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Cuando el horror no tiene límites

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"Che, me violé una pende…".

Los investigadores que estudian los delitos
sexuales en el territorio bautizado como El triángulo de las Bermudas están
conmovidos: "La gente no lo va a poder creer, pero descubrimos que ahora en
el mundillo de estos delincuentes, haber abusado de una adolescente les otorga
cierto prestigio o, como se dice en la jerga, '
les da chapa'", confiesa
espantado el doctor Marcelo Martínez Burgos, uno de los fiscales que está a
cargo de la investigación. "Sucede exactamente lo contrario en las cárceles,
donde son despreciados y vejados"
, agrega. Mientras tanto, la gente de Nuñez,
Coghlan, Saavedra y Belgrano que reside en las cercanías de las vías del
ferrocarril Mitre vive con pánico. Para colmo, los ataques fueron creciendo de
manera violenta en los últimos meses. La cifra que está en manos de la policía
ya supera los 20 hechos. Pero hay un dato que hace que la preocupación se
multiplique. Los pesquisas manejan una estadística negra que dice que sólo se
denuncia el diez por ciento de estos delitos. Por eso están convencidos de que
la cifra es muchísimo mayor. Y tratan de tranquilizar a los vecinos que intentan
convivir con el terror.

HISTORIAS DE HORROR Y MUERTE. La andanada de ataques sexuales empezó el 17 de
abril a pleno sol. Eran las seis y media de la tarde cuando una mujer de unos
cuarenta años intentó cruzar el paso a nivel junto a sus dos hijos por la calle Paroissien. No pudo: un hombre les dio un empujón a los chicos y comenzó a
manosearla. Ella, presa de un ataque de nervios, gritó desconsolada y logró que
su agresor huyera. La señora realizó la denuncia, pero la policía tardó tres
semanas en confeccionar el identikit. La demora resultó fatal.

Cuatro días después, en el mismo lugar, ocurrió el hecho más aberrante de todos.
Lucila Yaconis (16) regresaba junto a Isabel, su mamá, de la Escuela 7 ubicada
en Cabildo al 3600, donde trabaja su tío. Se despidieron con un beso antes de
que Isabel tomara el colectivo para ir a su trabajo. Lucila volvía feliz a su
casa de Vilela y Tres de Febrero. Faltaban muy pocos días para que cumpliera los
diecisiete y estaba organizando su ansiada fiesta. El reloj marcaba las siete en
punto de la tarde cuando llegó al cruce peatonal de Paroissien, y una mano fría
y áspera la tomó del cuello. Luego la arrastró casi cien metros hasta un
terraplén y la golpeó sin piedad. Intentó violarla pero no lo logró porque la
adolescente pudo defenderse. Enceguecido por la ferocidad de su ataque, el
delincuente apretó con tanta violencia la carita de la chica contra el piso que
terminó asfixiándola. Entre sus ropas, la policía encontró rastros de semen,
también una mancha de sangre perteneciente al grupo A, factor RH positivo. Una
vecina, a la que se le brindó protección como testigo , prestó declaración. Se
trataría de un hombre de 1,80 metro, delgado pero con mucha fuerza, que estaba
bien vestido. "Las características del asesino de Lucila eran similares a las
del que atacó a la mujer con sus chicos el 17 de abril. Si se hubiera trabajado
rápido, su muerte se habría evitado. Lo que demuestra la investigación es que
falta coordinación y prevención. Yo me pregunto, ¿a nadie se le ocurrió poner
vigilancia en los pasos a nivel? Porque si lo hubiesen hecho, Lucila estaría con
nosotros",
explica el doctor Roberto Clavería, abogado de la familia Yaconis.
Hoy, a casi cuatro meses del crimen, sólo hay pistas, pero ningún imputado.
"Lucila era un sol, una chica dulce que te enamoraba con la mirada. El día que
ese asesino la mató, me quitó la vida a mí también. Ahora sé lo que se siente
frente a la muerte. Es una experiencia terrorífica. Si uno se angustia de dolor
cuando están enfermos, pensá lo que significa que ya no esté. Que cuando a la
mañana te acercás para despertarla con un beso no la encontrás porque un
desgraciado decidió arrancarle su vida y sus sueños"
, dice Isabel, la mamá de
Lucila, entre lágrimas. En su casa de Nuñez hay demasiada tristeza: "Lo que me
mantiene en pie es seguir luchando para encontrar al asesino. Es tan cruel lo
que se siente que no quiero que le suceda a ninguna familia más".

