“Estoy haciendo un curso acelerado de hombre soltero” – GENTE Online
 

“Estoy haciendo un curso acelerado de hombre soltero”

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Matías abre la puerta de su nuevo departamento en Jardines de Libertador. Está casi vacío. Desde el piso 13 no se escucha el tráfico que desborda la avenida, a la altura de Núñez. El living está regado de cajas y ropa usada. “¡Socorro! Me mudé definitivamente solo”, dice, mientras levanta lo que va encontrando en el camino. Su enorme plasma de 46 pulgadas también descansa en su caja, junto al home theatre. “El jueves, en un rato libre, fui a ver muebles y lámparas por Palermo. Pero todavía no me decidí por nada. Ahora mi vida cambió y todas las decisiones pasan por mí”, cuenta mientras dirige el tour por su intimidad. La heladera está vacía y desenchufada. Sólo tiene cartelitos escritos por su madre, con mil recomendaciones. Ni siquiera la vajilla está en la alacena. Menos, pensar en ver una maceta en su balcón... El paisaje es increíble: la cancha de River Plate y todo el río de la Plata.

“Cuando pasó lo que pasó –se refiere a su separación– volví por veinte días con mi mamá. Ahora es la primera vez que voy a vivir solo. No sé cómo me las voy a rebuscar, porque no sé hacer ni un huevo duro”, dice Matías Alé sentado en el suelo de donde será su living. Está feliz, aunque hace un mes que se separó de Graciela Alfano después de ocho años y medio de convivencia. Le cuesta decir que se separó, que se terminó el amor, porque Graciela es la mujer que más quiso en su vida, aunque no hay una foto de su ex pareja. Pero igual los recuerdos permanecen: “Hace una semana viajé a Mar del Plata para conducir una gala solidaria en el Costa Galana para el Hospital Materno Infantil, y en el camino recordé la primera nota que le hice a Graciela en esa playa, que fue donde vivimos los primeros días de amor. También recordé los momentos felices que compartimos en los camarines, en cada rincón de esa ciudad, y te juro que me emocioné”.

–¿Y qué sentís cuando llegás a tu casa y ella no está?
–Una mezcla de sensaciones... Es la primera vez que voy a vivir solo. Porque a los 22 años me fui de la casa de mi mamá para vivir con ella. Y ahora, a los 31, siento un montón de emociones nuevas. Hay momentos en que tengo miedo, y en otros, una felicidad que me desborda. Me siento más libre, porque puedo decidir cuándo quiero comer, mirar tele (¡Soy el dueño del control remoto!), dormir en el piso del living o salir. Tampoco quiero hacer en este momento un libertinaje de mi vida, pero sí aprender de esta nueva etapa. Es fuerte y raro el silencio que “escucho” cuando llego a casa, pero lo importante es que me estoy encontrando conmigo mismo.

–¿Cómo llevás este proceso de redescubrimiento?
–Es positivo. Gracias a la terapia me siento muy cómodo. Además, estoy hallando cosas mías que no conocía. Tengo mucha paz, quiero juntarme con amigos y no paro de generar proyectos. Duermo poco: estoy aprovechando cada segundo… ¡Hasta me encanta despertarme temprano para ver el amanecer! En realidad, es porque todavía no compré cortinas... Después bajo la persiana y duermo una hora más, claro.

–¿Cómo es un día en la vida de Matías Alé?
–Me levanto a las siete, aunque después duermo una hora y media más. Por la mañana ensayo para Bailando por un sueño, donde reemplazo a Carolina Baldini, para tratar de cumplir el sueño de la Fundación Cor (que necesita dar una vivienda digna a los chicos abandonados con HIV que atienden). Más tarde grabo Patito Feo, y de ahí me voy a ensayar Vedettísima, la revista que va a protagonizar Carmen Barbieri junto a Los Nocheros. Los viernes grabo El podio de la TV para Magazine TV, y por la noche me voy hasta Gorriti y Fitz Roy, donde atiendo la barra de Donovan’s, el restó que comparto con mi socio. Hago de todo… y por ahora la energía me acompaña.

–Con tanto trabajo, ¿ya tuviste un tiempito para estrenar el departamento?
–No, hace veinte días que lo tengo, pero apenas una semana que me instalé. Al principio dormía vestido, tirado en el suelo del living. Por eso lo primero que me compré es mi cama, enorme.

