«Cuando nos vimos, lo único que hicimos fue abrazarnos y llorar» – GENTE Online
 

"Cuando nos vimos, lo único que hicimos fue abrazarnos y llorar"

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Tengo que pensar. Tengo que dejar decantar todo lo que pasó esta semana. Porque hubo muchas cosas buenas y muchas cosas malas. Quiero reflexionar sobre todo. Ahora no puedo hablar. Quizás la semana que viene. Dame tiempo...".

Pablo Echarri habla con la voz cansada. Tiene la mirada húmeda, la barba crecida, el cansancio marcado en el rostro. Como alguien que acaba de despertar de una pesadilla. Y es exactamente eso lo que ha vivido. Durante una semana, el flagelo de los secuestros se metió en su casa de Villa Dominico -esa donde creció, tuvo el primer amor, soñó ser actor, se hizo galán, conoció la fama- y le arrebató en un instante a su padre Antonio. "A mi viejo le debo todo lo que soy", decía de este canillita que todo el barrio quiere como a un pariente. "Yo miro las revistas donde sale el pibe y no puedo menos que emocionarme. Al ver sus fotos le digo: 'Llegaste lejos, cabezón'. Y se me llena el corazón de orgullo", repetía siempre el padre del actor (sex symbol nacional, premiado en cine, éxito asegurado en la tele) cada vez que una foto de su hijo salía en la tapa de una revista o en el suplemento de espectáculos de un diario. Nunca pensó que esa fama iba a hacer que una banda de delincuentes lo eligi
era a él como víctima creyendo que Pablo tenía una fortuna (que nunca tuvo) y que podía juntar fácilmente 200 mil pesos de rescate (cosa que le costó mucho). Fue ahí cuando empezó la pesadilla. Pero, después de días de angustia, llamadas telefónicas, pruebas de vida, billete juntado sobre billete, y -finalmente- rescate policial, el drama se convirtió en el sueño de que padre e hijo pudieran reencontrarse en un abrazo. "Gracias, hijo", dijo Antonio. "Viejo, viejo", alcanzó a decir Pablo. Y lloraron juntos.


"NO QUIERO QUE ESTO ME CAMBIE LA VIDA"

-¿Cómo está, Antonio?

-Bien. Tan bien que acá los vecinos hasta me cargan, dicen que me fui una semanita a un spa.

Aunque lo secuestraron mientras trabajaba en su parada de diarios (alrededor de las seis de la mañana del jueves 24), estuvo siete días en cautiverio, lo atormentaba imaginar la preocupación de su familia, temió por su vida, no piensa perder el humor. Lo jura Antonio Echarri, el "canillita de alma" -como se definió siempre-, el hombre que con su desaparición mantuvo en vilo al país. 

Pasaron casi 48 horas ya desde que la Brigada Antisecuestros de la Policía de la Provincia de Buenos Aires lo liberara de Sarcione 792, una vivienda del barrio Corimayo, en el partido de Almirante Brown. Ahora, sano y salvo, en la puerta de su casa -la que durante 182 horas fuera el escenario de la angustia y la espera-, Antonio sonríe. Enseguida explica que no sólo se alegra de que su caso (uno de los 203 secuestros que se denunciaron en la provincia de Buenos Aires en lo que va del año) haya tenido un final feliz, sino también por el cariño que le demuestra la gente de su barrio. Su gente.

por Mariana Montini
informes: Cynthia De Simone y Manuel Sarrabayrouse
fotos: Alejandro Carra, Julio Ruiz y Fabián Uset

Después de las lágrimas y el abrazo,

Después de las lágrimas y el abrazo, "gracias" fue lo que Antonio Echarri pudo decirle a su hijo Pablo tras los siete días que permaneció en cautiverio.

El abrazo que todos esperaban: el que se dieron padre e hijo.

El abrazo que todos esperaban: el que se dieron padre e hijo.

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