“En la noche de bodas, más que aplicar mis conocimientos, vamos a necesitar dormir” – GENTE Online
 

“En la noche de bodas, más que aplicar mis conocimientos, vamos a necesitar dormir”

Y ustedes ya le pusieron nombre a sus órganos genitales?
Alessandra: Todavía no.
John: Tampoco yo. Aunque sería una excelente idea.
Alessandra: Suelen obtenerse nombres bastante originales.
John: ¿Por qué consultas?

–Quería saber qué opinaban ellos respecto de esta sorprendente boda.
Alessandra
: Puedo garantizar que se encuentran encantados.
John: Se llevan de maravilla.
Alessandra: ¿Te escuchaste, Negro? Y pensar que eras conservador y reservado. ¿Recuerdas?
John: Lo recuerdo… Sucede que a tu lado es imposible no aprender, Alessa.

Ni ruborizados, ni colorados, ni titubeantes. Si hoy, sábado 19 de mayo, a la hora 12:42, en la cafetería del hotel Emperador, y entre una lágrima humeante de Alessandra María Rampolla de Saavedra (25/3/1974, San Juan de Puerto Rico) y un café con leche de John M. Hernández Vázquez (12/4/72, mismo lugar) a ambos algo les sale natural, es hablar de sexo. Incluso cuando encontrarlos en la Capital Federal de la Argentina representa un hecho inusual: su próximo casamiento, para el cual viajaron, vía Miami, con 80 personas, entre familiares, parientes y amigos.

Nos ligamos por Civil el viernes 19 de enero en la casa de mis padres”, comparten mientras relatan la historia de semejante decisión. “Me casé en la sala donde de pequeña andaba en pijama. Pensábamos que consistiría en un trámite de firmar el papel y…”. “Somos muy dramáticos –la socorre John–. Y lo somos porque vivimos la vida intensamente”. “Cuando nos peleamos, nos matamos –admite Alessandra–, y cuando estamos bien, también nos matamos, pero de amor”, apunta antes de explicar: “¿Por qué nos casamos en tu país? Los dos tenemos una gran influencia religiosa. Nuestros padres no se han divorciado. Dimos vueltas, cambiamos fecha en cuatro ocasiones. Hasta que vinimos en abril de 2006. De recorrida, un domingo entramos a la Iglesia del Pilar, y tras la misa nos sentamos en unos bancos. De repente John me propuso: ‘¿Si nos casamos por Civil en Puerto Rico y por Iglesia en la Argentina?’. Le contesté: ‘¿Estás loco? Pensaba hacerlo en San Ignacio de Loyola, la parroquia de mi infancia’. Y él retrucó: ‘¿No es éste tu segundo hogar desde 2001? ¿No destacas grandes amistades aquí? ¿No resultaría hermoso traer a la familia y que repitan nuestra experiencia?’. Y acepté”, se guiñan los ojos.

–Arrancamos por el final. Retrocedamos hasta los inicios. ¿Cómo se cruzaron sus caminos?
Alessandra: Nos topamos el 22 de octubre de 2005. Una amiga mía, Mary Luci, que ya vino para la boda, transitaba un momento dramático, puesto que su esposo la había dejado el día que se enteró de que estaba encinta de su segundo bebé. Así que decidió llamar a sus mejores amigas para festejar el cumpleaños. Quería encontrarse en Solei, una barrita playera que visitábamos cuando cursábamos la escuela superior. Fuimos y, ahí sentado, John tomaba una cerveza. Nos presentaron y… ¡flechazo! Al par de meses estábamos comprometidos.
John: Me sedujeron su espontaneidad, su honestidad y su transparencia. Se desvive por la familia, por las amistades; le gusta compartir. Aparte, la vi y me dije: “¡Guau! ¡Qué linda!”.
Alessandra: A mí me cautivó su sencillez. En Puerto Rico hay mucho hombre snob que anda con su BMW, exhibiéndose de no sé qué. Esa noche se juntó un grupo grande, y a John no le costó nada integrarse. Transitados los días me di cuenta de su nobleza. Yo venía de una serie de relaciones, aunque nunca nada así. Quizá por eso no me entusiasmaba pensar en compartir mi futuro con alguien.

–¿Cifras? ¿De cuántos noviazgos venían?
John: Yo, sólo de tres.
Alessandra: Yo, de más de tres (carcajada). Soy enamoradiza. Siempre tuve algo en la mirilla.
John: Porque eres irresistible.
Alessandra: Si bien jamás una relación tan intensa…

–¿Prefieren que me retire?
Alessandra: No, no. Ni hablar de su talento musical. Un as de la conga.

–Ambos se buscaron una pareja bastante original…
John: Cuando me crucé a Alessa no sabía que era sexóloga. Ella escribía para un rotativo importante que yo no leía.
Alessandra: Una roca el chico. Todos sabían quién era yo.
John: Cuando me enteré de su actividad, me mostró unos programas y me sorprendió. “O.K. Esta es tu profesión… Déjame aprender”, le pedí. Así me enseñó que la sexología contribuye a que la gente se sienta plena con su cuerpo y pueda disfrutarlo. También me ayudó a abrirme frente al tema, a no temerle.

