«Gracias al amor de todos, estos chicos van a tener un futuro mejor» – GENTE Online
 

"Gracias al amor de todos, estos chicos van a tener un futuro mejor"

"Muchas veces basta una palabra, una mirada o un gesto para llenar el corazón de un niño". (Madre Teresa de Calcuta)

"En diciembre de 1999 recibí un llamado telefónico de un señor que decía ser Carlos Bianchi. Me contó que tenía ganas de hacer algo por los chicos, y que me había elegido a mí para que lo concretara. Pensé que era una cargada de alguien de Buenos Aires, porque yo… ¡soy de River! Pero después, cuando me di cuenta de que era verdad, apenas pude creerlo. Esa noche no pegué un ojo. El sueño de toda mi vida, como un milagro, empezaba a hacerse
carne…
".

Las manos de la hermana Theresa Varela (62) parecen de piedra. Palmas secas y curtidas por el sol y duros callos sembrados en sus dedos ahorran palabras y lo explican todo: su vida fue, es y será trabajar, trabajar, trabajar. Y en su caso, siempre al lado de los más pobres. Pero sobre todo, de los chicos. Porque, dice,
"cuando empecé a recorrer los barrios humildes tomé conciencia de que los chicos son los que más sufren las durísimas condiciones sociales. Muchos, muchísimos, no comen, no tienen ropa, no pueden ir a la escuela. Son los marginados de la Tierra. Y por eso, y por ellos, lucho todos los días. Para integrarlos a una sociedad que por un lado crece y crece, y por otro lado hunde a millones de sus
hermanos
". 

Theresa nació el 3 de octubre de 1940 en Cabo Verde, Africa. Es la quinta de una familia de trece hijos, llegó por primera vez a la Argentina en 1971, doce años después se fue al Brasil, y en 1991 desembarcó otra vez aquí, echó fuertes raíces y -en silencio, sin marketing- se convirtió en un emblema.
"Siento que todo esto es obra de Dios. Porque primero me marcó el camino y me trajo hasta aquí, y después me puso en la cabeza la idea de formar una aldea donde los chicos pudieran vivir, estudiar y aprender un oficio: la mejor manera de enfrentar a un mundo que les fue tan adverso… Al principio muchos
se reían y me decían que mi proyecto era imposible: quería hacer una gran obra, pero no tenía plata, ni terreno, ni siquiera una triste bolsa de cemento. Por eso, el llamado de Bianchi fue como un llamado de Dios".
Recuerda, cuenta, y no disimula sus lágrimas. El diálogo sucede en su casa de San Marcos Sierra (a 150 kilómetros de Córdoba capital). No termina un párrafo sin hablar de "la gran obra". Y de pronto se levanta de su silla:

-Acompáñenme.

Hay diez cuadras de tierra entre su casa y la obra, pero sus veloces pies los cubren a velocidad de relámpago. Eso, mientras sigue evocando:
"Bianchi me llamó por teléfono y me preguntó si ya teníamos el terreno. Le dije que sí. 'Pero…, ¿cuántas hectáreas tiene, hermana?', insistió. 'Una', le dije.
Se rió. 'Para hacer la obra que quiere, por lo menos necesita diez',
calculó. Y calculó bien… Cortamos, salí corriendo, llegué a la casa de mi vecino Santiago Sosa, abrí la tranquera, le conté todo… ¡y le pedí el terreno! Gracias a Dios, ese día estaban su mujer y sus hijos, que lo convencieron. Veinticuatro horas más tarde vino Daniel Comba, representante de Bianchi y el tesorero de la fundación Por un mundo mejor, y recorrimos el lugar. Fue el primer paso de la gran
obra
". 

La mayor parte del hogar está casi terminado: a muchas habitaciones sólo les falta el techo, y pronto llegará el momento de poner la piedra fundamental de la iglesia. Theresa se entusiasma: "
En la aldea funcionarán varios centros de capacitación para que los chicos aprendan oficios. Además tendrá centro de salud, carpintería, taller mecánico, sala de costura, tornería, panadería, obrador y huerta. Vivirán 36 chicos durante ocho meses, hasta que terminen el curso. También habrá un comedor para alimentar a 400 chicos. Por supuesto, todos los que quieran asistir a las clases podrán hacerlo, aunque no sean residentes: jamás le cerraremos la puerta a alguien que nos necesite. Desde luego, vamos a llegar a lugares inhóspitos, porque desde esos lugares perdidos en el medio del campo vendrán los chicos que vivirán en la aldea. Eso sí: deben ser mayores de 14 años. Los primeros meses irán a sus casas sólo los fines de semana, y una vez que estén preparados tendrán que aplicar todo lo que aprendieron. Eso les va a servir para empezar a trabajar en el oficio que eligieron. Siete profesores se ofrecieron ya para instruirlos. Entre ellos hay algunos que nos van a enseñar a hacer quesos, carne ahumada y d
ulces, y un ingeniero químico que nos va a instruir en el arte de elaborar aceite de

oliva".

La obra, terminada, amueblada (el mobiliario lo donará la fundación) y con su llave lista para girar por primera vez en la cerradura, costará 1.200.000 dólares. Afinado el lápiz y hechas las cuentas, faltaban 200 mil. Pero se recaudaron en la cena a beneficio que Bianchi y Guinzburg organizaron a fin de año en el Sheraton. Y que Theresa considera
"otra obra de Dios. Esa noticia me conmovió profundamente. Desde aquí, y en el nombre de todos los chicos de Córdoba, quiero agradecerles a los famosos que se acordaron de los que más necesitan. Con el esfuerzo, el amor y el cariño de todos, estos chicos van a tener un futuro
mejor
". 

Palabra de Theresa. Es decir, palabra cumplida.
Theresa con algunos de sus chicos. Al fondo, la casi terminada aldea con la que tanto soñó.

Theresa con algunos de sus chicos. Al fondo, la casi terminada aldea con la que tanto soñó.

Theresa en pleno desayuno con un grupo de los chicos que ampara, y recorriendo la plantación de árboles frutales que en el futuro serán una de las industrias de la aldea que soñó, y que la fundación de Bianchi-Guinzburg-Comba hará realidad a fin de año.

Theresa en pleno desayuno con un grupo de los chicos que ampara, y recorriendo la plantación de árboles frutales que en el futuro serán una de las industrias de la aldea que soñó, y que la fundación de Bianchi-Guinzburg-Comba hará realidad a fin de año.

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