«De todas las fantasías sexuales que dibujé… ¡no cumplí casi ninguna!» – GENTE Online
 

"De todas las fantasías sexuales que dibujé... ¡no cumplí casi ninguna!"

Nacido en Luson, norte de Italia, casado, dibujante y guionista también, Milo Manara (61) es la lógica del cuerpo caliente. Así de sintético. En los 80, en el destape post-dictadura, aterrizó tímidamente en los kioscos de este país, en las revistas Sex Humor o Cimoc, venida esta última de España. Historietas ultra cachondas y con algo de humor, como El clic, El perfume del invisible, con mujeres como Miele, su heroína clásica, algo divinas, algo infernales, y totalmente decididas. Y en fantasías que te queman la cabeza. Bien, ésa es la gran fama, el Manara arquetípico: las chicas. También, un catálogo de casi cuarenta años de obra, que lo volvió uno de los ilustradores más amados del gremio del comic mundial. Viaje a Tulum, con guión de Federico Fellini, o El gaucho y Verano indio, junto a Hugo Pratt –creador de El Corto Maltés–, Las aventuras de Giuseppe Bergman... Todo esto, visto de afuera, no parece tan genial, pero en el mondo historieta –o fumetti, bien dicho en italiano–, es decididamente gigantesco.

Manara llegó a Buenos Aires –por primera vez, y en un mes de barco desde Italia, porque es fóbico a los aviones–, para presentar City Hunters, serie animada y producida en la Argentina, con sus chicas alucinantes, que saltó del canal de cable Fox a la pantalla de Telefe –por nueve episodios–, y para mostrar los greatest hits de su obra por tres días en el Centro Cultural Borges, con unos cuantos cuadros muy tentadores. Entiende el español, pero te responde en italiano, y es tan buenote y medido que cuesta pensarlo en una mesa de dibujo largando situaciones tan salvajes. Los fantasiosos suelen ser así.

–En sus comics, las mujeres no son tan víctimas. Van adelante, saben lo que quieren y cómo conseguirlo. ¿Cómo fue dibujar ese poder?
–¡Es que ése es exactamente el objetivo! Mi idea es retratar el poder de la mujer después del fenómeno de la liberación femenina. Las chicas jóvenes y hermosas son muy frontales, siempre dominantes si lo eligen. En mi casa, cuando era chico, eso no era nada anormal: mi mamá ganaba más plata que mi papá. Mi familia se compone de mujeres fuertes. Y en las historietas tradicionales, lo masculino siempre está ligado a la fortaleza, y lo femenino con la debilidad, con la figura de la víctima. Yo lo planteo al revés. Si ves a los tipos que dibujo, son generalmente feos.

–Cosas como El clic o El perfume del invisible son fantasías clásicas de todo hombre moderno. Es decir, ¿quién no quiere el control remoto sexual?
–Mis fantasías son molto comunes, pero nunca nadie las había dibujado. O sea, son bastante obvias: todos las pensamos, todos las compartimos. Si yo fuera invisible, ¡me la pasaría de fiesta! Debe ser un estado maravilloso la invisibilidad.

–¿Y cómo fue trabajar con Fellini, nada menos?
–Federico fue una escuela dura, severa. Y muy formativa, por cierto. Era muy, pero muy perfeccionista. Había que hacer y volver a hacer. Me demandaba mucho. Nos reuníamos en Roma una vez cada quince días. Intenso, pero un placer.