–Teniendo una cama inmensa... ¿todavía no la compartiste con nadie?
–No, por ahora dormí solo todas las noches. Te lo juro. A mi casa la conocen sólo mi mamá y ustedes.

–¡Qué aburrido!
–Te lo juro: quiero estar solo. No quiero que nadie me invada. Este es un depto de dos ambientes y aún no lo pude decorar. Sólo tengo unas velitas y un juego para poner los jabones y vasos de dálmatas que me regaló mi vieja para el baño. Todavía ni tiempo tuve de aprovechar todas las actividades que tiene el complejo. Acá hay una pileta de 50 metros, un gimnasio, ducha finlandesa, sauna, hasta un restaurante que ofrece room service. Me siento muy contenido en este lugar, pero hasta ahora no pude disfrutarlo.

–¿Es verdad que dejaste de jugar al fútbol los domingos?
–Sí, que me perdonen mis amigos, pero cuando puedo dedico ese tiempo a tareas de beneficencia. Me encanta ayudar, porque la vida fue muy generosa conmigo. Siempre que puedo intento devolver las cosas que recibí de ella.

–¿Tampoco tenés tiempo para ir al supermercado?
–Lo decís porque mi heladera esta vacía… Te juro que está recién comprada. Además, ahora estoy haciendo dieta con el doctor Máximo Ravenna y él me manda las viandas a todos lados. El otro día fui a lo de Mirtha Legrand y me envió mi bandeja. También la recibo en el restaurante. Por estrés y nervios, estaba comiendo muy mal. Había engordado cuatro kilos y en noviembre iba a explotar.

–¿Te pone nervioso saber que la semana que viene Graciela Alfano vaya a reemplazar a Carmen Barbieri en el jurado de Bailando por un sueño?
–No me puse a pensar en eso todavía... Yo voy a bailar lo mejor posible en todas las galas. Además, con Graciela está todo bien: es un sol como persona y yo la sigo amando. Pero los dos necesitábamos dar un paso al costado. Ahora estamos creciendo.

–Pero... ¿te fuiste de la casa de Graciela para irte con tu mamá?
–No, yo ya corté el cordón umbilical. Cuando me separé de Graciela me fui a vivir con mi mamá sólo veinte días, hasta que me organicé. Ahora ella viene todas las mañanas para recibir las cosas de la mudanza, porque yo no estoy, ya que tengo que trabajar. Con mi mamá parece que jugamos a Hansel y Gretel, porque me deja cartitas por todos lados. Nos llevamos bien, pero voy a vivir un tiempo solo.

–¿Sabés cocinar?
–No, no sé hacer ni una hamburguesa. Bah, tampoco sé planchar, lavar, nada… Pero ya voy a aprender. Estoy haciendo un curso acelerado de hombre soltero.

–¿Y el amor?
–Cuando vuelva a estar enamorado no voy a tener problemas ni compromisos para poder gritarlo a los cuatro vientos. Pero ese momento, todavía no ha llegado.

<i>...dejame el colchón”</i>, dice el tema de Memphis. Por eso Matías no ahorró al comprarse un buen sommier. Todavía le falta elegir las cortinas.

...dejame el colchón”, dice el tema de Memphis. Por eso Matías no ahorró al comprarse un buen sommier. Todavía le falta elegir las cortinas.

En su baño tiene un juego de jabonera y vasos de dálmatas que le regaló su mamá, Elena, para que recuerde a su perro. En la cocina –aún sin vajilla– lee las recomendaciones que le dejó ella. Pero la heladera todavía está vacía, porque ni tiempo tuvo para ir al supermercado.

En su baño tiene un juego de jabonera y vasos de dálmatas que le regaló su mamá, Elena, para que recuerde a su perro. En la cocina –aún sin vajilla– lee las recomendaciones que le dejó ella. Pero la heladera todavía está vacía, porque ni tiempo tuvo para ir al supermercado.

<i>“No sé cocinar ni un huevo duro. Tampoco planchar, lavar, ni nada. Pero ya voy a aprender… Es la primera vez en mi vida que voy a vivir solo”.</i>

“No sé cocinar ni un huevo duro. Tampoco planchar, lavar, ni nada. Pero ya voy a aprender… Es la primera vez en mi vida que voy a vivir solo”.

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