Ganó la gente – GENTE Online
 

Ganó la gente

Hace veinte días, en un domingo sereno en todo Martínez menos en la casa de
Juan Carlos Blumberg, transformada en oficina -libro de quejas, millonaria
colección de firmas y hasta santuario (fotos y pancartas con la cara de Axel
presiden el comedor)-, GENTE le preguntó al líder de la mayor concentración
civil de las últimas dos décadas:

-Señor Blumberg, el gobierno acaba de anunciar un vasto plan de seguridad y
justicia que, según los funcionarios, estaba en preparación desde hace meses.
¿Cree que es así?
-No. De ninguna manera. Algunos de los puntos de ese plan fueron propuestos por
nosotros unas horas antes…

El miércoles 5 de mayo, el Senado hizo ley dos de los más dramáticos reclamos de
Juan Carlos Blumberg: la libertad condicional, en el caso de delitos aberrantes
(por caso, el secuestro seguido de muerte), no podrá hacerse efectiva antes de
los 35 años de cumplimiento de la pena, y se impondrá reclusión o prisión
perpetua ante "la muerte de la persona ofendida": figura que incluye la
violación seguida de muerte.

Hasta ahora, la prisión perpetua era de 25 años y se podía cumplir en libertad
condicional a partir de los 18 años de cárcel, y la violación y el secuestro
seguido de muerte contemplaban penas de 8 a 25 años. Pero en adelante (desde la
promulgación por el Poder Ejecutivo y su publicación en el Boletín Oficial, los
tres casos, sin excepción, implican 35 años de cumplimiento efectivo: según la
edad del condenado, el resto de su vida.
De pronto, después de años de prédica acerca de la debilidad de los castigos, y
en el mayor pico de violencia que conoció el país, la voz de un hombre común
-Juan Carlos Blumberg- y la sangre derramada de su hijo Axel, más las
muchedumbres que marcharon hacia el Congreso, la Plaza de Mayo y la Plaza
Lavalle, más el fulgor de sus velas blancas, lograron lo que por décadas
desoyeron generaciones enteras de políticos.

CONTRA TODA RETORICA. Blumberg, que hasta el secuestro y asesinato de su hijo
Axel fue un ciudadano más, un ingeniero conocido sólo en su ámbito de trabajo y
un típico apolítico ("Sólo creo en el trabajo honesto de todos los días, no en
los discursos, de cualquier signo que sean"
, dijo y repitió muchas veces), cortó
de un solo golpe de espada -y sin espada- ese nudo gordiano nacional llamado
resignación: resignación y paciencia infinitas para soportar el telón de acero
levantado entre los derechos, las necesidades, los intereses y hasta la
desesperación de la gente, y los elegidos y responsables de recoger esos
reclamos y dedicar cada hora de su vida para hacer respetar esos derechos.

Fue, al principio, uno contra todos. Blumberg, sin aparato político, sin
punteros, sin voceros, sin oficina de prensa, sin todo lo que le sobra a los
poderes públicos, y sin un punto ni una coma de retórica -esa tan abundante en
el mundo del poder-, enarboló la bandera de la sensatez, asumió la
representación del hombre común, y acusó a "las leyes débiles, a los
legisladores que faltan a sus bancas o las visitan cada tanto, a los políticos
que se trenzan en internas o se pasan facturas del pasado, al obsoleto sistema
carcelario, a la rutina: 'cometa un delito, entre a la comisaría por la puerta
de adelante, salga libre enseguida por la puerta de atrás', a…
", etcétera,
etcétera.

