“Disfruté de Bariloche como una chica más” – GENTE Online
 

“Disfruté de Bariloche como una chica más”

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Después de más de veinte horas de rodar, el bus estaciona en la calle Mitre 80. Se aprecian ojeras, cansancio y euforia en sus pasajeros: un grupo de egresados que suben rápido hasta las habitaciones del sencillo y cálido hotel Flamingo, para asomarse a las ventanas. Las chicas gritan esa canción que, a esta altura, fue entonada más veces que el clásico de los Stones llamado Start me up. Claro que esta versión es un tanto más básica: “¡Bariló, Bariló, llegamo a Bariló…!”.

Desde la ventana, en la habitación 401, se aprecia a la integrante de la tribu Blogger más famosa del país. Sí, Florencia Kirchner y sus flamantes 18, cumplidos el último seis de julio. Florkey, Bananarepublic o Coffeelove, según los distintos seudónimos que utiliza para identificarse en los fotologs de sus amigas, es una más de las egresadas del Colegio La Salle, de la localidad de Florida, que forman parte de la delegación. La hija de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, grita, canta y se divierte junto a sus amigas inseparables, esas que ella define como “las más íntimas, las que están en todas” y siempre la acompañan en sus excursiones a Pinamar, Río Gallegos, Calafate… y Bariló: Antonella, Agustina y Agostina.

Flor pasea por Bariloche con el look de siempre, ese que los floggers tomaron de Dragon Ball Z: el pelo hacia el costado tapando la mitad de su cara, los chupines y las All Star, si son oscuras, mejor. Llegaron a Bariloche el martes 2 de septiembre, por una semana. Claro que no fue un viaje más, sino el de la hija de la Presidenta: “Yo soy una chica normal. No quiero ningún trato especial, y voy a disfrutar de Bariloche como una egresada más”, explica Florencia.

De boliche en boliche. Con la presidenta en Brasil, Néstor Kirchner dispuso un operativo cerrojo para evitar cualquier tipo de inconveniente en el viaje de su hija. Dos días antes de la llegada de la primera damita a Bariloche, los hombres de la seguridad presidencial ya rastrillaban la zona. Además de su tutora, Anabela, la seguridad impuso nueve men in Black (custodios) que se movían en dos vehículos, un Chevrolet Vectra gris y una Toyota Hilux doble cabina negra. El auto picaba en punta, dos horas antes de la llegada del grupo a cada excursión, para vigilar la zona, mientras la 4x4, en cambio, escoltaba desde atrás a las combis que llevaban a los chicos del colegio de Florida.
Lo más curioso de todo fueron los operativos nocturnos, donde Florencia debe haberse sentido como una verdadera Celebrity, ya que los dueños de los boliches recibían órdenes precisas: “Nada de cámaras ni fotógrafos…”.

El sábado, cuando fueron a bailar a Grisú, frente al lago Nahuel Huapi, el encargado del lugar decidió darles franco a sus fotógrafos oficiales. “Para evitar que se filtre cualquier tipo de material fotográfico”, explicó. Por las dudas, la niña K hizo su entrada triunfal por una puerta lindera. El domingo, el operativo fue igual y Florencia llegó a Rocket por la puerta que da a espaldas del local bailable, sobre la calle España. Pequeñas estrategias para esquivar de manera elegante cualquier contratiempo. En el boliche, que tiene forma de cohete espacial, estuvo junto a sus amigas en un vip reservado para la gente más chic.

Las caraembarradas. El ómnibus lleva a Los Rústicos –como llaman a la división de Florencia por el limitado equipo de fútbol de sus compañeros varones– a Tom Wesley, sobre el kilómetro 16 de la Ruta del Lago, donde los chicos del La Salle van a terminar todos embarrados. Obviamente, en el viaje hay mucho ruido. ¿Los hits preferidos de las chicas? Dejando de lado los de rigor que proponen los coordinadores desde toda la vida, entonan aquellas canciones de Dánica dorada y Verano del 98. Y se dan carcajadas y miradas con códigos que sólo ellas entienden. El micro llega a destino y se viene, primero, la cabalgata en caballos muy mansos. Y luego, lucha de señoritas en el fango, aunque Flor, “toda una lady”, según la define su tutora Anabela, mira desde afuera, sin participar. Claro que recibe alguna que otra bomba de barro sin chistar. A mitad de viaje, llamado de la Presidenta mamá para saber cómo iba todo: “Todo muy bien, muy tranquilo”, contestó la eficiente Anabela.

Por la noche hubo fiesta de disfraces. Y Florencia lo hizo de guerrera, rubor y delineadores mediante. Las chicas bailaron. Y mucho. Hasta las seis y media de la mañana. Al mediodía, algunos se levantaron y salieron rumbo a Piedras Blancas, en el Cerro López. Flor no: prefirió quedarse descansando. El domingo tampoco fue al canopy, donde sus compañeros se colgaron con arneses en lo alto del bosque de Colonia Suiza. Eso sí: más tarde no falló a la Noche de Gala, donde el grupo empezó a despedirse de Bariloche. El viaje de egresados está por llegar a su fin y para Flor llega otra etapa que, según explica, no sabe bien cómo encarar. Por ahora afirma: “Me gusta ser una chica igual que cualquiera. Así lo viví acá en Bariloche. Me sentí una más”, expresó feliz, minimizando algún que otro operativo de seguridad impuesto por sus custodios, para que ella pueda contonearse y divertirse a ritmo de reggaeton. Flor y sus compañeros de división posan en el Circuito Chico. Vivieron una semana de emociones, de día y de noche.

Flor y sus compañeros de división posan en el Circuito Chico. Vivieron una semana de emociones, de día y de noche.

Florencia con el look que los <i>floggers</i> tomaron de <i>Dragon Ball Z</i>: chupines, zapatillas, y el pelo tapando la mitad de la cara.

Florencia con el look que los floggers tomaron de Dragon Ball Z: chupines, zapatillas, y el pelo tapando la mitad de la cara.

Los 120 alumnos del Colegio La Salle de Florida  –Florencia incluida– que viajaron para disfrutar de San Carlos de Bariloche, aquí en Bahía López.

Los 120 alumnos del Colegio La Salle de Florida –Florencia incluida– que viajaron para disfrutar de San Carlos de Bariloche, aquí en Bahía López.

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