“En este libro me voy a mostrar como nunca me mostré… por dentro” – GENTE Online
 

“En este libro me voy a mostrar como nunca me mostré… por dentro”

"Me largué a llorar y, te aseguro, no podía parar”, confiesa contracturada y acelerada, con esa cara que dan ganas de consolar. Y, sin necesidad de consultas, explica el porqué de su llanto: “Resulta que acababa de salir de Editorial Atlántida luego de ver la tapa firmada por mí, escuchar que iba a presentar el ejemplar en la Feria del Libro y evocar lo que el mismo generó en mis hijos, en mi familia y en mi mamá, cuyo padre también es protagonista. De repente, ya en la camioneta, me entró un llamado al celular: ‘El martes sale tu nuevo capítulo de Mujeres asesinas’. Y a continuación, tras poner el guiño, un mensaje: ‘El jueves y el viernes tenés que probarte la ropa, porque el lunes arrancás las grabaciones de Amas de casa desesperadas’. Doblé y chau; descubrí mi rostro sonriendo desde el cartel de agua mineral Ser. ¡Ahí estallé! Demasiadas cosas fuertes juntas. Se me cortó la respiración ante la multitud de emociones. Me largué a llorar y, te aseguro, no podía parar”, repite. “No sé si tengo el cuerpo preparado para tanto”.

–Disculpe el atrevimiento, pero no le veo nada mal preparado el cuerpo, Araceli.
–¿Vamos a hablar de mi cuerpo? Hoy no, por favor. Vengo a presentar un cuento para niños (risas).

–Cierto.
–Aunque…

–Aunque…
–Aunque en este libro me voy a mostrar como nunca me mostré.

–¿Ajá?
–…Por dentro. Y da mucha vergüenza liberar sentimientos, volver atrás la historia. Da más pudor escribir sobre el interior de uno que sacarse la bombacha para hacer una escena fuerte. Te aseguro que no resulta fácil hablar de temores propios.

–¿Sabe qué me preguntó mi hija Lola cuando le acerqué el cuento?
–¡¿Qué edad tiene Lola?! ¡¿Qué te preguntó?! Me interesa.

–Tres años y once meses, y de entrada quiso adelantarse: “Papá. ¿en este cuentos hay motios (Nota del redactor-padre: “monstruos”)?”
–Genial, ellos, los chicos de tres o cuatro a siete u ocho años tendrán el veredicto final. Su opinión es la que escucharé de manera especial. Si el libro les gusta a ellos, respiraré chocha. Ahora, ¿qué le respondiste a Lola?

–Le contesté que algunos motios había, aunque terminaban siendo motios buenos. ¿Cometí algún grave error de apreciación, según la responsable?
–No, monstruos siempre hay. En la cabeza y corazón de los chicos y de los grandes. Es más, cuando llegué a Atlántida para charlar la idea de publicar un libro, pretendía escribir sobre la mujer, basándome en lo que me había pasado y en lo que había investigado y charlado con mi psicóloga. Una especie de biografía interna. ¿Y cómo pensaba titularlo? Entre ángeles y vampiros, puesto que, según considero, en la vida están los que te chupan la sangre y te dejan morir, los que te chupan la sangre y luego intentan sanarte y los que están al lado tuyo y te protegen siempre. Mientras explicaba mis intenciones, mencioné además que solía escribir Cuentitos para Toto –así los bauticé– destinados a mi hijo. Prendió la idea y me propusieron una obra para chicos. Era septiembre de 2005 y ese fin de semana, no me preguntes cómo, pero salió la personajita Ada.

–¿Perdón?
–Ada.

–¿O Ara?
–Quería un nombre corto y bello, mezcla de hada madrina y Araceli. Y admito que es una pequeña Araceli, con los miedos que penaba y quizá sigo penando. Ejemplo: que apareciera algún monstruo o motio debajo de la cama o en el placard, como sucede en la película Monsters, Inc. Aún hoy no puedo dejar abierto ningún placard.