–Ahora, ¿de qué se trata esta obsesión que tienen ustedes los italianos con el trasero femenino? Es como un karma nacional. En sus dibujos eso se nota mucho.
–¿Por qué dibujo tantas colas? No sé… ¡será que son hermosas! Tal vez los italianos tenemos una fascinación con las conductas sexuales no reproductivas. No sé si me explico…

–Se explica muy claro, Milo...
–¡Ja, ja, ja! Y es raro, porque el cine en Italia antes era muy caliente, y hoy ya no lo es. Hay mucha temática social, como el crimen, los inmigrantes, etcétera. Pero la tele está llena de chicas. Había una canción de Adriano Celentano que hablaba de una pareja de pelilargos, donde no se distinguía cuál es la mujer y cuál el varón, un poco quejándose. Si no vio eso que la chica tenía atrás, ¡no sé qué tenía en los ojos! Brasil tiene mucha cultura de cola: ahí hay unas maravillosas. Y acá, en la Argentina, ustedes tienen lo suyo…

–Para muchos adolescentes de este país que crecieron en los 80, después de la dictadura, sus comics fueron el primer contacto con el cuerpo femenino.
–¡Uy! De eso no me hago cargo. ¡Ja, ja, ja! Acá tienen dibujantes geniales, como Altuna o Trillo. El honor se los dejo a ellos.

–Lo habrán censurado mucho. Ya van más de treinta años con esto del erotismo en el comic.
–La verdad, me censuraron poco. Tiendo más a la autocensura, ¡aunque no parezca! Si tengo algo muy picante, lo discuto con el editor. Me pasó una vez en Sudáfrica, donde se publicó una lista de libros prohibidos: había cinco míos. También estaba en ella Herbert Marcuse, el gran sociólogo alemán. ¡Con compañeros así, me parecía un honor figurar!

–Las feministas le deben haber tirado con todo.
–¿Sabés que no? En general, las feministas con las que me crucé me estimulaban, me decían que siga, y que les gustaba mucho lo mío, porque entendían mi mensaje, que es afirmar el poder de la mujer.

–Muchos todavía ven a la historieta como una cosa menor, para chiquitos y adolescentes, que no llega a ser arte genuino.
–Eso, hace un tiempo, me molestaba. Y mucho. O sea: algún día van a terminar por reconocer que la historieta está al nivel del cine o la literatura. Si grandes intelectuales como Umberto Eco o Fellini la pudieron apreciar, ¿por qué no todo el mundo? Yo, como artista, no tengo complejo de inferioridad. Son ellos los que se lo pierden.

–Desde lo más caliente hasta lo más inocente, mostró de todo en materia de sexo. Sin embargo, nunca cruzó ningún límite extremo.
–Claro. Nunca pedofilia. Yo paro donde empieza el delito. Exploré todo desde el ámbito de la fantasía, no de la realidad. Y en el comic, que es algo muy cerebral, puedo contar historias con sutileza.

–Y de todas las fantasías que dibujó, ¿cuántas cumplió?
–Eh…

–Vamos, Milo…
–De todas las fantasías que dibujé… ¡no cumplí casi ninguna! Vienen mucho de cosas que me cuentan, o que se me ocurren. Sinceramente, ¡hay un par que me interesan!

Manara en su muestra del Centro Cultural Borges. Casi cuatro décadas de comic, títulos inolvidables como El clic. A los 61 años, un grande del lápiz mundial.

Manara en su muestra del Centro Cultural Borges. Casi cuatro décadas de comic, títulos inolvidables como El clic. A los 61 años, un grande del lápiz mundial.

City Hunters, su serie animada –producida en la Argentina por Encuadre– se ve los miércoles al término de CQC. En su primer programa hizo 12,2 puntos… ¡a la una de la mañana!

City Hunters, su serie animada –producida en la Argentina por Encuadre– se ve los miércoles al término de CQC. En su primer programa hizo 12,2 puntos… ¡a la una de la mañana!

“Mis fantasías son molto comunes, pero nunca nadie las había dibujado. Todos las pensamos, todos las compartimos. Si yo fuera invisible, ¡me la pasaría de fiesta!”

“Mis fantasías son molto comunes, pero nunca nadie las había dibujado. Todos las pensamos, todos las compartimos. Si yo fuera invisible, ¡me la pasaría de fiesta!”

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