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Educación, la clave solidaria

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Alrededor de dos millones de argentinos hacen, con frecuencia, algo por los
demás. Ese es un dato que refleja el período de emoción solidaria que se vive
en nuestro país desde hace siete u ocho años, sin embargo, debemos tomarlo
como un punto de partida. Desde la Red Solidaria sabemos que a pesar de las
tantas muestras de compromiso por el prójimo que se concretan, muchas veces,
cuando alguien ve, escucha o lee una nota en la que se describe una carencia, la
emoción lo conmueve pero sólo por unos minutos. El desafío es lograr que ese
sentimiento se prolongue, perdure en el tiempo, y se transforme en compromiso
por el otro
, en lo que nosotros llamamos Cultura Solidaria. Para dar
con ese objetivo, presentimos e intuimos que la clave está en la educación.
Por eso apostamos y tratamos de avanzar a través de todos los aspectos de la
enseñanza.

Al menos cien mil colegios de las grandes capitales del país ya están
realizando actividades solidarias o de servicios. Algunos quintos años, de un
modo conmovedor, además de disfrutar de su viaje de quinto año, dedican siete
días a colaborar con alguna escuela del lugar, o a enfrentar necesidades
especiales de la comunidad. Vemos, entonces, las primeras señales. Damos los
primeros pasos. Las actividades solidarias comienzan a decir presente en las
escuelas primarias y secundarias, en el seno de la educación.

Nuestro compromiso con la enseñanza a través de la Red Solidaria comenzó
cuando fundamos la Cátedra de la Cultura Solidaria. Buscando un
lugar en lo académico, en el pensamiento, en la filosofía y en la educación,
pusimos en marcha un postgrado por el que ya pasaron más de trescientos
profesionales de todas las áreas. No buscamos formar especialistas en
solidaridad. El objetivo es que un periodista, un productor, un arquitecto, un
ama de casa, en fin, cualquier persona, pueda acceder en un cuatrimestre a los
24 temas que conforman el programa.

El segundo paso que dimos fue la apertura de la Red Docente de Cultura
Solidaria
, con el fin de lograr una pedagogía de la solidaridad.
La meta es lograr inculcar el concepto de solidaridad, de prójimo, de
semejante, del otro. Aparte de hacer lo que hacen tantas escuelas, agregar
algún marco teórico pedagógico.

El tercer escalón lo ascendimos con el Programa de Liderazgo y Cultura
Solidaria
. La propuesta surgió a partir de un diagnóstico que nos
indicó que muchos dirigentes políticos cursaron sus estudios en determinados
institutos, del mismo modo que otros tantos referentes de la economía y del
mundo empresarial los completaron en otros. Con esta información decidimos
apostar a futuro ubicando líderes en los últimos años -tercero, cuarto y
quinto- de esos colegios secundarios. Los distinguimos por su generosidad, su
capacidad para los emprendimientos y su nivel académico, con el objetivo de que
los futuros dirigentes políticos, económicos y empresariales, tengan la
semilla de la solidaridad dentro suyo, y no se olviden de la comunidad.

Otra realidad que percibimos es lo difícil que le resulta a la gente aportar
su tiempo. Para resolverlo se nos ocurrió crear una figura que denominamos Orientador
de la Comunidad
, una persona que toma un curso de cuatro clases en las
que aprende todo lo que sabe hacer la Red Solidaria. De este modo, el Orientador
de la Comunidad
se transforma en alguien que sabe cómo actuar cuando se
pierde un chico, cuando alguien necesita un transplante, o cuando la prepaga no
paga un medicamento. El objetivo de este emprendimiento,
el cuarto de la Cátedra, es que en cinco años haya un Orientador
cada mil habitantes en nuestro país. Es un modelo que nos brinda esperanza, que
nos permite soñar con personas que apliquen en cada rincón de la Argentina lo
que nosotros aprendimos durante seis años y medio de experiencia.

El gran desafío de la solidaridad, está dicho, es la educación. La
educación en cuanto al uso de las herramientas que disponemos, en cuanto a
cómo transmitir, en cuanto a cómo organizarse. Y todo ello con un sentido y
un espíritu
. Hay una anécdota que pinta de algún modo cómo intentamos
concebir la Cátedra de Cultura Solidaria y desde qué lugar creemos que
se debe aportar para avanzar en el camino: para armar la cátedra nos juntamos
con siete filósofos de todos los orígenes -cristianos, judíos, agnósticos,
racionalistas...-, buscamos siete bien distintos y nos pusimos a trabajar.
Cuando comenzamos a desagregar los temas llegamos a uno característico, el
hambre, y nos dimos cuenta que necesitábamos alguien que supiera qué es el
hambre y cómo se combate. La respuesta unánime fue que la persona indicada era
Margarita Barrientos, esa gigantesca mujer que alimenta tantos chicos
todos los días. Pero como resulta que ella sólo tiene cursado hasta el
tercer grado
, para incorporarla como docente académica tuvimos que realizar
un documento especial. No había profesionales para eso, sólo una
salvedad pudo permitirnos nombrar como Especialista en
Hambre
a quien mejor la conocía, a quien la había derrotado.

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