«Ganar el Oscar sería la frutilla del postre» – GENTE Online
 

"Ganar el Oscar sería la frutilla del postre"

Es miércoles, y hay un piquete que corta como un tajo al Puente Pueyrredón,
en Avellaneda. Juan José Campanella y Eduardo Blanco -el director y uno de los
protagonistas, junto a Ricardo Darín y Mercedes Morán, de Luna de Avellaneda, la
nueva producción de Pol-ka- llegan a la cita en el club Juventud Unida de
Llavallol, al sur del Gran Buenos Aires, con retraso, y por un camino
alternativo al más lógico, la avenida Pavón. En este club de barrio, rodeado de
fábricas y casas bajas, se filmó el corazón de la nueva historia. Los cortes
(casi a diario) del puente, precisamente, estuvieron a punto de cambiar el curso
del guión. Que lo cuente Campanella: "Había miedo en un momento. Charlamos sobre
hacer la película en Capital nada más. Como en Avellaneda se filmaban casi todos
los exteriores, cada día perdido complicaba mucho el rodaje. Pero al final
decidimos arriesgarnos, encontramos rutas alternativas, más largas, y la
hicimos...
". Y sucede, decíamos, que este club, y los 400 socios que lo
sostienen a pulmón, torcieron la primitiva idea del film, y parieron otra
distinta.

"Llegamos gracias a Atilio Pozzobón, que vive acá a tres cuadras y actúa en la
película -
sigue Campanella-. Al principio era una historia de dos clubes de
fútbol. Pero Atilio nos dijo que viniéramos a ver este club, que se fundó en
1934, igual que el de la película. Conocimos a Carlos Véliz, vocal y uno de los
motores de Juventud Unida, y a don Raúl Duhalde, 85 años y el fundador. Y al
charlar con ellos nos dimos cuenta de que este club reflejaba la historia del
país. En el viaje de vuelta a Capital, con Fernando Castets -
también
guionista- dijimos que la película debía pasar por acá."

Las coincidencias entre el club verdadero y el de la ficción se acumulan a cada
paso, pero mejor no develar las sorpresas de la película. En el buffet, antes de
las pizzas, se arma la charla sobre un film que -además de abundantes risas y
lágrimas- generará un profundo debate.

Campanella: Luna de Avellaneda muestra, a través de los personajes de un club de
barrio, cómo en la Argentina somos muy proclives a tener picos y pozos
tremendos. Pasó con Malvinas, pasó con la vuelta a la democracia. Pasamos de ser
los primeros del mundo a los últimos con mucha facilidad. Somos como bipolares.

Campanella y Blanco, de fondo una clase de patín en el club Juventud Unida de Llavallol, donde transcurren las escenas más importantes de la película, y sobre la pared, aún, el escudo de Luna de Avellaneda. Campanella arañó el Oscar con El hijo de la novia -en la que también estuvo Blanco-. El patín del club tuvo una pareja que se alzó con el campeonato sudamericano.

Campanella y Blanco, de fondo una clase de patín en el club Juventud Unida de Llavallol, donde transcurren las escenas más importantes de la película, y sobre la pared, aún, el escudo de Luna de Avellaneda. Campanella arañó el Oscar con El hijo de la novia -en la que también estuvo Blanco-. El patín del club tuvo una pareja que se alzó con el campeonato sudamericano.

El director y uno de los protagonistas de Luna de Avellaneda -la producción de Pol-ka que también reúne en su elenco a Ricardo Darín y Mercedes Morán, y se estrena el 20 de mayo- hablan sobre la película que sucede a la exitosa El hijo de la novia. La historia de un club de barrio que lucha por sobrevivir, y a la vez una metáfora sobre el país que fuimos, el que somos, y el que esperamos ser

El director y uno de los protagonistas de Luna de Avellaneda -la producción de Pol-ka que también reúne en su elenco a Ricardo Darín y Mercedes Morán, y se estrena el 20 de mayo- hablan sobre la película que sucede a la exitosa El hijo de la novia. La historia de un club de barrio que lucha por sobrevivir, y a la vez una metáfora sobre el país que fuimos, el que somos, y el que esperamos ser

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