Cumplió 54 años y lo festejó tocando en el Gran Rex ante 4 mil fans. – GENTE Online
 

Cumplió 54 años y lo festejó tocando en el Gran Rex ante 4 mil fans.

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Le llevamos una torta. La verdad, muy rica. Chocolate, dulce de leche, glacé real y el logo de Say No More bien legible. Y con dos velitas. Happy birthday, García Moreno, alias Charly. Y gracias por la magia. El camarín del Gran Rex, a esta altura de la noche, es como una zona de guerra, pero corte rockstar. Hay chicas, más chicas, fetas de fiambre clavadas en palitos y latas de pintura en aerosol, una botella de whisky llena y otra que ya fue, amigos y amigotes, los chilenos que tocan con él, Ruth Infarinato –que hace mucho se teñía el pelo, estaba en MTV y dio el speech inaugural del show–, Pipo Cipolatti y su novia de 25, etcétera, etcétera.

Charly está algo desnudo, enfundado en una sábana roja, onda Nerón. “Me visto para ustedes”, dice. Se ata un pantalón con un piolín, mete un montón de chicas en un placard, y dice que “¡esto es explotación sexual!”. Y agrega: “No hay nada mejor que festejar mi cumpleaños con chicas”. Hay que cortar torta, Charly pide un hacha, pero hacha no hay. Le traen un cuchillo. Y se lo tira a la torta. Va, la mira, y dice: “¡Esto no me gusta! ¡Lo odio!”. Y después, cross de derecha a la torta, y quedó ahí. Al rato le traen una viola, y se pone a cantar Wild thing, de Jimi Hendrix. De ahí, en la limo Mercedes Benz de Roberto Edgar –ex cantante cumbiero de Volcán–, a dormir. Resulta que a Charly no le gustan las tortas.

Cumplió 54, y cómo se le cantó cumplirlos. Así, porque tiene esa cosa de nene-genio terrible, que lo induce a tirarse de un noveno piso o a escribir canciones que van a durar hasta el fin de los tiempos. A uno, entonces, nomás le queda esquivar las cosas que él revolea, y atestiguar. Lo primero que se ve en la noche del domingo 23 en el Gran Rex es la multitud, que da la vuelta a la esquina y se agolpa en la puerta del teatro. Casi cuatro mil fans ardientes: viejos, pibes, banda ancha de edades. Las entradas salieron a la venta apenas dos días antes, y volaron: sold out. También está Fabián von Quintiero –bajista de Charly por largos años–, Romina Gaetani (post Machu Picchu) con gorrito del Altiplano, claro, Iván Noble y Juan Pablo Sanguinetti (novio de Leticia Brédice –pero sin Leticia– y padre de la criatura –o sea, Indio–). Antes del show, una voz mexicana bizarrísima que advierte sobre “terribles manifestaciones electrónicas”, una pared de gritos femeninos y homicidas que parten la cabeza y un Gran Rex más excitado que nunca. Sale la banda, sale Charly. Suena Me tiré por vos y vuela el primer teclado, de esos que cotizan en verde. “No compren teclados, que me los compro todos yo y los rompo”, aclara él. Después, Tribulaciones, lamento y ocaso… de Sui Generis, una canción que hizo, dice, “cuando me nombraron rey de la papa en el Palacio de la Papa Frita”. Las primeras filas tienen auriculares exclusivos –un concepto que Charly estrenó días atrás en el Faena Hotel + Universe a 150 pesos la entrada, y que explica así: “Tiene que ver con el deseo de escuchar; quedás vos y la música que viene a tus oídos”. A propósito de la jornada electoral, el lema del show es: “El domingo elegí a Say no more”. Hay una urna en el escenario. Charly dice que hay que acabar con la política y la patea. No fue a votar. Tras una noche de ensayo, se quedó durmiendo todo el día. Hace mucho, pero mucho, que no va a votar. Después, otro tema, Corazón de hormigón, y aclara: “Lo compuse a los 9 y hoy lo estreno con mi amigo, el chico pop”. El chico pop es Palito Ortega. Sí, escuchó bien. Charly a dúo con Ramón, de Tucumán y… desconcierto en la platea. La flamante sociedad merece una explicación: por estos días, Charly visita casi a diario el campo de Palito en Luján, que incluye estudio de grabación. Allí prepara un nuevo disco que, comentan los amigos, vendrá muy tremendo y cinematográfico, con cincuenta minutos de filmación y ocho canciones nuevas. Probables títulos: Hansel y Mestre o Color desesperanza. Allí, en Luján, graba non stop, se queda hasta cualquier hora, o a dormir incluso, y Evangelina Salazar ¡le sirve milanesas!, cosa que le encanta. De hecho, hace unos días, Palito explicaba la alquimia de tan alta sociedad: “El es muy amigo de mi hijo Luis, y tenía ganas de venir al estudio, porque tiene un ambiente muy tranquilo, mucha paz, mucho campo. La verdad que me sorprendió la calidez de Charly, y cuando los dos empezamos estaban los mismos fenómenos: Bob Dylan, los Stones, los Beatles. Son cosas que nos identifican”. Gente del mismo palo.

Más tarde, en el show, hay más clásicos que suenan fortísimo, como Demoliendo hoteles, Pasajera en trance, Cerca de la revolución. O Fanky, donde aparece la sobrina política de Palito, Luciana Salazar: descontrol. Charly le intenta espiar el escote mientras la obliga a tocar el teclado. Ella se sonroja. ¿Será posible? Charly sigue hablando, mandato de cumpleañero: “Lo digo yo: desde mañana, nadie usa más calzoncillos”. Toca el Himno Nacional, y un: “¡La rep… madre que los parió! ¡Gracias por venir a mi cumpleaños!”. De nada, genio. De nada.

Lunes 4 AM. Charly, después del show, en su camarín: whisky, aerosol, caos y, por supuesto, groupies. Bien escondidas, por cierto.

Lunes 4 AM. Charly, después del show, en su camarín: whisky, aerosol, caos y, por supuesto, groupies. Bien escondidas, por cierto.

Charly con la torta <i>Say No More</i> que le acercó GENTE… y que después demolió a golpes.

Charly con la torta Say No More que le acercó GENTE… y que después demolió a golpes.

Palito Ortega –su sorpresivo nuevo socio musical– subió para cantar a dúo <i>Corazón de hormigón</i>, un tema que Charly compuso a los 9.

Palito Ortega –su sorpresivo nuevo socio musical– subió para cantar a dúo Corazón de hormigón, un tema que Charly compuso a los 9.

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