Gracias a la soja, estos chicos volvieron a reír – GENTE Online
 

Gracias a la soja, estos chicos volvieron a reír

"Cuando le des pan al pobre, dalo con amor, para que él te perdone el pan que le das".
Monseñor Rolón

El comedor de la fundación Felices los Niños está revolucionado. En la cocina, son más de siete las personas que amasan, preparan y le dan los últimos detalles a lo que será el primer plato del día. Del otro lado, en las largas mesas del salón, cientos de chicos no pueden disimular su ansiedad y golpean con los tenedores los platos de acero inoxidable. A las doce en punto, Juana, la cocinera con más años en el lugar, anuncia que el puré y las milanesas de soja están listos. Minutos después, luego de la bendición a cargo del padre Julio César Grassi, la primera tanda de alumnos saborea el bendito almuerzo. En ese momento, la iniciativa que hace cuatro meses comenzó Víctor Trucco, el presidente de AAPRESID
(Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa), deja de ser un mensaje abstracto y se convierte en una realidad tangible. Una labor solidaria que comenzó con la idea de combatir el hambre y que se puso en funcionamiento cuando se lanzó para que todos los productores de soja donaran el uno por ciento de su cosecha. Así, en tres meses, reunió 84 mil toneladas y ahora esa cuota de amor llegó a destino: los chicos. Aunque el proyecto final, que es terminar con la desnutrición infantil en la Argentina, parece estar en un horizonte lejano, bien vale este comienzo. Hoy, más de 3.500 chicos de esta fundación se alimentan gracias a la soja.

En el comienzo de 2002, la obra del padre se vio sumergida en la peor crisis de su historia. Las donaciones que llegaban eran cada vez más escasas y la plata que ingresaba apenas alcanzaba para pagar los sueldos:
"Muchas veces les rezaba a Dios y a la Virgen porque no tenía con qué darles de comer a los chicos. Los frigoríficos a los que les comprábamos la comida nos cerraron el crédito y los precios de los alimentos se fueron a las nubes. Verdaderamente estábamos
desesperados…
".

El 23 de diciembre de 1993, el padre Grassi hizo realidad un viejo sueño: rescatar a los chicos de la calle para protegerlos y educarlos. Así, con mucho amor y esfuerzo, levantó su gran obra en las 64 hectáreas ubicadas en Gorriti 3520 de Hurlingham y construyó la Ciudad del Niño de Don Bosco. Con el tiempo, a este proyecto se le acoplaron obras más pequeñas en Carlos Spegazzini, José León Suárez, Chacarita y San Martín. En total, en esos lugares les dan educación, alimentan y albergan a 3.600 chicos:
"Todos reciben el desayuno, el almuerzo, la merienda y la cena. Y para poder afrontar todos estos gastos se necesita mucho dinero y muchas veces la plata que entra no alcanza. Por eso, el llamado de Víctor Trucco fue una bendición de
Dios
".

Después de escuchar una entrevista que le hicieron en una radio de Buenos Aires, donde Grassi contaba todos los problemas que tenía, el presidente de
AAPRESID se puso en contacto con la fundación, comentó su idea y les ofreció su ayuda. Una semana después, llegó la donación de tres mil kilos de soja y el entrenamiento para las cocineras:
"Como ninguna sabía utilizar los porotos, todas fueron al curso que dicta Angelita Bianculli, la dueña de La Esquina de las Flores. Al principio la adaptación fue bastante dura. Primero con las cocineras: las milanesas se rompían porque les faltaba arroz o el dulce de leche les salía aguachento por falta de cocción. Después con los chicos: no había manera de que aceptaran la soja. En nuestro país somos carnívoros por naturaleza y es muy difícil poder cambiarlo. Yo vi con dolor como una persona vino a pedir comida para su familia, le dimos fideos con soja y los tiró a cien metros del lugar. Eso me dolió, pero entendí que lo importante es llegar antes, educar, generar una cultura distinta y enseñar".

Antes de cambiar el menú, los maestros y profesores dieron una clase especial en cada aula explicando los beneficios de este alimento y la cantidad de nutrientes que significaba un plato de soja. Así, de a poco, los chicos aceptaron las nuevas comidas que varían en: milanesas, quesos, arrollados, matambres, pasteles, dulces y pastelitos, entre otras cosas:
"Este gesto que tuvo la gente del campo significa que no todo está perdido. Con esos 3.000 kilos pudimos alimentar a los chicos durante un mes. Por ejemplo, en la casa de los bebés, las cocineras prepararon hasta una torta de cumpleaños de soja. Ahora estamos trabajando para introducirla en la panadería. Lo que para ellos significó una pequeña ayuda, para nosotros fue un verdadero milagro".

En el comedor de la fundación Felices los Niños, todos se alimentan con soja. Aunque al principio costó que se habituaran al nuevo menú, hoy  es un éxito.

En el comedor de la fundación Felices los Niños, todos se alimentan con soja. Aunque al principio costó que se habituaran al nuevo menú, hoy es un éxito.

El padre Grassi, en cada almuerzo y en cada cena, bendice los alimentos. Cada día 3.600 chicos de hogares humildes del oeste del Gran Buenos Aires comen en su Fundación. Para poder utilizar la soja, las cocineras realizaron un curso en <i>La Esquina  de las Flores</I>.

El padre Grassi, en cada almuerzo y en cada cena, bendice los alimentos. Cada día 3.600 chicos de hogares humildes del oeste del Gran Buenos Aires comen en su Fundación. Para poder utilizar la soja, las cocineras realizaron un curso en La Esquina de las Flores.

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