En la gracia de Dios – GENTE Online
 

En la gracia de Dios

Catedral de St. Jacobskerk, cuarenta y cinco minutos después del mediodía.
Misma agua, mismo río. Otro bautismo. Agua del río Jordán, obsequio de tres
amigos de Guillermo Alejandro -un palestino, un jordano y un israelí, nada
menos-, donde Cristo fue ungido por San Juan el Bautista. Y la princesa
Catharina Amalia de Orange Nassau -la que heredará el trono de Holanda algún
día, la primera reina con sangre argentina-, con sus padres y padrinos. Ella,
calladita, sonríe. Ni una lágrima siquiera, mientras el ministro Carel ter
Linden, el mismo que unió a Máxima y a su príncipe aquel 2 de febrero de 2002,
vierte el agua en su frente sobre la pila bautismal de cobre y piedra caliza. Y
pregunta: "¿Por cuáles nombres esta niña será conocida ante Dios y los hombres?"
Guillermo Alejandro responde: "Catharina Amalia Beatriz Carmen Victoria".

Siete meses pasaron desde su nacimiento. ¿Por qué no fue bautizada antes la
heredera del trono? La respuesta es simple: dos cuestiones de Estado se
interpusieron en el camino. Primero, la boda de su tío, el príncipe Juan Friso
-quien abdicó su derecho al trono y su pertenencia a la Casa Real para casarse
con Mabel Wisse Smit, ya que el parlamento holandés había objetado ese
matrimonio por los antecedentes de la familia de la novia-. Y luego, la muerte
de su bisabuela, la princesa Juliana, madre de la reina Beatriz, fueron demora
suficiente.

LA FUERZA DE LA TRADICION. A cada paso, hay una historia. Como en el vestido
mismo que usó Amalia, confeccionado hace unos 120 años, y que fuera empleado
para bautizar a cada futuro rey de Holanda. Fue creado en 1880, con 1,80 metro
de encaje de Bruselas, y decorado con el escudo de armas de los Orange Nassau.
Con él fueron bautizadas las reinas Guillermina, Juliana, Beatriz y el príncipe
Guillermo Alejandro, en septiembre de 1967, también en la catedral de St.
Jacobskerk. Por demás, Catharina Amalia tuvo cuatro padrinos y dos madrinas.
Otra vez, la tradición toca la puerta, en una vieja costumbre de la Casa Real,
que invita a amigos de la pareja real y personalidades clave de la política
holandesa. Sus padrinos europeos fueron la princesa Victoria de Suecia -ahijada
de la reina Beatriz, y responsable del último nombre de Amalia-; el príncipe
Constantino, hermano menor de Guillermo Alejandro; Herman Tjeenk Willink,
presidente del Consejo de Estado holandés; y el empresario Marc ter Haar, íntimo
de Guillermo Alejandro desde sus días de estudiante en la Universidad de Leiden.
Y por supuesto, padrinos argentinos: su tío, Martín Zorreguieta -que viajó
acompañado de su mujer, Mariana Andrés, vestida por el diseñador Benito
Fernández como su suegra, María del Carmen-, y Samantha Deane -la mejor amiga
argentina de Máxima desde los días del colegio Northlands, hoy baronesa de
Rengers-.

Máxima y Guillermo Alejandro, con la tradicional vela y su hija en brazos, minutos antes de la bendición. Junto a ellos, Samantha Deane, baronesa de Rengers, la amiga argentina de Máxima y madrina de la beba.

Máxima y Guillermo Alejandro, con la tradicional vela y su hija en brazos, minutos antes de la bendición. Junto a ellos, Samantha Deane, baronesa de Rengers, la amiga argentina de Máxima y madrina de la beba.

 Amalia, te deseo la modestia para reconocer tus propios errores y aprender de ellos" (Martín Zorreguieta, su tío y padrino)">

"Amalia, te deseo la modestia para reconocer tus propios errores y aprender de ellos" (Martín Zorreguieta, su tío y padrino)

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