Hace diez años soñaban con construir esta avioneta… – GENTE Online
 

Hace diez años soñaban con construir esta avioneta...

Buenos Aires, Argentina. Abril de 1986. Un nene de 7 años trepa el alambrado
que cerca el Aeropuerto Internacional de Ezeiza.Pá, ¿qué avión es
ese?
”, pregunta cada tanto. “Un Boeing 737”, contesta el hombre,
mecánico de toda la vida y con básicos conocimientos de aeronáutica. “¿El de
allá?
”, el dedo señala incansable. “Es un MD83”... “¿Y ese otro?”.
La curiosidad de Matías Kopelmann no parece agotarse. “Ese sí que no sé,
hijo…
” Ese mismo año, en su casa de Temperley, rodeado de una infinidad de
revistas de aeromodelismo, otro Matías de la misma edad se las ingenia con un
avioncito de madera balsa. Pega paciente las piezas. Las pinta con tintas que
vienen en frasquitos deliciosos –rojo, plateado, blanco–. Entrecierra los ojos,
se imagina piloteando uno de esos, y piensa: “Comandante Olivieri, no suena
nada mal…
” Matías Olivieri y Matías Kopelmann se conocerían diez años
después en un aula de la Escuela Técnica Nº 7 de Quilmes. Empezarían
compartiendo viajes en el colectivo de la línea 278, vacaciones de mochileros
por la Patagonia, la pasión por la pesca, el aeromodelismo y un sueño en
común: recibirse de ingenieros aeronáuticos para, algún día, hacer volar una
nave de verdad.

TOULOUSE, FRANCIA. 27 de abril de 2005. Más de tres mil personas
asisten a la escena: un avión con la inscripción “A380” toma velocidad
sobre las pistas de Airbus, levanta la nariz, casi tímido despega. Por
fin vuela. Lo hace tan alto que, ya encima de los Pirineos, parecerá apenas una
mancha en el cielo. Pero el A380 es mucho más que eso. Es el avión
comercial más grande de la historia. Sus imposibles medidas –73 metros de largo,
24 de alto y 79 de ancho– superan por lejos las de sus antecesores, el A340
y el Boeig 747. Toda la exuberancia que el hombre fue capaz de imaginar
desde el aeroplano de los hermanos Wright –en 1903– a la fecha, está allí.
Detrás de esta historia, la de los dos Matías. Los pibes que se pasaron las
horas de su infancia construyendo sueños en madera balsa, hoy, con apenas 26
años, son los diseñadores de la nave más fantástica del planeta: dos pisos,
ascensor, casino, freeshop, restó, bar, gimnasio, comodidades para 840
pasajeros y camarotes de lujo con ducha incluida para los que viajen en
primerísima clase. Un coloso que llevó cuatro años de dedicación, una inversión
de 10.700 millones de euros y que volará comercialmente en el 2006. Ahora, los
dos pilotean la charla con GENTE desde Hamburgo. Están en las oficinas de
Future Engineering
, la empresa subcontratista de Airbus, que
intervino junto a otras de Francia, España e Inglaterra en la construcción del
gigante que hoy ven volar.

 Kopelmann: Nunca imaginamos que podíamos llegar tan lejos. Pensá
que yo laburaba en el Parque de la Ciudad, era operador de juegos. Y
Matías tenía una pasantía en Techínt. Los dos deseábamos ser ingenieros
aeronáuticos y ninguno podía trabajar en lo suyo. En tercer año de Ingeniería
en La Plata, nos dimos cuenta de que no teníamos mucho campo en el país. Pero
los dos teníamos una ventaja: la ciudadanía alemana.

¿Quién voló primero?
Olivieri: Yo, pero no dejé la Argentina.en busca del éxito, sino para
escapar de la inseguridad. En el 2003 mi mujer Aldana y mi hija Sofía quedaron
en medio de un tiroteo en el que murió un vecino. Al día siguiente, compré los
pasajes. Igual no fue fácil: nos instalamos en Schmelz, un pueblo en el sur de
Alemania, y mientras buscaba laburo, conseguí una pensión del gobierno a cambio
de barrer calles y reparar alambrados. Un día me llamaron del Ministerio de
Trabajo
para decirme que una empresa estaba interesada en mí. Cuando fui a
la entrevista y vi los carteles de Airbus, no lo podía creer. Ahí supe
del fabuloso A380. Y antes del año, fui nombrado Jefe de Proyecto.

Kopelmann: Y me dejó solo después de siete años... Éramos muy pegotes,
él igual llamaba casi todos los días: “Dale, venite que acá te ponés a
estudiar alemán y después te presento en la empresa
”, me decía. Tardé un
poco en armar las valijas, me daba miedo dejar la Argentina. Pero tanto
insistió, que el vuelo Ezeiza-Hamburgo fue el primero de mi vida. No lo olvido
más: junio de 2004. Llegué con mi título de Ingeniero Aeronáutico, un
inglés pobre y un alemán prácticamente nulo. En octubre entré en Airbus y
a trabajar bajo las órdenes de mi mejor amigo: el hombre más capaz que conozco,
el mejor promedio de Ingeniería en la facultad de La Plata, un
tipazo.

