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Este recital sí que trajo cola

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Se viene la venganza!”, anuncia Charly (56) mientras prueba sonido en su bunker de Coronel Díaz y Santa Fe. “Estoy escuchando Kill Gil, el mejor disco de la historia: el mío”, anuncia el músico, y enseguida consulta:

–¿Me llamás por lo de la piña, no? –pregunta entre risas.

–Sí. ¿Qué me puede decir hoy, más reflexivo?
–Insisto: se viene la venganza… Y será terrible...

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Pide permiso y se va por un rato. De fondo se escuchan voces, sonidos de su propia música, ruidos y la voz ronca del ídolo que pide cosas, aunque no se entiende bien qué. Ya quedó un poco atrás la noche del lunes del escándalo en La Trastienda, cuando recibió un directo –trompadón– en su ojo izquierdo que se lo cerró por completo, pero que “no me pudo tirar al piso; soy el toro salvaje”, se empeña él mismo en aclarar.

¿Qué pasó realmente? El músico chileno, Miguel Piñera, integrante de la banda que acompañaba a García, aclaró que “le rompieron la nariz, la boca y un ojo de una piña”. Parece que habría llegado cuatro horas más tarde de lo previsto, a bordo de una ambulancia. “El pidió que mandásemos una a su casa, como condición para venir a tocar”, aclaró Marcelo Gilio, uno de los encargados de los shows. Charly ingresó abriéndose paso en medio del público, con una vincha y una pluma en su cabeza. Alguien que lo acompañaba de cerca cargaba un matafuego. ¿Preveía acaso el incendio que se venía? Uno de los célebres presentes era nada menos que su hijo, Migue, que gritó como un fanático más y se rió de todos los chistes que contó su padre. Charly tiró luego a la hinchada una guitarra que fue destruida, y también tuvo tiempo de dedicar un tema al Flaco Spinetta, “que está en su casa en pantuflas… Es un viejo”, aclaró en referencia a su amigo. Hasta ahí todo transcurría relativamente en paz. Luego de dos horas de concierto, Charly volvió a pasar entre sus fans, que le festejaban todo lo que hacía, y regresó quince minutos más tarde, vaticinando lo que él soñaba como su propio récord: “Voy a tocar 24 horas seguidas”. Esta frase preocupó a los propietarios de La Trastienda.

Para colmo, de pronto decidió bajarse los pantalones… El final se acercaba. Parece que el personal de seguridad del boliche intentó impedir que continuara con el recital. Lo bajaron a la fuerza, hubo un cruce de golpes y García terminó con un ojo en compota. Todo mal.

Al otro día regresó al pub, que estaba cerrado, porque su show se había suspendido. Y dijo, mientras pateaba las persianas: “¿Encima que ayer me pegaron, suspendieron el recital de hoy? Bah, me golpearon porque tengo talento. A este lugar lo tienen que demoler. ¡La Trastienda es un sucucho! ¡Rompan todo!”, ordenó Charly a sus fans que esperaban en la puerta. Entonces, los propietarios del local decidieron cancelar el último recital “debido a sucesos acontecidos en el show del lunes, que comenzó con atraso, donde García se presentó cuatro horas más tarde de lo anunciado”.

Hoy Charly está en su casa, indignado por lo que pasó. “Estoy esperando si viene a mi casa algún juez, o fiscal, o qué se yo, a decirme que van a investigar quién me pegó. No entiendo. Otras veces me citaban por cualquier pavada a declarar. Y ahora, ¿qué esperan? A mí me metieron preso enseguida. ¿No van a hacer nada?”.

–Charly, ¿quién le pegó?
–Un tipo de camisa blanca que no era patovica, que además es un cobarde, porque me pegó de improviso, sin que hubiera una pelea. No importa; no se la va a llevar gratis. Bah, al facho que me agredió no le pegué porque tengo la trompada prohibida, je.

–¿Y qué va a hacer usted?
–Yo nada. Espero que la gente pinte el lugar con aerosol. La Trastienda no existe. Si no iba yo no se llenaba ni en p…. Esa es la verdad.

–¿No reconoce que el lunes llegó muy tarde?
–Puede ser. Pero como dije, no soy Sarmiento, soy Charly García. Y la gente me espera. Entonces, ¿qué les preocupa a los del boliche si llego tarde? Igual, no pienso ir más. Si se llama La Trastienda... Es decir, está detrás de la tienda... Je.

–¿Por qué se tapa la cara?
–Para que todos me pregunten por qué me tapo la cara. Y así mi protesta tiene más fuerza. Si no, nadie me va a dar bola. No se olviden de Cabezas. Y no se olviden de mí, una vez que la ligué sin tener nada que ver. Ah... Me olvidé de decirte que también me tapo para que el tipo que me metió esa trompada no me reconozca, y así poder sorprenderlo. ¡Charly ataca de nuevo! Je. El que me agredió no sabe con quién se metió.

–¿Va a hacer la denuncia?
–No. Como te conté, espero que alguien venga a mi casa a preguntarme algo. Esta vez que el agredido soy yo, ¿todos se van a hacer los bol…?

Todo estaba tranquilo en La Trastienda, pese a que el lunes 10 García llegó cuatro horas tarde para dar su show, pero…

Todo estaba tranquilo en La Trastienda, pese a que el lunes 10 García llegó cuatro horas tarde para dar su show, pero…

Esa noche, Charly interrumpió el concierto, volvió, se bajó los pantalones y luego anunció: “Voy a tocar 24 horas seguidas”. Entonces, el personal de seguridad del boliche intentó impedir que continuara con el recital: lo bajaron a la fuerza, hubo un cruce de golpes y García terminó con un ojo en compota.

Esa noche, Charly interrumpió el concierto, volvió, se bajó los pantalones y luego anunció: “Voy a tocar 24 horas seguidas”. Entonces, el personal de seguridad del boliche intentó impedir que continuara con el recital: lo bajaron a la fuerza, hubo un cruce de golpes y García terminó con un ojo en compota.

“No soy Sarmiento; soy Charly García. Y la gente me espera. Entonces, ¿qué les preocupa a los del boliche si llego tarde? Igual, no pienso ir más a ese lugar”.

“No soy Sarmiento; soy Charly García. Y la gente me espera. Entonces, ¿qué les preocupa a los del boliche si llego tarde? Igual, no pienso ir más a ese lugar”.

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