El polvorín del delito – GENTE Online
 

El polvorín del delito

"¡Soy menor! ¡Soy de la Villa 31!", gritó, levantando las manos, mientras su víctima, Eduardo Acosta, se desangraba en el piso del bar
Escorpio (Córdoba 1137, pleno centro, a metros del teatro Cervantes) con un plomo en el pecho que segó su vida en minutos. El asesino, de 17 años, intentó asaltar el bar, Acosta trató de cortarle el paso, y la bala -a quemarropa- bajó el telón sobre otro capítulo de una de las mayores tragedias argentinas: la inseguridad. Y su socia inmediata: la impunidad. Porque el grito del asesino ("¡Soy menor! ¡Soy de la Villa 31!") no fue el
S.O.S. de un delincuente acorralado: fue, claramente, un tétrico salvoconducto. Un modo de decir, después de su crimen: "Soy intocable".

Desde luego, el caso del bar Escorpio no es único. Apenas unos días antes, el inspector de policía Mario Alvarez fue arrojado bajo las ruedas de un tren cuando perseguía a dos asaltantes. Resultado: muerte inmediata. Y muy poco después, informes periodísticos basados sobre estadísticas policiales bautizaron a la calle Brigadier Juan Facundo Quiroga, que nace bajo la autopista 9 de Julio y cubre el tramo
Facultad de Derecho-Canal 7 (muy usado en horas pico, cuando Del Libertador está muy trabada), como La callecita de los rateros. Pero limitar la delincuencia a esa calle es demasiado optimista. En realidad, toda esa zona es una pesadilla perpetua para los automovilistas y hasta para los que se sientan a leer o pasean a sus perros por el
Parque Thays, que nació como un bucólico espacio verde y hoy es un coto de caza asociado a la droga, el robo y la muerte.


LA VILLA 31.
Nadie duda. La aguja del delito oscila en la brújula, pero acaba por apuntar claramente a su inequívoco Norte: la Villa 31. Cincuenta manzanas, 6 mil familias, 35 mil personas ocultas en ese explosivo laberinto levantado apenas a diez minutos de auto de la Casa de Gobierno
y a menos aún de Retiro, de la Recoleta, de importantes hoteles y zonas comerciales. Un laberinto que veteranos policías no dudan en calificar como "el aguantadero más grande de la Capital". Un aguantadero dividido en dos partes: la 31 (la más vieja: data de hace dieciocho años) y la 31 bis, que contiene el Barrio chino (unos 900 habitantes, y oscuramente famoso por las continuas y violentas peleas), El playón (mil almas hacinadas en una antigua playa de maniobras del ferrocarril), y Manzana 34. En cuanto a la 31 (la pionera), está partida en cuatro barrios: Martín Güemes, Inmigrantes, YPF (sobre un antiguo depósito de esa empresa) y Correo-Comunicaciones.

En estas casas y en estos laberintos se oculta lo peor del delito. Los delincuentes no sólo no se ocultan: confiesan a toda voz sus tropelías, sus códigos secretos y hasta sus siniestros planes futuros. El resto de la población de la 31 los padece.

En estas casas y en estos laberintos se oculta lo peor del delito. Los delincuentes no sólo no se ocultan: confiesan a toda voz sus tropelías, sus códigos secretos y hasta sus siniestros planes futuros. El resto de la población de la 31 los padece.

La Villa 31 se divide en varios barrios. En algunos hay casas de material con balcones. En otros (foto derecha), la gente se hacina en vagones de ferrocarril abandonados. Según la policía (y comprobado por GENTE en su investigación), hay dominadores y dominados, y ni siquiera son ajenos algunos políticos, que instigan a los desocupados actuar en disturbios a cambio de comida y planes sociales.

La Villa 31 se divide en varios barrios. En algunos hay casas de material con balcones. En otros (foto derecha), la gente se hacina en vagones de ferrocarril abandonados. Según la policía (y comprobado por GENTE en su investigación), hay dominadores y dominados, y ni siquiera son ajenos algunos políticos, que instigan a los desocupados actuar en disturbios a cambio de comida y planes sociales.

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