–Cuéntenos qué opinó Tomás (7) cuando se lo leyó.
–Murió. Le fascinó. Lo que en verdad le preocupa es no tener ningún amigo imaginario, como la Matilde del libro. Y, ansioso, pretende encontrarlo. A mí me encantaría que lo halle, así podrá dormir solo en su habitación, cosa que no ocurre. Pero en serio, le encantó. Tanto que me da ideas para armar una probable segunda parte referida al mar. Como también le teme al agua, me asesora desde su edad, su mentalidad y su inspiración. “Ojo que el tiburón no ataca, eh, mami”, me alerta. Venimos investigando. Después, se edite o no –porque igual continuaré imaginándolos para los chicos de la familia–, vendrá Ada y la cuestión de los dientes, Ada y el parto, Ada y los miedos recurrentes de los chicos, en resumen.

–Sin resumir, revélenos qué otros miedos sigue conservando usted.
–Seguro, a la oscuridad. Tengo una linterna sobre mi mesita de luz, para prevenirme en caso de corte. Mi hijo y mi hija (la Tota, Florencia, 17) son iguales. Dormiemos con la luz del baño prendida y la puerta entornada. El que nos visita debe adaptarse. O que venga de día.

–Hablemos del famoso temor a la soledad de Araceli. ¿Persiste?
–Hasta ahí. En el último tiempo lo coloqué en otro lugar. A la soledad ya no la siento tan mala compañía.

–Habrá escuchado que los argentinos típicos, ávidos por calificar y generalizar, ya empezamos a definirla como la Joanne Kathleen Rowling argentina, la Madonna del oeste bonaerense, y demás. ¿Qué le producen las comparaciones? ¿Quién es Araceli González en realidad: la sumisa Irma que acaba de sumar 24,3 puntos de rating en Mujeres asesinas, la sexy Gabriela Solís que comenzó a componer en las grabaciones de Desperate housewives versión nacional (ambos programas de Canal 13 y producidos por Pol-ka) o la autora que el sábado les firmó libros a los bajitos en el Predio Ferial de Palermo?

–Soy todo eso menos una asesina… si bien en ocasiones tengo ganas de matar a alguien. Siento que éste es mi mejor momento, el más pleno, por edad, por experiencia, por hijos, por vida, por trabajo, por todo. Así que aunque lo de Rowling, la creadora de Harry Potter, me parece demasiado, y si bien ambas arrancamos –ella en la literatura y yo en el modelaje– peleándola bien desde abajo, que me comparen al menos me divierte. Y en cuanto a Madonna, ya es un lujo: la descubrí dos años atrás durante un show en Miami, y la energía que me transmitió jamás me la generó ninguna otra persona. ¡Jamás! Su imagen como mujer es fuertísima.

–Para terminar: ¿su vida es un cuento?
–Todas las vidas son un cuento.

–Y al final del cuento de su vida, ¿habrá beso entre la princesa y el príncipe?
–¡Quién podría prestarme la bola de cristal! Ojalá el cuento de Ara sea como el Ada, con un final feliz.

“<i>Los chicos de tres o cuatro a siete u ocho años tendrán el veredicto final. Su opinión es la que escucharé de manera especial. Si la obra les gusta a ellos, respiraré chocha</i>”, sostiene la ahora escritora.

Los chicos de tres o cuatro a siete u ocho años tendrán el veredicto final. Su opinión es la que escucharé de manera especial. Si la obra les gusta a ellos, respiraré chocha”, sostiene la ahora escritora.

“<i>Admito que mi personaje del libro es una pequeña Araceli, con los miedos que penaba y quizá sigo penando. Ejemplos: aún hoy no puedo dejar abierto ningún placard. Y duermo con una linterna sobre mi mesita de luz</i>”

Admito que mi personaje del libro es una pequeña Araceli, con los miedos que penaba y quizá sigo penando. Ejemplos: aún hoy no puedo dejar abierto ningún placard. Y duermo con una linterna sobre mi mesita de luz

La actriz el sábado, durante el lanzamiento de Ada, el jardín y los miedos en la Feria del Libro. Junto a su ahijada Francesca, su hijos Flor y Tomás, su sobrino León y Adrián Suar.

La actriz el sábado, durante el lanzamiento de Ada, el jardín y los miedos en la Feria del Libro. Junto a su ahijada Francesca, su hijos Flor y Tomás, su sobrino León y Adrián Suar.

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