CONTRA TODO PREJUICIO. Sin secarse sus lágrimas por Axel, sin dejar de hablarle
a su retrato cada noche en el cuarto que Axel dejó vacío para siempre, Blumberg,
aún sabiendo que el Juego de la Oca entre los ciudadanos y el poder implica
-eternamente- avanzar una casilla y retroceder seis, hundió sus ojos
inquisidores en todos los foros. "Si critiqué a los legisladores es porque los vi actuar, no por prejuicio. Si le hablé a la gente con la cabeza y el corazón
fue para que ninguno de sus hijos muera como murió Axel, no por demagogia ni por
ambición política. Si me acerqué a ciertos personajes, creí en ellos y me
equivoqué, fue por ignorancia, y enseguida informé públicamente de mi error.
Todo lo que ignoraba lo aprendí sobre el terreno…
", dijo y sigue diciendo. Y
entonces, desde el anonimato y desde un hijo muerto, explotaron las multitudes,
se encendieron las velas, y las firmas de apoyo pasaron los cuatro millones. Y
el miércoles 5 de mayo, cuando Blumberg llevaba mucho más tiempo de fatiga que
de descanso, y contra todo lo imaginable, él y Axel empezaron a ganar la partida
imposible. Porque no sólo se trata de los 35 años para delitos aberrantes.
También, desde ese Día B, rigen condenas más severas para la tenencia, portación,
entrega y venta ilegal de armas, y la obligación del Estado de destruir, en
actos públicos y con control judicial, todas las armas secuestradas luego de
hechos criminales. Como más que un símbolo, el martes anterior a la sanción de
las leyes, un enorme electroimán recogió miles de artefactos de muerte que serán
fundidos "y se convertirán en esculturas, en obras de arte", según prometieron
los funcionarios: mucho más de lo que Blumberg se hubiera imaginado.

No es todo. Desde que el impensado líder civil clamó "por un nuevo régimen
carcelario que obligue a los presos a trabajar, a ocupar sus largas horas de
ocio en algo productivo",
las piezas se movieron aceleradamente en el tablero, y
el ministro de Justicia mostró urbi et orbe los productos que ya fabrican los
presos -ropa, alimentos-, además de convocar a empresas privadas para que
compren esos productos y encarguen otros, y de poner en marcha planes sociales
que cubran a los que terminen sus condenas, y también a sus familias.

EL FIN DEL PRINCIPIO. Mientras todo esto sucedía, Blumberg aterrizaba en Miami
"para recorrer otros foros, ver cómo funcionan las cosas, contar mi experiencia
y perfeccionarme, porque si bien aprendí mucho, todavía es mucho lo que ignoro
".

Ese mismo domingo, GENTE terminó su entrevista con una pregunta:

-Cuando logre todos -o la mayoría- de sus objetivos, ¿se retirará de la escena
pública?

La respuesta no tardó ni una fracción de segundo:

-Por supuesto. Absolutamente. Volveré a lo mío. A lo que realmente sé hacer.

-Pero… ¿porqué desperdiciar toda la fuerza y la unidad que consiguió?
-Porque sólo lo hice por dos cosas: mi promesa a Axel frente a su tumba, y la
convicción de que ningún otro chico debe morir como él. Sin embargo…

-¿Sin embargo?
-No estaré en la tribuna, pero sí estará viva la Fundación Axel. Porque
seguramente habrá muchas correcciones que hacer, otras cosas que lograr, mucha
gente desesperada a la que oír. Estoy seguro. ¿Sabe por qué? Porque cambiar a un
país, sanearlo, terminar con los vicios y los males enquistados, no es sólo una
cuestión de marchas y de velas. Si es necesario, seguiremos haciéndolas. Pero
las reformas profundas llevarán años.

-Entonces, habrá Blumberg para rato…
-No me opongo a que lo diga, señor.

El miércoles 5 de mayo, el Senado convirtió en leyes dos proyectos nacidos en la voz de Juan Carlos Blumberg y a la luz de las velas que llevaron sus multitudes.

El miércoles 5 de mayo, el Senado convirtió en leyes dos proyectos nacidos en la voz de Juan Carlos Blumberg y a la luz de las velas que llevaron sus multitudes.

Ante la tumba de su hijo, Juan Carlos Blumberg juró que lucharía para que no mueran más jóvenes víctimas de la violencia. El miércoles, en el Senado, se aprobaron leyes que endurecen las penas para los delitos aberrantes.

Ante la tumba de su hijo, Juan Carlos Blumberg juró que lucharía para que no mueran más jóvenes víctimas de la violencia. El miércoles, en el Senado, se aprobaron leyes que endurecen las penas para los delitos aberrantes.

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