¿Un complot comunista?", se preguntan los analistas políticos. En su último aliento, el Santo Padre reza a media voz. Su vida pende de un hilo." /> «Fue como si alguien hubiera desviado esa bala…» – GENTE Online
 

"Fue como si alguien hubiera desviado esa bala…"

Sus ropas blancas de Vicario de Cristo están teñidas en sangre. La bala
atravesó el cuerpo del Santo Padre. Le perforó el vientre, rozó su codo derecho
e hirió su dedo índice. Es el miércoles 13 de junio de 1981. Juan Pablo II (por
entonces, de 61 años) está tendido en el jeep blanco que todos en el Vaticano
llaman "la campagnola". Lo sostiene su secretario privado, monseñor
Stanislao Daziwisz. Se sucede entonces un breve diálogo entre ellos:

Daziwisz: ¿Adónde?
Juan Pablo II: En el vientre.
Daziwisz: ¿Le duele?
Juan Pablo II: Duele.
No hay ningún médico cerca. Tampoco alcanza el tiempo para pensar. El Santo
Padre es trasladado en ambulancia al Policlínico Gemelli. Tendido sobre la
camilla, reza a media voz. Inmediatamente después, pierde el conocimiento.
Ingresa directamente al quirófano. La tensión arterial baja dramáticamente, el
latido del corazón es apenas perceptible. Por recomendación de los médicos,
Daziwisz le administra la Unción de los Enfermos. Juan Pablo II recibe una
transfusión. El organismo rechaza la primera sangre. Los médicos del hospital
improvisan: se vuelven donantes. La segunda transfusión tiene éxito. Los médicos
realizan la operación sin esperanzas de que el paciente sobreviva. "¿La
herida del dedo? Si sobrevive resolvemos ese problema
", dicen. La operación
es compleja y dura 4 horas con 20 minutos. Y aquella herida en su mano
cicatrizaría después sin necesidad de otra intervención quirúrgica.

Mehmet Ali Agca intenta disimular la pistola Browning de 9 milímetros entre
sus ropas. Tiene 23 años y acaba de disparar tres balas. Una impactó en el Santo
Padre, mientras que las otras dos hicieron blanco entre el público. Es un
extremista de derecha buscado en su Turquía natal por asesinar a un editor
periodístico. Una pequeña monja llamada Letizia lo descubre en la multitud y lo
toma del brazo. "¡Yo no fui!, ¡yo no fui!", repite Agca. Finalmente, es
apresado por la Guardia Suiza.

Juan Pablo II despertó al día siguiente. Giró hacia su secretario y,
confundido, preguntó: "¿He rezado ya Completas?". Cinco meses después,
volvió a encontrarse con los peregrinos en la plaza de San Pedro. "Y de nuevo
me he hecho deudor de la Santísima Virgen y de todos los santos Patronos.
¿Podría olvidar que el evento en la plaza de San Pedro tuvo lugar el día y a la
hora en que, hace más de sesenta años, se recuerda en Fátima, Portugal, la
primera aparición de la Madre de Cristo a los pobres niños campesinos? Porque,
en todo lo que me ha sucedido precisamente ese día, he notado la extraordinaria
materna protección y solicitud que se ha manifestado más fuerte que el proyectil
mortífero
", dijo.

Ali Agca nunca pidió perdón. Sin embargo, cuatro días después del atentado,
cuando aún se estaba recuperando, Juan Pablo II perdonó a su agresor. Y en la
Navidad de 1983 lo visitó en su celda romana. Así lo recordaría luego en su
libro Memoria e Identidad, conversaciones al filo de los dos milenios: "Conversamos
largamente. Ali Agca, como dicen todos, es un asesino profesional. Esto
significa que el atentado no fue iniciativa suya, sino que algún otro lo
proyectó, algún otro se lo encargó. Durante toda la conversación se vio
claramente que Ali Agca continuaba preguntándose cómo era posible que no le
saliera bien el atentado. Porque había hecho todo lo que tenía que hacer,
cuidando hasta el último detalle. Y, sin embargo, la víctima designada escapó de
la muerte. ¿Cómo podía ser? Lo interesante es que esta inquietud lo había
llevado al ámbito religioso. Se preguntaba qué ocurría con aquel misterio de
Fátima y en qué consistía dicho secreto. Lo que más le interesaba era esto; lo
que, por encima de todo, quería saber. Mediante aquellas preguntas insistentes,
tal vez manifestaba haber percibido lo que era verdaderamente importante. Ali
Agca había intuido probablemente que, por encima de su poder, el poder de
disparar y de matar, había una fuerza superior. Y, entonces, había comenzado a
buscarla. Espero que la haya encontrado (…)Todo esto ha sido una muestra de la
gracia divina. Agca sabía cómo disparar y disparó ciertamente a dar. Pero fue
como si alguien hubiera guiado y desviado esa bala...
".

Monseñor Stanislao Daziwisz sostiene el cuerpo herido de Juan Pablo II. Perdió el conocimiento cuando lo trasladábamos en la ambulancia. Ni siquiera los médicos que lo atendieron guardaban muchas esperanzas…", recordaría luego su secretario personal.">

Monseñor Stanislao Daziwisz sostiene el cuerpo herido de Juan Pablo II. "Perdió el conocimiento cuando lo trasladábamos en la ambulancia. Ni siquiera los médicos que lo atendieron guardaban muchas esperanzas…", recordaría luego su secretario personal.

En la Navidad de 1983, Juan Pablo II visitó a Ali Agca en la cárcel de Roma. El asesino turco nunca pidió perdón ni se mostró arrepentido. Durante toda la conversación se vio claramente que Alí Agca continuaba preguntándose cómo era posible que no le saliera bien el atentado", escribiría después el Santo Padre.

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En la Navidad de 1983, Juan Pablo II visitó a Ali Agca en la cárcel de Roma. El asesino turco nunca pidió perdón ni se mostró arrepentido. "Durante toda la conversación se vio claramente que Alí Agca continuaba preguntándose cómo era posible que no le saliera bien el atentado", escribiría después el Santo Padre.

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