El día que pisotearon la democracia – GENTE Online
 

El día que pisotearon la democracia

Cuando, en un país democrático, a menos de dos meses de una elección nacional
y en vísperas de una elección provincial, un dirigente político grita a los
cuatro vientos que "O votan los peronistas, o quemamos las urnas", se abren
muchas heridas. Algunas, mortales.

Mortales, sí: no temamos a la fuerza de las palabras. Porque el virtual golpe de
Estado que una patota de gángsters dio el lluvioso domingo 2 de marzo en
Catamarca está mucho más allá de la anécdota, del escándalo, del patetismo, del
republicanismo bananero, de la violencia prepotente, y hasta de la violación de
la ley: esa perpetua contracultura argentina.

El senador Luis Barrionuevo (tristemente notorio por sus frases "Hay que dejar
de robar por dos años
" y "La plata no la hice trabajando", entre otras) fue
inhabilitado como candidato a gobernador por el PJ en tres instancias
judiciales: el 11 de febrero, por el juez electoral de Catamarca, Guillermo
Cerda, "por no tener un mínimo de cuatro años de residencia en la provincia", y
el 18 y el 28 del mismo mes, por la Corte Suprema, que rechazó sus reclamos.

En consecuencia, respecto de su candidatura, Luis Barrionuevo quedó fuera de la
ley por partida triple.

A partir de ese momento, burlándose con descaro de los jueces y sus fallos,
retrocedió hasta los tiempos más negros de la Argentina. Tiempos que, sin duda,
añora: el fraude patriótico de los años 20 (captura de libretas por los
punteros, votos de muertos, robo y destrucción de urnas a sangre y fuego), las
patotas sindicales, las amenazas, los palos, los fuegos, las piedras, las
vidrieras destrozadas, los cortes de calles, el robo de urnas. Y el domingo, en
Catamarca, entre corridas y ruido de redoblantes, dos proclamas (dos alaridos de
barbarie): "¡Aguanten, aguanten, que ya estamos
cerca de la suspensión! ¡Quemen
todas las urnas que puedan, no dejen ninguna!"
.

A las ocho de la mañana, recién abierto el comicio, los piquetes de apaleadores
e incendiarios ya estaban en sus puestos. Y sus planes, perfectamente trazados:
1) prohibir la entrada de los votantes; 2) amedrentar a las autoridades de las
mesas; 3) cortar calles; 4) destruir las urnas que, pese a todo, contenían
boletas de votantes que lograron sortear a las patotas, y 5) quemar urnas y
neumáticos, para que el fuego acrecentara más el miedo de la población (tanto lo
consiguió, que a las diez y veinte de la mañana, cuando el gobierno de Catamarca
suspendió las elecciones, apenas había votado un cuatro por ciento del padrón).

¿Fue lo peor? Por su triste espectáculo, sí. Por el pisoteo de la democracia,
también. Pero no superó, en gravedad, la debilidad del gobernador Oscar
Castillo, la sospechosa indiferencia policial ante el vandalismo, los balbuceos
del secretario de Seguridad, Rafael Caseaux ("¡La policía no me responde¡",
confesó), la ausencia del jefe de Policía, Carlos Carbajal (fue destituido esa
misma noche), y el extraño diálogo telefónico entre el gobernador Castillo y el
presidente Duhalde:

Castillo: -Señor Presidente, ¡le pido por favor que controle a Barrionuevo!
¡Póngale un freno!
Duhalde: -Barrionuevo es un personaje que yo no puedo controlar...

(Cabe aquí un recuerdo: casi al filo de su llegada a la Casa de Gobierno luego
del patético adiós de De la Rúa, Duhalde proclamó: "Puedo asegurarles que no
seré un presidente débil". ¿Podrá sostener lo mismo a partir de la vergonzosa
jornada del domingo?).

Desde el mediodía hasta la noche, ya con las elecciones suspendidas y la
provincia convertida en un caos, mientras un Castillo pálido y desarbolado decía
que "la paz ha sido violentada por grupos armados que llegaron desde la
provincia de Buenos Aires, y mi obligación es preservar la vida de los
catamarqueños", Barrionuevo se erigió en protagonista absoluto (conferencia de
prensa y acto público) y remató así su retahíla de bravatas:

-Yo no necesito de Duhalde ni de Menem. ¡A mí no me manda nadie! El peronismo
irá a las elecciones con la misma lista, ¡o no habrá elecciones!
El previsible escenario no falló, desde luego: caravanas de autos, bocinazos,
bombas de estruendo, banderas, pancartas, cánticos, bombos, todo corregido y
aumentado burlonamente en cada pasada frente a la Casa de Gobierno. De un
gobierno con la cola entre las piernas, y de rodillas frente a un hombre fuera
de la ley y sus grupos de choque.

