“Este recital se lo dedicamos a Gastón Amaya y a todos los chicos que perdimos en Cromañón” – GENTE Online
 

“Este recital se lo dedicamos a Gastón Amaya y a todos los chicos que perdimos en Cromañón”

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Llegaron unos veinte mil. Algunos viajaron más de diez horas, dejaron sus trabajos y empeñaron sus últimos mangos. Zapatillas Topper, pantalones medio hippones, flequillo rollinga, y una historia en común en mochilas escritas con liquid. Muchos de ellos hoy portan una categoría que los convierte en diferentes: “Soy sobreviviente de Cromañón”, repiten estos pibes. Aunque también llegaron nuevos trapos. Los de aquellos que se sumaron a la tribu callejera tras la tragedia que marcó a una generación, el 30 de diciembre de 2004. Todos tienen su historia. Los que están y los que no vinieron físicamente: la banda de Los Invisibles que se quedó para siempre en el boliche de Once. Entre ellos, las 194 víctimas mortales, estaba Gastón Amaya: hoy, justo el día que vuelve la banda de sus amores, cumpliría doce años.

Son las cuatro y el Chateau Carreras que espera el regreso de Callejeros aparece casi repleto. Muy lejos de Córdoba, en el cementerio Lar de Paz de González Catán, Sandra Zerpa (37, mamá de Gastón) le pone una flor a su hijo junto a sus amigos del Instituto Isidro Casanova. Gastón seguía a Callejeros desde los siete años, cuando eran ilustres desconocidos. El 28 de diciembre cantó Jugando, su tema preferido, en los hombros de su tío, y en medio de las bengalas. Pero el 30 no podía ir a Cromañón por falta de dinero. Igual que tantos pibes, se las arregló para conseguir la plata y se subió al 88, que lo llevó hasta Once. Allí lo esperaban su tío y sus amigos Alejandro Torres (11) y Maxi Coria (12). Después, la historia que escuchamos muchas veces, pero con un condimento: “A Gastón lo dejaron sin asistencia en el asiento de una ambulancia. Cuando lo llevaron al hospital Ramos Mejía, el doctor que lo vio lo dio por muerto y me echó del consultorio. Dos horas después lo encontraron con pulso, pero ya era tarde”, recuerda Zerpa, que recibió el cuerpo del nene de diez años recién el dos de enero.

Es solo rock and roll. Faltan dos minutos para las cinco de la tarde. La gente espera a Callejeros con el clima de siempre: esos raros peinados, adolescentes con sus padres; adolescentes con sus hijos y grupos que agitan con cantitos inocentes. Patricio Santos Fontanet baja de una combi escolar con su clásica remera negra, pantalones oscuros y zapatillas. La gente enloquece y recibe al grupo con el clásico: “Soooy, Callejero, es un sentimiento…”. Es la vuelta oficial. Ya no hay tiempo para palabras. Callejeros empieza a tocar Señales: “Soy un muerto encerrado / En un cuerpo vivo / Soy un vivo que hace tiempo se murió”, canta Pato y los pibes gritan, se toman la cara (un gesto de angustia y felicidad al mismo tiempo), lloran. Van a ser dos horas intensas de canciones y letras que, después de la tragedia, el imaginario colectivo recibe de otra forma. El karaoke humano convierte a Callejeros en un colectivo inseparable entre músicos y público. “Nosotros sentimos que todavía no salimos de Cromañón. Hoy, todos los que llegamos hasta acá vamos a salir con vida. Vinimos a cerrar este círculo horroroso, lleno de muerte”, dice Lautaro Rojas Salinas (19), que sobrevivió a la tragedia del boliche de Once. A unos metros, su hermano Camilo (23) usa una remera que dice “Basta de culpar a Callejeros”, y completa un concepto compartido: “Respetamos el dolor de los padres, pero ellos deben entender que nosotros perdimos 194 compañeros”.

Así pasa la primera media hora de música (El nudo, Cristal, No somos nadie, La llave y Los imposibles) y Pato aprovecha para unificar discursos: “Leímos una noticia que decía que los papás de los chicos habían fracasado en su objetivo de frenar el show. Esto no corresponde, porque el 30 de diciembre de 2004 fallamos todos como sociedad …La mamá de Gastón Amaya no pudo venir, pero nos pidió que le dedicáramos esta canción…”. Entonces, Javier Carrasco (18) canta Jugando más fuerte que nadie: “Si un cruel destino no dejó más / No me resigno a morir igual…” , y llora desconsolado. “Cantar un tema y hacer un pogo fue el mejor tributo para Gastón (11) y Gustavo Zerpa (7), mis primos fallecidos en Cromañón. Hoy bajamos un telón que estaba en alto”, dice Javier, que llegó desde Isidro Casanova, uno de los barrios que sumó más víctimas.

