«Estamos tratando de que el amor se transforme en una amistad especial» – GENTE Online
 

"Estamos tratando de que el amor se transforme en una amistad especial"

A esta historia (¿interminable?) hay, ya, que ponerle almanaque, aunque sus protagonistas no la vivan ni la cuenten en esos términos. Almanaque, digo, porque los años -los cabalísticos siete-, el vasto mapa (Buenos Aires, Punta del Este, Miami, París…), los hola y los adiós y otra vez los hola y los adiós, las docenas de docenas de rosas amarillas, las muchas velas que iluminaron tantas noches, los tantos maderos que ardieron en las chimeneas, más las infinitas burbujas de champagne y las infinitas uvas que urdieron cierto aterciopelado vino, empiezan a mezclarse en un complicado puzzle, y ni redactor ni lector encuentran la punta del ovillo, la palanca de este telón que nunca bajó del todo.

PRIMER CLIC. Punta del Este, noche del 14 al 15 de
noviembre del 97. Inauguración del hotel casino Conrad.
Ella -codos sobre la mesa, manos cruzadas en V- sonríe.
El -manos sobre la mesa, apenas juntas- está muy serio.
Los dos miran hacia el mismo punto, donde algo sucede.
De pronto, clic. GENTE. Primera foto juntos. Después, el
epígrafe ad hoc terminará así: "El le regaló un reloj".

PARIS, INVIERNO. Ultima semana de enero del 98. Ella, sentada en esa cama de dos metros por dos de esa suite de 1.200 dólares la noche (números 615-616, hotel Le Bristol), rodeada de bolsas de marcas top y ya sin botas -la jornada de shopping ha sido tan intensa como el aguacero que golpea en los vidrios- habla con GENTE del hombre que se fue, y del hombre que está llegando. O que ya llegó, porque la
confesión, no por breve, es menos clara: "Me gusta, me cuida, me sorprende, me hace sentir bien". A esa hora, el hombre que la cuida y la sorprende está en la suite de al lado: la 614. Más tarde recorrerán París en un Mercedes Benz.
Luego, ese 98, y el 99, y el 2000, y el 2001, y el 2002, serán
refulgentes: viajes, negocios, fotos a toda hora y en todo
lugar, reportajes, regalos. Todo, sin que las rosas amarillas llegaran
a marchitarse, porque a cada ramo sucedía otro y otro.

EN VIVO Y EN DIRECTO. Buenos Aires, octubre, 2003.
Susana Giménez, el programa leyenda, el programa mito de
la tele nativa, se abre con un gran primer plano de ella y una
confesión-telegrama: "Después de seis años de amor, mi relación
con el señor Jorge Rodríguez ha terminado
". Más tarde,
fuera de cámara, dirá: "Tengo una carrera, una edad y una
relación tan íntima con el público, que no puedo engañarlo ni
escamotearle un episodio tan importante y tan doloroso de
mi vida. Por eso salí al toro y dije estrictamente la verdad. La
relación con Jorge fue la más respetuosa que tuve en mi vida.
Y descubrí, por primera vez, que una historia de amor puede
terminar sin peleas, sin locuras, sin estupideces, civilizadamente.
Con Jorge no nos ataban papeles, libretas, nada.
Sólo el sentimiento. Por eso todo esto es tan doloroso, y
cuando hablo de él tengo ganas de llorar. La crisis empezó
hace unos ocho meses. Fue una grieta primero, y un abismo
después, en los proyectos de vida de ambos, y entonces empezaron
los silencios y los tiempos muertos
".

PUNTA DEL ESTE, PRIMAVERA. Sábado 8 de noviembre,
diez y media de la mañana. A un mes de la separación,
ella llega a Yellow Rose, la chacra de él, desayuna,
monta en un tractor y corta el pasto, y lo espera. El llega a
la medianoche. Se abrazan muy fuerte. El lunes, cuando
vuelven, él declara: "No necesitamos reconciliarnos, porque
nos queremos
", y ella, "Nos queremos, eso no se discute.
Esa medianoche, al verlo, sentí que el suelo temblaba
bajo mis pies. No sabemos si la separación es definitiva…
".

LOS IDUS DE MAYO. ¿Nunca segundas partes fueron
buenas? Hum…: según y conforme. Medio año después de aquella medianoche y aquella larga noche juntos, el viernes 22 de mayo, abrigados como para un tour siberiano,
remontaron vuelo -avión privado contratado por
él- desde Aeroparque Jorge Newbery, tocaron tierra en
Punta del Este, y… No: esta vez no hubo medianoche,
temblor de piso ni amanecer bajo el mismo techo. Agenda
de él: varias reuniones de trabajo. Agenda de ella:
buscar chacra y casa para comprar e inaugurar en el
verano. Sólo compartieron un asado en la ya nostálgica
Yellow Rose, y el lunes bajaron del mismo avión que los
llevó, y se despidieron. Antes, en la hora y media de vuelo,
jugaron a las cartas. Sólo a las cartas.

