“Después de Cromañón, mi vida se terminó” – GENTE Online
 

“Después de Cromañón, mi vida se terminó”

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"Hoy estoy up” –arriba–, se autodefine Omar Emir Chabán (54), mientras recibe a GENTE en una de las salas de visita de la cárcel de Marcos Paz. Y cuenta que desde que está preso vive su momento más optimista. “Tengo y tuve días muy abajo, muy depre. Imagináte lo que es estar 24 horas acá, acusado de 194 muertes, viendo que para mucha gente el único culpable de todo soy yo. Me pregunto: ¿por qué nadie busca a los que tiraron las bengalas? ¿No hay más responsables que Chabán?”, interroga locuaz, como es su costumbre, mientras invita a tomar Sprite Zero o “agüita de acá del penal, que la verdad que es muy rica y limpita”, dice, y luego agrega con una sonrisa: “Che, los vasos los lavé yo con detergente. Si quieren ir al baño acá tienen jabón y papel, y háganse un sanguchito de jamón crudo que está rico. Todo lo trajo mi hermana, que es una ídola”, comenta ante la atenta mirada de Guillermo Silva, su amigo, que lo visita entre dos y tres veces por semana.

Es lunes y Chabán se levantó a las nueve de la mañana, como de costumbre. Ya hizo Tai Chi, su disciplina preferida, y hasta coloreó alguna de las tantas pinturas que comenzó hace tiempo tras las rejas. Ahora son las 11 y 30 de una mañana muy fría. Pero a él igual no le cuesta levantar temperatura: “El viernes pasado le aportamos a la jueza María Angélica Crotto un video y dos fotografías de una persona cuyo fotokit ya tienen en el juzgado, y fue realizado en base a testigos. Es del sujeto que habría arrojado una candela que tira entre 25 y 30 bolas incandescentes. Esta semana mis abogados llevarán otro video a Tribunales con otra de las personas que arrojaron más candelas”, enfatiza verborrágico, mientras pide unos segundos para traer una parte del expediente que está en su celda, un cuarto austero, con lavatorio, inodoro, cama metálica amurada a la pared, una ventanita, un banco y estantes que hacen de biblioteca, alacena y guardarropas. También tiene allí una heladera chica y una radio, donde sólo escucha la música clásica de FM Amadeus. Durante la noche, la luz de su calabozo permanece encendida por seguridad, sencillamente para evitar que pueda suicidarse.

–Chabán, se lo nota demasiado optimista. ¿En qué basa semejante estado de ánimo alguien que está preso y procesado por estrago doloso seguido de muerte?
–Es que me aferro a las cosas que descubro y pueden aportar a la verdad, porque hoy es lo único que me interesa... Yo ya estoy jugado... Después de Cromañón mi vida se terminó. Cuando salga de acá, absuelto o culpable, ¿quién me va a dar laburo? ¿Vos me darías laburo? Y yo voy a necesitar trabajar, porque no tengo propiedades ni autos cero kilómetro, ni nada. Lo único que poseo es familia y amigos, por suerte. Si no, estaría muerto…

–También se lo acusa de hacer muy poca autocrítica…
–Yo era el organizador de los recitales que se hacían en Cromañón. Y te aseguro que nadie más obsesivo que yo con la seguridad. Esa noche les hablé a todos los presentes varias veces para que se comportaran bien y me putearon. Cuando se los pidió el Pato Fontanet lo escucharon con atención. ¿Qué puedo hacer si a una barrita se le ocurre tirar candelas y originar una tragedia?

–¿Por qué se fue a su casa a la madrugada y volvió recién al otro día?
–Mirá, yo entré y salí no menos de tres veces, cada vez en peor estado, intentando y salvando toda la gente que pude. Después, exhausto, fui a casa. Allí analicé mil veces lo que había sucedido. Pensé en mi madre. Me sentí morir. No sé si no hubiera sido lo mejor.