–¿Cuál fue su participación en la construcción del A380?
Olivieri: Nos encargamos del armado de todos los sistemas mecánicos del
piso superior del avión: aire, combustible, agua y oxígeno, entre otros.
Después, los mandamos a ensamblar a Francia.
Kopelmann: Es que en este proyecto participaron cuatro potencias:
Inglaterra, España, Francia y Alemania.

–Bueno, y nuestros profesionales pusieron lo suyo…
Olvieri: (risas) Sí, y no somos los únicos. Hace poco tuvimos un alegrón:
al equipo se sumó otro argentino. Es Arturo Fangauf, un cordobés de 33 años que
llevaba doce viviendo acá. El estudió Mecánica, Electricidad e Ingeniería en
Máquinas de Herramientas, y fue un gran aporte para nosotros. Nos conocimos en
un partido de fútbol y nos hicimos muy amigos de él y de Evelyn, su mujer. Es
más, junto con el vuelo de bautismo del A380 nació Melani, su primera
hija.

–La Argentina los capacitó para ser los mejores, ¿qué se siente tener que
irse para aplicar sus conocimientos?

Olivieri: Mucha frustración. En nuestro país, a lo máximo que podríamos
haber aspirado es a hacer el mantenimiento de alguna línea aérea. Es una
lástima, porque la Universidad de La Plata, donde nos recibimos, está
llena de chicos capaces. Yo fui para allá a fines de 2004 para visitar a mi
familia y aproveché para dar una charla a los chicos de Ingeniería
Aeronáutica
. A dos de ellos, ya les tengo el puesto asegurado en la
compañía.

–¿Qué es lo más sorprendente de esta nave?
Kopelmann: Todo, en absoluto. Hasta ahora no hay nada igual. Alcanza una
velocidad crucero de 900 kilómetros por hora, puede volar 15 mil kilómetros sin
hacer escalas y tiene un peso de 560 toneladas. Eso se ve, se siente. Pero
nosotros que lo conocemos por dentro, te podemos contar también que lleva, por
ejemplo, 840 kilómetros de cables. Además, claro, es de un lujo jamás visto.

–¿Cómo fue verlo despegar?
Olivieri: No pudimos viajar a Francia, pero lo vimos en vivo y en directo
a través de una pantalla gigante que teníamos en la empresa… Nada, estaban todos
como locos: gritaban, aplaudían, se abrazaban, algunos hasta lagrimearon.
Nosotros… y, somos argentinos.

–¿Eso qué quiere decir?
Olivieri: Primero, nos reímos de los nervios. Después, empezamos a
bromear: “A que se cae…
Kopelmann: (ríe) “A que termina como el Titanic
Olivieri:Te acordaste de conectar todo, ¿no…?” Jodíamos con esas
cosas. Pero todo salió de diez.

–¿Qué recuerdos les quedan del LC1 Pipper, la primera nave que
construyeron en sus épocas de estudiantes?

Kopelmann: Las mejores, ese fue nuestro primer desafío. Habían terminado
las clases de la secundaria en la escuela de aeronáutica de Quilmes y nosotros
seguíamos yendo al taller para terminar el avión. Nunca lo llegamos a volar.
Pero nos contaron que todavía está allá.
Olivieri: Pensar que, en aquel entonces, creíamos haber tocado el cielo
con las manos. Jamás imaginamos que podíamos volar más alto.

Estaban tan entusiasmados con el trabajo que sólo aceptaron cortar para
las fiestas de fin de año
” –recuerda hoy el profesor Jorge Juárez, 46 años,
media vida enseñando en la secundaria. “Para mi cumpleaños, el 23 de
diciembre de 1996, me trajeron una torta. Hicimos un recreo para brindar y
seguimos con el avión. El Pipper quedó listo a los pocos meses, y los Matías

–junto a otros compañeros– hasta salieron en el diario.” “Chicos que
arman un avión
”, tituló Clarín aquel 27 de julio de 1997. Kopelmann y
Olivieri habían dado su primer gran paso.

Matías Olivieri y Matías Kopelmann a bordo de su LC1 Pipper, la modesta nave que terminaron de construir a los 17 años en el taller de aeronáutica de Quilmes, y nunca llegaron a volar.

Matías Olivieri y Matías Kopelmann a bordo de su LC1 Pipper, la modesta nave que terminaron de construir a los 17 años en el taller de aeronáutica de Quilmes, y nunca llegaron a volar.

El orgullo argentino Una década después, Olivieri y Kopelmann, con el sueño 
cumplido: con apenas 26 años, participaron del diseño del <i>A380</i> de <i><br />
Airbus</i>; la nave europea más fantástica del mundo. Dos pisos, ascensor,<br />
casino, <i>freeshop</i>, restó, bar y comodidades para 840 pasajeros. Un coloso<br />
de 10.700 millones de euros.

El orgullo argentino Una década después, Olivieri y Kopelmann, con el sueño
cumplido: con apenas 26 años, participaron del diseño del A380 de
Airbus
; la nave europea más fantástica del mundo. Dos pisos, ascensor,
casino, freeshop, restó, bar y comodidades para 840 pasajeros. Un coloso
de 10.700 millones de euros.

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