–¿Le ayudó con teoría o con práctica?
John: Al mes empecé a quedarme en su casa, y a los dos meses la auxilié a mudarse de departamento, aproveché y me establecí. Así que imagínate. He evolucionado pasito a pasito.
Alessandra: Halló en mí a alguien explosiva, y supimos acceder al término medio. Es mi cable a tierra, y yo, su inspiración para que sueñe y sea un poco loco. En serio: le chocaba hablar con su grupo de amistades sobre la sexualidad.
John: ¿Y sabes qué me contestaba si le acercaba dudas? Que buscara las respuestas en la página 12, o 21, o 45, etcétera, de su manual Sexo… ¡¿Y ahora qué hago?! En serio, lo genial es que sabe separar su rol profesional de su rol de novia y ahora, de esposa.
Alessandra: Sí, al final del día él no se acuesta a dormir con la sexóloga.

–¿Planearon cierta abstinencia para llegar entonados?
Alessandra: Oficialmente, no. ¿Deseas abstenerte hasta el jueves, John?
John: ¿Eh? Cuesta…

–Porque, además, su futura mujer bajó unos kilitos, ¿verdad?
Alessandra: Para el enlace, treinta libras, el equivalente a trece kilos y medio. Me gusta cómo estoy. He tenido todos los tamaños del universo. A pesar de que aquí no me vieron, era muy delgadita. Adelgazar también pasa por la salud, no sólo por la estética. Como menos, y saludable. Contraté un servicio de viandas de porciones pequeñas, que combinan proteínas y carbohidratos.
John: Y está caminando de manera intensa.
Alessandra: Además, John se compró una bicicleta elíptica y la deja frente al televisor, para que yo me tiente. Es complicado mantener una regularidad alimenticia cuando viajas. Sin embargo ahora, por ejemplo, si vamos a comer afuera, nos pedimos un plato y lo compartimos. Aún anhelo bajar algunos kilos extra.

–Sexualmente, ¿se siente mejor?
Alessandra: Lógico. Perder peso y el ejercicio lo torna a uno más enérgico, activo, lo potencia.

–La pregunta del millón, la que cualquier periodista estaría esperando formular desde el inicio de la nota. ¿Cómo será la noche de bodas? Uno imagina que Alessandra desplegará su arsenal completo.
Alessandra: ¿Noche? Planeo reír, bailar y divertirme hasta que el sol suba bien arriba.
John: Lo mismo yo.
Alessandra: Seguro, más que aplicar mis conocimientos sobre sexo, vamos a necesitar dormir.
John: Al despertar, hablaremos.
Alessandra: Perdón si te hemos decepcionado…

–Quizá podrían mentir un poco…
Ambos: (Tentados) Si lo deseas, te platicamos sobre la importancia del sexo en el matrimonio.

–Bué.
John: Un aspecto clave. Igual, requiere que venga acompañado por ternura y comunicación, entrega incondicional, detallecitos. Ella es muy detallista.
Alessandra: Yo lo defino como “selección emocional”. Y John es excelente en esto, súper romántico. También me alecciona bastante.
John: Cinco minutos explicándolo yo y viene la sexóloga y lo sintetiza en un suspiro.
Alessandra: Ocurre que también es relevante lo que sucede fuera de la relación sexual. Por eso trabajamos fuerte la relación de pareja. Sabemos que habrá conflictos, y será normal. Y lo trabajamos, porque en el momento de la intimidad pretendemos comunicar cariño, amor, pasión, lujuria, dientes y calor. Uno no debería darse un revolcón porque sí. Debería haber otros matices, que yo siento que con John los tenemos.

–No podemos terminar sin un último interrogante de sexo, indirecto pero de sexo al fin… ¿Se viene el hijo?
Alessandra: Quizá inmediatamente no, pero llegué a los 33 años y tampoco puedo esperar tanto.
John: Verdad. Yo, con 35 ya, no quiero ir a buscarlo a la escuela y que le consulten a la salida: “Oye, ¿ése es tu abuelo?”. “En la noche de bodas, más que aplicar mis conocimientos, vamos a necesitar dormir”

“En la noche de bodas, más que aplicar mis conocimientos, vamos a necesitar dormir”

“Cuando nos peleamos, nos matamos, y cuando estamos bien, también nos matamos, pero de amor”, afirma la conductora presentando en sociedad a John, el muchacho con el que vino a contraer matrimonio.

“Cuando nos peleamos, nos matamos, y cuando estamos bien, también nos matamos, pero de amor”, afirma la conductora presentando en sociedad a John, el muchacho con el que vino a contraer matrimonio.

“Trabajamos fuerte la relación de pareja, porque en el momento de la intimidad pretendemos comunicar cariño, lujuria. Uno no debería darse un revolcón porque sí. Debería haber otros matices.Yo siento que con John los tenemos.”

“Trabajamos fuerte la relación de pareja, porque en el momento de la intimidad pretendemos comunicar cariño, lujuria. Uno no debería darse un revolcón porque sí. Debería haber otros matices.Yo siento que con John los tenemos.”

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