ULTIMO MOMENTO. Buenos Aires, junio, jueves 24.
Ella y él hablan por teléfono, como casi siempre. El la invita
al teatro El Nacional para ver una función privada de Pinocho,
un niño de verdad, la obra teatral que produjo. Ella
acepta. El viernes 25 a las dos de la tarde, después de almorzar
juntos, se sientan en la fila 14 y, tomados de la
mano, siguen las aventuras y las desventuras del célebre
muñeco de madera. Testigos: apenas veinte almas -invitados
especiales- en la penumbra… Después, él la lleva en
su auto hasta los estudios de Martínez -ella tiene una reunión
con su equipo de producción-. El sábado, ella viaja a
Punta del Este y él se queda en Buenos Aires. Punto.

DETRAS DE LA ESCENA. Pero esa breve historia, esa
hora y media de manos cruzadas y cabezas juntas en la
fila 14, fue apenas el boceto, el flash de una historia que,
ya en su quinta etapa, tiene largos metros de tela para
cortar, y que GENTE, rastreo mediante, testimonios de íntimos
mediante, puede contar así, y jura que es la verdad,
toda la verdad y nada más que la verdad (por ahora…).
Susana y Jorge hablan por teléfono casi todos los días. Esta
vez (la tarde de El Nacional), según cuentan testigos altamente
calificados (lugar común de la crónica política, pero muy
cierto en este caso), él la llamó para pedirle juicio y consejo sobre
Pinocho, y les dijo a sus amigos: "¿Cómo no voy a pedirle
consejo? Yo, como productor, estoy en mis comienzos, y ella
es la máxima estrella del espectáculo argentino. No me equivoqué:
me marcó cosas, hizo comentarios muy inteligentes
sobre el sonido, la iluminación, la actuación, y hasta me dijo
que en las vacaciones de invierno iría de incógnito a ver la obra
otra vez. Después, el fin de semana, me llamó para saber cómo cómo
había andado la taquilla
". Juran esos mismos testigos que,
como una cosa trae la otra -vieja verdad de abuelas y de tías-,
le preguntaron por lo otro, y que les dijo: "Estamos tratando de
que el amor se transforme en… una amistad especial, y que
en el camino no se pierda nada. Por eso nos hablamos, nos
deseamos suerte en cada cosa que emprendemos y… sí: nos
tomamos de la mano. Lo nuestro nunca fue La guerra de los
Roses, no. Nunca hicimos nada que ofendiera ni lastimara al
otro, y así vamos a seguir. La relación, hoy, después de tantas
idas y vueltas, es de gran respeto, y con libertad mutua. Tenemos
una convivencia muy civilizada, cada uno en su casa, pero
con muchos encuentros apasionados. Y siempre quedamos
en lo mismo: en seguir viéndonos. Creo -creemos los
dos- que la relación cambió para mejor, porque es igualmente
fuerte… pero más realista. Tanto, que en materia de amor,
acordamos no hacerle al otro ninguna pregunta sobre el pasado…
ni sobre el presente". Ella, cuentan los íntimos confesó:
"Me gusta. Me cuida. Nadie me hace sentir como él
". Casi las
mismas frases que pronunció cuando el amor recién empezaba.
"Es que el sentimiento no cambió", sintetizó Susana.

LA NARIZ DE PINOCHO. Retroceso en el almanaque. Viernes
25, dos de la tarde, fila 14 de El Nacional otra vez. Ella y él
miran el musical. Brian Vainberg es Pinocho, Roberto Cattarineu
es Gepetto, Carlos March es El Grillo, los veintitrés bailarines
se mueven con los pasos marcados por el coreógrafo Hugo
Gómez y al son de la música que dirige Gerardo Gardelin,
etcétera. Datos oficiales. Pero ella y él, en la fila 14, siguen tomados
de la mano, y juntas las cabezas. Es posible -es seguro
- que después hablen de producción, dirección, luces, sonido,
taquilla y compañía. Pero (bien se sabe) el lenguaje es un
consumado travesti: lo que se habla nunca es lo que se dice.
Y si ella y él, bajado el telón sobre las andanzas del muñeco
que urdió Carlo Collodi en la mitad se siglo XIX, juran que
sólo se sentaron en la penumbra sólo y nada más que para
juzgar la obra, sus respectivas narices se alargarán más y más
y más. Como a Pinocho cada vez que mentía.

… ¿más que antes? Susana y Jorge, de la mano, en la fila 14 de <i>El Nacional</i>, el viernes 25. El después le confesaría a sus íntimos: La relación cambió para mejor, porque es igualmente fuerte... pero más realista."">

… ¿más que antes? Susana y Jorge, de la mano, en la fila 14 de El Nacional, el viernes 25. El después le confesaría a sus íntimos: "La relación cambió para mejor, porque es igualmente fuerte... pero más realista."

Después de festejar el final de la obra, y sin ocultarse ni separar sus manos, Jorge y Susana salieron del teatro. Ella elogió el espectáculo: Hay magia, ilusión,
efectos audiovisuales maravillosos, y una súper producción". Y le dijo a Jorge:
"Se nota que le pusiste todo tu amor, porque salió divina".
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Después de festejar el final de la obra, y sin ocultarse ni separar sus manos, Jorge y Susana salieron del teatro. Ella elogió el espectáculo: "Hay magia, ilusión,
efectos audiovisuales maravillosos, y una súper producción
". Y le dijo a Jorge:
"Se nota que le pusiste todo tu amor, porque salió divina".

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