El festival más glamoroso del planeta – GENTE Online
 

El festival más glamoroso del planeta

Luz, cámara, acción… La lenta hilera de 18 autos, vidrios espejados
y banderitas azules avanza a paso de hombre. Basta observar hacia el interior
de las naves para hallar, como abriendo un Kinder, la sorpresa del día.
Y la primera sorpresa se llama Emmanuelle Béart, aquella increíble
diosa de Misión imposible, que arriba al Grand Théâtre Lumière
del Palais, y quince minutos después presenta Les Egarés, de André
Techine. Pero no es la única. Un Rolls–Royce, un Porsche y un Nissan
adelante, mientras larga media mueca al descubrir el Hotel Carlton y el par de
cyborgs que le recuerdan a qué vino, Arnold Schwarzenegger controla sus
ansias por el lanzamiento del trailer promocional de Terminator 3–La rebelión
de las máquinas. Lamentablemente, siete guardias impiden que los turistas
se acerquen a los robots tamaño natural de la vereda, aunque no censuran
a los que pretenden llevarse esos lujosos folletos fílmicos que abundan
en el lobby del ya citado hotel, junto al Martínez y el Majestic, los más
exclusivos de la Croisette; un boulevard de 11 cuadras que se erige a orillas
de la arena tono durazno y los lujosos departamentos de 140 metros tasados, según
la Mangin Immobilier, en no menos de 1,6 millón de euros (5,2 de pesos
argentinos). Baratos, si cotejamos los precios de las fastuosas mansiones situadas
en las afueras. Ejemplo, las que rodean al hotel Du Cap, a un cuarto de hora del
ruido y donde las habitaciones es necesario reservarlas doce meses antes y los
gastos deben pagarse en forma anticipada. ¿Motivos? Bastante convincentes.
Portones adentro, resulta hasta rutinario nadar en la piscina mirando cómo
se broncea Meg Ryan (una de los nueve integrantes del jurado); encontrar sentado
en los jardines a Pierre Brosnan, que como buen espía no deja de pispear
treintañeras; cruzarse un Kevin Costner, sudado tras jugar al tenis; deslumbrarse
con la perfecta cadera de Cameron Diaz en el ascensor, y desayunar a metros de
Nicole Kidman. La Nicole que luciendo un traje de Versace pero sin lucir a Tom
Cruise, se sube al Lincoln Continental que la depositará en la alfombra
roja. La Kidman que conquista en la portada de Studio, una revista que regala
cierta musculosa rosa de dudoso gusto y se vende igual que pan caliente a 3 euros
(3,4 dólares), siguiendo los pasos de la Première, capaz de obsequiar
cierta remera negra también de dudoso gusto, entregando a Keanu Reeves
en la tapa. Ya que estamos, tipo tímido el actor de Matrix recargado, a
quien sólo se le detecta una sonrisa de galán cuando baja la ventanilla
del Aston Martin que lo conduce, firma algún autógrafo con su Waterman
de acero y les guiña el ojo a dos rubias, antes de internarse en “su”
fiesta, coronada por fuegos artificiales en forma de holograma y canciones del
Joe Cocker real –lógico–, y organizada en una carpa de acceso
restringido a cualquier mortal o inmortal sin credencial dorada. Exigencia inexistente
para el aledaño público y gratuito Cinema de la Plage, que acerca
los 52 largometrajes de la competencia a través de una pantalla enorme
erigida sobre la Mer Méditerraneé, y no discrimina topless, nacionalidad
ni chequera bancaria aunque sí obliga a apuntar los sentidos hacia la Costa
Azul y su cielo límpido, bajo el cual cinco docenas de cruceros parecen
exponerse en una concesionaria náutica casi tan inaccesible como las vidrieras
de Vuitton, Ferré, Yves Saint Laurent, Fendi y Hermès, que obvian
los precios de cifras importantes. Otro ejemplo antagónico de este lugar
en el que la dama paqueta de sombrero, vestido Dolce & Gabbana, celular Siemens
SL55 video–minúsculo y pekinés atado a la mesa de Les Pizzan
disfruta una sopa de pescado y un champán Mumm Rosé 69 de 75 cc.,
y los disfruta inalterable frente a los mochileros que mastican la baguette de
pollo y queso y toman una tónica pisando la huella de Sharon Stone –eterna
personnalité de la riviera, al igual que Elton John–, incrustada a
mano en el `92 alrededor de la Esplanade Georges Pompidou. O cuando el productor
–de esmoquin y moño–, y su compañía –de gala
y bañada en el último perfume– se distrae a observar los masajes
thai y las bondades de la capoeira, a espiar el make up de L’Oréal
Paris (la marca de cosmética número uno del mundo, el maquillaje
oficial de las estrellas de Cannes, que cuenta con Andie McDowell y Catherine
Deneuve entre algunas de sus bellas embajadoras) y a dejar monedas en la galera
del tallador callejero ensombrecido detrás de la gigantografía que
prenuncia Charlies’ Angels–Full throttle, y le sirve de resguardo al
bebé italiano, cuyos modernos minilentes de sol no paran de incomodarlo.
Claro que las diferencias de los que tienen mucho y los que quisieran tener mucho
no parecen tales. Todos respiran el mismo aire puro que llega del mar turquesa
y todos escuchan la misma música de compositores cinematográficos
difundida en decenas de altoparlantes. O, en realidad, respiraban y escuchaban.
Porque el domingo se bajó el telón, se retiró la desgastada
alfombra roja del mayor festival internacional del séptimo arte, y Cannes
volvió a la normalidad. The end.

por Leonardo Ibáñez

fotos: Santiago Turienzo, AFP y Leonardo Ibáñez
producción: Sofía Delger
(Enviados especiales a Cannes, Francia)Las hermanas suecas Isabelle y Anky Enskog, invitadas para una producción por la flamante agencia argentina de modelos Multitalent, despiertan pasiones entre turistas y productores.

Las hermanas suecas Isabelle y Anky Enskog, invitadas para una producción por la flamante agencia argentina de modelos Multitalent, despiertan pasiones entre turistas y productores.

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