta, viajó a la escuela de El Paraisal, en el Chaco, al mes y medio del accidente.

Mario Gataganellis, el papá de Julieta, viajó a la escuela de El Paraisal, en el Chaco, al mes y medio del accidente.

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