Hace 35 años, Diego soñaba con ser campeón del mundo… – GENTE Online
 

Hace 35 años, Diego soñaba con ser campeón del mundo...

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Cómo viven los chicos en Fiorito hoy? Mirá: te lo voy a hacer bien gráfico. Cuando llegan al colegio les damos el desayuno. Antes no se les puede enseñar nada, porque en lo único que piensan es en llenar su pancita. Ellos almuerzan al mediodía, se van a sus casas y no comen nada hasta que vuelven a la fundación. Muchos están desnutridos y, en algunos casos, nos cuentan que cuando tienen hambre cazan ratas y se las comen…”. (Marcela Val, vicepresidenta de la fundación Che Pibe)

Es difícil hacer esta nota y no emocionarse hasta las lágrimas. También es imperdonable no quedarse unos minutos pensando, intentado buscar algún responsable, una solución posible. Solución que debe ser urgente, que no puede esperar un segundo más. Porque en la Argentina, el país de las vacas y el trigo, “el granero del mundo”, a tan sólo cinco minutos de la Capital Federal, en Villa Fiorito, nuestros chicos pasan hambre. Sólo basta con ir a un colegio y hablar con algún maestro de jardín de infantes o de primaria para palpar una realidad que golpea, y duro: “En algunos casos se hace imposible enseñarles algo porque, como no fueron bien alimentados en los primeros años de vida, sus posibilidades mentales de aprendizaje y de concentración son seis veces menores que las de un chico normal”, confiesan con crudeza hombres y mujeres de guardapolvos gastados, que intentan que alguien los escuche.

Y esta nota, que surgió luego de que Diego Maradona invitara a su programa –lunes 26 de setiembre, séptima emisión de La Noche del 10– a veinticuatro chicos de Villa Fiorito para regalarles una cancha de fútbol (con césped natural, luces y tribunas), tiene como objetivo comparar la manera en que viven hoy esos chicos con las vivencias de aquel Pelusa de Fiorito que pudo vencer esa realidad y conquistar el mundo a fuerza de gambetas y goles. Lea y saque sus propias conclusiones.

Palabra de Cebollita. “Yo, de chico, soñaba con comer y, la verdad, gracias a mi viejo nunca me faltó un plato de comida en la mesa. Por eso tenía buenas piernas, podía aguantar las patadas y marcar diferencia con los otros chicos”, es la confesión que Diego le hizo a GENTE en su edición 40 aniversario y en su libro Yo soy el Diego de la gente. Un dato para nada menor, porque marca que hace cuarenta años, en las mismas casas de madera y ladrillos sapo, con techos de chapa y pisos de tierra, se vivía con humildad pero rara vez faltaba el plato de comida en la mesa. Hoy la cosa empeoró: “Acá les damos de comer a más de cincuenta chicos por día, pero la mayoría no tiene ni el peso ni la altura de acuerdo a su edad. Son flaquitos y petisos, algo que venimos notando hace unos años. El problema es que no crecen bien, porque no comen”, comenta Juana, la encargada del comedor comunitario Construyendo, ubicado en el asentamiento 1º de Octubre, donde viven unas 500 familias. Allí, cuatro décadas atrás, estaba la cancha de Estrella Roja, el potrero de tierra que fue testigo de los primeros destellos de Maradona.

La zona roja de la pobreza. Geográficamente, Villa Fiorito está ubicado al sur del Gran Buenos Aires –en el partido de Lomas de Zamora– y está considerado el lugar más pobre del Conurbano. Aunque los datos no son del todo precisos, se calcula que son 12 mil las familias que construyeron sus casas en la franja conocida como Cuenca del Matanza. Desde el punto de vista ambiental, el lugar se encuentra en lo que se denomina zona roja, ya que el brazo del Riachuelo que atraviesa sus calles “es el más contaminado de los tres tramos en que se divide. Ahí se acumulan los residuos industriales sin tratar y las aguas servidas”, según señala un informe de la Secretaría de Medio Ambiente de la provincia.

De las 60 mil personas que viven en Villa Fiorito, la mitad son menores de edad. Pero como el 70 por ciento de los jefes de familia están desocupados, la mayoría de los chicos salen a juntar cartones por las noches: “Casi todos lo hacemos –cuenta Paola, 37 años, mamá de Cristian, de 11, que durante el día colabora en la Casa del Niño de la fundación Che Pibe–, porque la mayoría somos desocupados. Para salir a cartonear nos juntamos en las esquinas a las cinco de la tarde. Por ahí pasan los camiones que nos cobran cinco pesos por llevarnos. En Capital, mi parada está en Arenales y Uruguay. La mayoría de las veces voy con mi hijo, porque no tengo con quién dejarlo. A las dos y media de la mañana nos volvemos para casa. Cenamos en la calle lo que nos va dando la gente. Muchos ya nos conocen y nos acercan una bolsita con yogur o algunas frutas. Durante el día, en casa, clasificamos y juntamos el papel, las botellas y el plástico, y el sábado nos levantamos a las cinco para venderlo. Ganamos unos 70 pesos por semana, que apenas nos alcanzan para pagar los impuestos y comprar algo de comida”.

