«En este atentado le vi la cara a la muerte» – GENTE Online
 

"En este atentado le vi la cara a la muerte"

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"En las últimas cuatro noches sueño que rescato gente de entre los escombros, que esquivo cosas que me caen encima. El viernes a las nueve de la mañana nos dijeron que saliéramos de
Ground Zero, que así llaman al lugar del desastre. Entonces volví caminando bajo la lluvia hasta mi departamento. Son 80 cuadras, pero necesitaba limpiarme, ver cosas lindas. Te juro que ahí, donde estaban las Torres Gemelas, le vi la cara a la muerte. Y no hacía falta encontrar pedazos de cadáveres para eso...".

Alejandra Ciappa mueve sus larguísimos brazos y habla. Vomita las palabras con las que necesita expulsar los fantasmas que la habitan desde el martes 11 de septiembre a las 8:42, cuando su sueño americano, que acunaba desde hacía un año y medio, se transformó en pesadilla. Ofrece un mate dulce en su departamento de un ambiente en la elegante zona oeste de Manhattan, por el que paga 1.100 dólares al mes, y sonríe... "¿Hablo mucho? Todavía no me aflojé -confiesa-. Pero gracias, me hacía falta charlar con un argentino...". 

Esta médica tandilense de 30 años, que se recibió en 1999 en la Universidad de La
Plata
, hoy trabaja en el equipo de investigación del Proyecto Alzheimer que encabeza el doctor Ben Tycko en la Universidad de Columbia. Y estuvo asistiendo heridos durante tres días eternos. Setenta y dos horas en el infierno. Estaba en su laboratorio, rodeada por la asepsia de tubos y pipetas cuando todas las radios, todos los televisores y todos los teléfonos decían que un avión, y luego otro, se habían estrellado contra las Torres Gemelas. Un lugar especial para ella.

"Cuando vine a Nueva York por primera vez, con mi hermana Jessica, lo hice para practicar inglés. Mis padres me regalaron el pasaje después de recibirme. Bueno, siempre íbamos a bailar al piso 107 de las Torres", cuenta. Ese recuerdo, su primera y festiva rutina neoyorquina, la hicieron dejar sus clonaciones de ADN (a eso dedica horas) e informarle a su jefe que quería ir a ayudar. Después de todo, si había cambiado las pasarelas de su breve etapa como modelo de Ricardo Piñeiro por los laboratorios de medicina, había sido, también, para actuar en un momento como este. "El año pasado fue especialmente duro para mí. Conseguí la visa para trabajar y me quedé. Pero me hice el test papanicolau y me detectaron un cáncer de cuello de útero. Me lo traté y cada seis meses me controlo. Gracias a Dios tengo un ciento por ciento de curación, puedo tener bebés (sonríe)...
Pero cada vez que me hago una biopsia tiemblo. Por lo demás, siempre soy optimista. Valoro mucho lo que sea salud, amistad y familia. Le agradezco a Dios todo lo que me pasa. Y cada cosa mala me deja una enseñanza".

desde Nueva York: Hugo Martin (hmartin@atlantida.com.ar)
y Gustavo Cherquis
fotos: Miguel Rajmil y Jorge Luengo
Apenas se enteró de la masacre, Alejandra se puso a disposición de la Cruz Roja y ayudó en Chelsea Pier. Había cien camillas… Pero fue frustrante porque apenas dos se usaron con sobrevivientes", contó.">

Apenas se enteró de la masacre, Alejandra se puso a disposición de la Cruz Roja y ayudó en Chelsea Pier. "Había cien camillas… Pero fue frustrante porque apenas dos se usaron con sobrevivientes", contó.

El olor era terrible: a mugre, goma quemada, peste, químico. Vos me decís que por televisión no se vieron muertos ni heridos. Es que sólo había restos, pedazos", le dijo Alejandra a GENTE.">

"El olor era terrible: a mugre, goma quemada, peste, químico. Vos me decís que por televisión no se vieron muertos ni heridos. Es que sólo había restos, pedazos", le dijo Alejandra a GENTE.

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