Chabán se pone serio. Mastica un trozo de sandwich y luego dice que siempre apostó a darles oportunidades a los artistas, postergando hasta su propio progreso profesional. Y vuelve a hojear las copias del expediente. “Muchos insisten con el tema de la que mal llaman salida de emergencia y que en la causa figura como salida alternativa, que no es lo mismo. Se habla de que ahí había cuerpos apilados, y no es verdad. Yo me pregunto: ¿quién iba a intentar irse por ahí, si la verdadera salida está a sólo cuatro metros de distancia? Esto nadie se lo pregunta. Cromañón estaba entre uno de los cinco lugares más seguros. Eso tampoco nadie lo comenta”.

–Chabán, murieron 194 personas…
–Porque tres o cuatro pibes en medio de la masa no sé en que pensaron y provocaron con su irresponsabilidad una de las peores tragedias. Te aporto otro detalle del que tampoco se habla: en Cromañón murieron entre 22 y 27 personas. El resto continuó recibiendo asistencia a través del SAME en distintos hospitales. Sería bueno saber qué clase de atención recibió cada uno de ellos.

–Los familiares de las víctimas lo acusan de querer embarrar la cancha con esto de aportar videos y fotos de los que según usted arrojaron las candelas y originaron la catástrofe.
–Te repito, mi intención es aportar para desocultar la verdad, como digo yo. No entiendo por qué no se busca a los que tiraron las candelas. No me entra en la cabeza... De mí dicen de todo, y de los demás nada. Sólo pido que la cosa sea un poco más equitativa. No creo que sea ilógico.

–¿Por qué ingresaron candelas esa noche?
–Otro tema que no me explico. Todo el mundo sabe que yo estaba en contra de las bengalas. Además, la seguridad y el control estuvo a cargo de gente de Callejeros.

–Las pericias determinaron que Cromañón no debió haber estado habilitado.
–Pero la habilitación data de 1997 y yo empecé a trabajar allí en 2004. Me pregunto: Si no estaba habilitado, ¿por qué antes de que yo llegara, Rodrigo, Damas Gratis, Memphis La Blusera y hasta Cacho Castaña cantaron en el lugar, que se llamó de varias maneras, desde El Reventón hasta Estadio Central Park?

–Sinceramente Chabán, ¿le interesa sólo despegarse o encontrar la verdad de lo que ocurrió la trágica noche del 30 de diciembre de 2004?
–Mirá, yo ya sufrí, sufro y seguiré sufriendo de por vida. Me quise morir mil veces. Mi madre está muy enferma a causa de todo esto. El resto de mi familia y mis amigos están muy mal. Las 24 horas estoy pensando y pensando para aportar, no para zafar. Te repito: me interesa encontrar la verdad, no chicanas. Y tengo algo muy claro: no soy un asesino, aunque algunos prefieran calificarme así para descargar su ira.

En prisión, Chabán habló de todo: “<i>Ya estoy jugado. Cuando salga de acá, absuelto o culpable, ¿quién me va a dar laburo? ¿Vos me darías laburo?</i>”. Durante la noche, la luz de su calabozo permanece encendida por seguridad, para evitar que pueda suicidarse.

En prisión, Chabán habló de todo: “Ya estoy jugado. Cuando salga de acá, absuelto o culpable, ¿quién me va a dar laburo? ¿Vos me darías laburo?”. Durante la noche, la luz de su calabozo permanece encendida por seguridad, para evitar que pueda suicidarse.

Se levanta a las nueve de la mañana, realiza una hora de Tai Chi y luego pinta y lee. Como todo detenido, pide que le acerquen libros para la biblioteca del penal y lo más preciado: tarjetas telefónicas para poder hablar con sus familiares y amigos.

Se levanta a las nueve de la mañana, realiza una hora de Tai Chi y luego pinta y lee. Como todo detenido, pide que le acerquen libros para la biblioteca del penal y lo más preciado: tarjetas telefónicas para poder hablar con sus familiares y amigos.

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