El recital continúa. Los chicos aplauden todo, incondicionales, y Pato, que despliega todo su repertorio hitero (el estadio estalló con Una nueva noche fría), practica una catarsis permanente: “Volvimos a cantar sin rencores y sin resentimientos. Cuando cantamos para ustedes somos los tipos más libres del mundo…”. Seguramente en ese momento recordó a todos los familiares directos que perdieron los miembros de la banda: siete, incluidos la madre de Edu Vázquez, el baterista, el padre de Osvaldo Djerfy, guitarrista, la mujer de Diego Argañaraz, el manager, y Mariana Silotta, la novia del Pato. Y también a la veintena de vecinos de Villa Celina, patria chica del grupo.

Rocanroles con destino. El sol cae y hace frío en el Chateau. Una procesión de unos diez mil pibes demora dos horas en su regreso al centro cordobés. En el camarín, Pato enrolla su remera sudada y la guarda para alguien muy querido en esta historia: “Se llama Juan. Perdió a un amigo en Cromañón y también necesitaba mucho esta vuelta”, le dice a GENTE el cantante. La banda vive el post-regreso en un clima extraño. “Fue raro volver a tocar de día y con el sol en la cara. No podíamos ver al público de frente”, comentan. Es apenas una de las sensaciones; el resto nos las sigue relatando Pato. “Antes de salir al escenario teníamos un mix de sentimientos, porque habíamos recibido muchas negativas. ¡La banda estaba por tocar en vivo otra vez! Ni la gente ni nosotros podíamos creer que este momento había llegado”.

–Esa comunión se vio claramente en el show…
–Fue muy fuerte el cariño de la gente y ver cómo cantaban los temas nuevos. Hasta ese momento no las habíamos tocado en vivo, y fueron coreadas de la mejor manera. Tanto los chicos del público como nosotros necesitábamos encontrarnos de esta manera, como siempre lo hicimos.

–¿Qué sintieron inmediatamente después del recital, cuando se vieron las caras en el camarín?
–Nos encontramos con la gente que laburó en el show, gente que en su gran mayoría había estado en Cromañón. Ellos también necesitaban este recital. Después llegó el turno de abrazarnos con nuestros familiares. En ese momento sentimos la ausencia de muchos de ellos.

–¿Cómo vivieron el recital desde el escenario?
–Cuando un jugador está falto de fútbol le cuesta llegar a su nivel, entrar en ritmo (ríe). Acá pasó lo mismo, pero a medida que fueron pasando los temas nos acomodamos mejor y terminamos sonando bien. Igualmente, tocando juntos todo se hace más fácil, porque nos sentimos muy cómodos. De no ser así, costaría un poco más.

A las seis y media de la tarde, Sandra Zerpa regresa del cementerio a su casa de Isidro Casanova. Sintoniza una de las radios que transmitieron el recital, que ya está terminando. Su hermano le dice que Pato le dedicó Jugando a su hijo y explica: “Los primeros meses de la muerte de Gastón no podía escuchar a Callejeros. De pronto, un día estaba triste y probé con un tema. Y fue como sentir su presencia. Me pongo a cantar Jugando y recuerdo a mi angelito, como a él le gustaba…

“<i>Muerto es aquel al que nadie recuerda. Por eso, cada vez que Callejeros suba a un escenario, todos los pibes que murieron en</i> Cromañón <i>van a estar presentes</i>”, dijo el Pato en el estadio cordobés, el jueves 21 de septiembre.

Muerto es aquel al que nadie recuerda. Por eso, cada vez que Callejeros suba a un escenario, todos los pibes que murieron en Cromañón van a estar presentes”, dijo el Pato en el estadio cordobés, el jueves 21 de septiembre.

A las cinco de la tarde, Patricio Fontanet, al frente de Callejeros, salió al escenario y recibió la ovación de veinte mil personas.

A las cinco de la tarde, Patricio Fontanet, al frente de Callejeros, salió al escenario y recibió la ovación de veinte mil personas.

El Chateau Carreras a pleno.

El Chateau Carreras a pleno.

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