Mientras, en Buenos Aires, Jorge Matzkin, ministro del Interior, dijo:
-La suspensión de las elecciones fue prudente. El Gobierno nacional está
dispuesto a colaborar para una nueva elección transparente, participativa y en
paz…

Traducción del ciento por ciento de los observadores políticos: "Habrá nuevas
elecciones… ¡pero con Barrionuevo como candidato!".
Con Barrionuevo, que duplicaba o triplicaba su asalto a la ley, a lo guapo,
tratando de convertir su tropelía en un fasto histórico:

-¡Hoy es el día más glorioso de la lealtad peronista! ¡Un nuevo diecisiete de
octubre!

En las calles y en los cafés reinaba también la irracionalidad: se elogiaba a
los piquetes que habían impedido el paso de los bomberos y el gesto "de la
compañera que destruyó una urna en la escuela Clara Armstrong"
, y se festejaba
con risotadas la actitud del diputado radical Horacio Pernasetti, fiscal de la
mesa siete de la escuela Naciones Unidas, quien abrazado a una urna la defendió
del piquete que intentó quemarla.

No fueron las únicas voces. Quizá por primera vez toda la clase política
(izquierda, centro, derecha) repudió el acto de barbarie, lo mismo que los
medios, los observadores políticos, los jefes de empresas encuestadoras y los
constitucionalistas. Por caso, el abogado y profesor de la UBA Félix Loñ, que
cortó hasta el hueso: "Barrionuevo es un delincuente, y no sólo debe ser
expulsado de la Cámara de Senadores: debe ser sometido a un proceso penal por
desobediencia a la autoridad y sedición, ya que se alzó contra una decisión de
la Justicia. Sus argumentos son demenciales: distorsiona los hechos, confunde a
la opinión pública, no respeta a nadie, y le importan un bledo las
instituciones
". Y también la lapidaria opinión de su colega Juan Rago: "Los
sucesos de Catamarca son una expresión más del colapso de nuestro sistema de
representación política. No agrega ningún valor a estas palabras hablar de las
condiciones morales del senador Barrionuevo: él mismo se encargó, con frases
célebres, de dejarlo claro… Las provincias o el Estado Nacional no pueden ser
avasallados por hordas de vándalos… El domingo, la democracia argentina sufrió
un duro golpe. Es de esperar que todos los ciudadanos tomemos conciencia y nos
avengamos a pelear con las armas de la Constitución para terminar con este
rosario de vejaciones y recuperar nuestra dignidad y nuestro futuro"
.

Una opinión tan frontal como autorizada que contrasta hasta el asombro con los
dichos del vocero presidencial Luis Verdi: "Estaba cantado que iba a haber
violencia (¿?). No queremos entrar en debate ni echar leña al fuego (¡¡¡!!!)
porque el Gobierno nacional no tiene arte ni parte en cuestiones de distritos
autónomos (¿¿¿¡¡¡!!!???). Lo que pasó en Catamarca no va a ocurrir en el resto
del país (anuncio muy tranquilizante…). El Gobierno y la justicia de Catamarca
deben permitir que participen todos los candidatos que quieran hacerlo
" (¿Un
tácito apoyo a la candidatura de Barrionuevo? A buen entendedor…).

Queda para este final de nota la síntesis de las declaraciones de Barrionuevo,
hechas muy temprano a Radio Continental, programa RH Positivo (Rolando Hanglin):
"Ayer pasó lo que uno venía prenunciando… Los neumáticos se quemaron, sí, pero
no atentaron contra nadie: fue para llamar un poco la atención… Mañana tengo que
volver al Senado a laburar… Hablan, hablan, porque siempre hay que pegarle a
Barrionuevo"
.
Sin comentarios.

El lunes 3, GENTE llamó siete veces a los cuatro números telefónicos de
Barrionuevo (dos de Catamarca, dos de Buenos Aires). En todos los casos, las
respuestas fueron: "Llame en una hora y media; llame dentro de media hora; llame
en una hora; llame en…"
. En todos los casos, las llamadas fueron hechas
exactamente a las horas indicadas, sin éxito. La última respuesta fue:

-Nooo… El compañero se retiró a su finca veraniega, en la montaña. Ahí no tiene
teléfono…

Un merecido descanso, sin duda.

En una escuela catamarqueña, un secuaz de Barrionuevo arroja al fuego una urna mientras otras van quedando reducidas a cenizas.

En una escuela catamarqueña, un secuaz de Barrionuevo arroja al fuego una urna mientras otras van quedando reducidas a cenizas.

En una conferencia de prensa, define a esa barbarie como

En una conferencia de prensa, define a esa barbarie como "un histórico ejemplo de lealtad peronista y un nuevo 17 de octubre".

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