Una realidad muy diferente a la que recuerda Maradona de su niñez: “Mi viejo se rompía el lomo todos los días en la molienda Tritmol. Trabajaba desde las cuatro de la mañana hasta las tres de la tarde. Con lo que ganaba nos daba de comer, nos compraba la ropa y me daba la plata para que yo pudiera ir a entrenar”. Hoy, siete de cada diez padres de Fiorito no consiguen trabajo, y este panorama genera un nuevo problema: “Los chicos no se crían en la cultura del trabajo, porque no están acostumbrados a ver que su papá se levanta a las siete de la mañana para ir a trabajar. Lo que tienen como ejemplo es salir a cartonear y, en los peores casos, a robar. De ahí a crecer, agarrar un arma y tratar de subsistir como puedan, hay un paso…”, explica con preocupación Liliana, quien realiza asistencia social por el barrio.

El hambre es un crimen”. Fue la leyenda que lucieron en sus remeras los veinticuatro chicos que fueron al programa de Diego. Ahora se juntan en la canchita de fútbol de la fundación y muestran orgullosos una bandera de 15 metros de largo con la misma frase. Sergio Val, el presidente de Che Pibe, que todos los días trabaja más de 14 horas para tratar de cambiar esta situación y llevar un mensaje esperanzador a estos chicos, dice: “Los gobernantes tienen que tomar conciencia de que la infancia es el principal recurso natural no renovable de nuestro país. Y acá, en Villa Fiorito, la están destrozando. Nosotros empezamos con esta fundación porque hicimos un relevamiento escolar y nos dimos cuenta de que el 95 por ciento de los chicos que repetían primer grado no habían hecho el jardín de infantes. Entraban a la escuela y no sabían ni los colores. En cambio saben muy bien qué es el plomo, el aluminio y el cobre, porque desde los 4 años trabajan clasificando papel y metales, pero nada más. Acá arrancamos con un jardín en 1987 y hoy cobijamos a más de 500 chicos en las siguientes actividades: las escuelas de panadería, de gastronomía, de danza y de fútbol, la biblioteca popular, el hogar de los chicos y la Casa de los Jóvenes. Para empezar, les damos de comer a todos, y a los más grandes les brindamos apoyo escolar. También, a partir del año 2000, comenzamos a marchar con Los Chicos del Pueblo –un grupo de ONGs– y pudimos instalar otra forma de medir la pobreza. Logramos que se entienda que existe una desigualdad gigante en la manera de repartir la riqueza. La información oficial del INDEC nos dice que los más pobres obtienen el 1,3 por ciento de los ingresos, mientras la franja más rica de la sociedad se apropia del 36,6 por ciento. Eso es algo que debería cambiar de manera urgente”.
 

Al igual que Sergio Val, cientos de personas en Fiorito trabajan de sol a sol para llevar una luz de esperanza a nuestros chicos que, a cinco minutos de Puente La Noria, sueñan con poder comer todos los días. Ojalá el Estado ejerza su función. Ojalá los gobernantes y los políticos, pongan el mismo esfuerzo que ponen en sus luchas internas para cambiar esta cruda realidad. Y que la posibilidad de estos chicos para gambetear la pobreza no dependa de jugar tan bien al fútbol como aquel pibe que se llamaba… ¿cómo era? Ah, sí, un tal Diego.

Doce años y la vista puesta en la pelota en un clásico entre Argentinos Juniors y Huracán. El nacimiento del Diego de Fiorito, que a fuerza de gambetas y goles conquistó el mundo.

Doce años y la vista puesta en la pelota en un clásico entre Argentinos Juniors y Huracán. El nacimiento del Diego de Fiorito, que a fuerza de gambetas y goles conquistó el mundo.

La leyenda estampada en sus remeras lo dice todo. ¡Es un grito, un reclamo! Así ataviados aparecieron los chicos de Fiorito en <i>La Noche del 10</i>. Además, ya marcharon tres veces a Plaza de Mayo pidiendo por sus derechos. Con sus protestas consiguieron que les equiparan la panadería para la fundación <i>Che Pibe</i>.

La leyenda estampada en sus remeras lo dice todo. ¡Es un grito, un reclamo! Así ataviados aparecieron los chicos de Fiorito en La Noche del 10. Además, ya marcharon tres veces a Plaza de Mayo pidiendo por sus derechos. Con sus protestas consiguieron que les equiparan la panadería para la fundación Che Pibe.

La casa de Maradona hace unos años, cuando todavía la cuidaba Doña Tota.

La casa de Maradona hace unos años, cuando todavía la cuidaba Doña Tota.

En esa misma casa hoy vive Mary junto a su familia. Todos trabajan de cartoneros,  y usan el patio para amontonar la “cosecha” diaria. Si alguien  desea conocer y fotografiar la que fue la casa de Diego, cobran entrada.

En esa misma casa hoy vive Mary junto a su familia. Todos trabajan de cartoneros, y usan el patio para amontonar la “cosecha” diaria. Si alguien desea conocer y fotografiar la que fue la casa de Diego, cobran entrada.

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