Para ese entonces, los vecinos vivían alertados. Pero los casos se seguían
repitiendo uno tras otro. El domingo 8 de junio a las siete de la mañana, en el
cruce Crisólogo Larralde, un hombre obligó a una mujer de 70 años que iba a misa
a masturbarlo. Y el 24 de julio casi se repite otra violación en el mismo sitio
donde mataron a Lucila. Allí, una adolescente de 14 años fue interceptada por un
sujeto que intentó abrazarla. Claro que el delincuente no tuvo en cuenta que la
adolescente sabía taekwondo y pudo alejarlo a las patadas. Durante ese mes
sucedió otro caso aberrante: una estudiante secundaria del colegio Cristóforo
Colombo fue violada en las inmediaciones de Roosevelt y Freire. Fue tal el
ataque, que le provocó una perforación de intestinos que derivó en un ano
contranatura. Y recién hace muy pocos días pudo ser dada de alta de la clínica
Trinidad. El 7 de agosto, una chica de 16 años fue violada en Ugarte y la vía.
Cinco días atrás, en la misma zona, otra adolescente fue atacada. Lo curioso fue
que el agresor le robó la bicicleta y un par de zapatillas a su víctima, pero
dejó en el lugar su calzado y su propia bicicleta. Por este delito fue detenido
el jueves un individuo apodado El Chileno, de 25 años de edad, con antecedentes
policiales.

VIVIR CON MIEDO.
La gente que reside cerca del ferrocarril Mitre está
conmocionada. "Yo vivo en 11 de Setiembre y Olazábal, pegado a las vías. El
jueves acompañaba a mi hija Micaela, de 14 años, al colegio Santa Ana. Sentí que
un tipo nos seguía al llegar al paso a nivel, lo corrí y pudo escaparse porque
acá no hay nada de vigilancia. Esto pasó a las siete de la mañana, pero esta
zona es tierra de nadie a toda hora"
, cuenta Patricia Spinoso. Los vecinos y los
investigadores apuntan al famoso Tren blanco que trae a los cartoneros desde la
zona norte del conurbano. "No porque pensemos que los violadores son cartoneros
-aclara el fiscal Martínez Burgos, que trabaja hasta los fines de semana junto a
sus colegas Ignacio Irigaray, Mónica Cuñarro, Marcelo Solimine y Aldo de la
Fuente-. Lo que sucede es que entre ellos se mezclan todo tipo de criminales".
La fiscalía a su cargo logró que se detuviera a dos abusadores sexuales que
cometieron más de diez hechos, azotando la zona de los parques Saavedra y
Sarmiento: Roberto Sánchez Zárate y Julio Rossi ya fueron condenados y pasan sus
días entre rejas. Pero los vecinos no se sienten seguros. Se quejan de que la
policía custodia los pasos a nivel solamente de día: "Sólo hacen operativos
ridículos contra grupos de pobres tipos que trasladan carritos con ruedas"
. Y
arremeten contra el jefe de Gobierno de la ciudad, Aníbal Ibarra: "Prometió
iluminación en las vías y no cumplió. ¿Pensará en los padres de las víctimas?".

Los investigadores tienen estudiados dos grupos peligrosos: los poxis, que son
los que se drogan con pegamento y luego cometen todo tipo de delitos; y los
bolsas negras, que fingen vender bolsas de residuos, y marcan los movimientos en
casas y departamentos de la zona que van a ser desvalijados. "La mayoría de los
cartoneros son buena gente, pero como los amenazan, tienen miedo de hablar"
,
aclara Isabel, la mamá de Lucila Yaconis. "Creo que ellos saben algo de estos
crímenes que se están cometiendo en la zona. Les pido que colaboren conmigo"
,
ruega, y sostiene con fuerza la imagen de Lucila para las fotos de esta nota que
se toman sobre las vías donde la mataron.

Cae la tarde en Nuñez, mientras dos adolescentes se preparan para cruzar el paso
a nivel de la fatal calle Paroissien y la reconocen. Cuando le dan un beso en la
mejilla se escucha un "fuerza, señora". Luego se identifican como Jimena y
Florencia, ambas de 17 años. Y confiesan: "Desde que mataron a Lucila tomamos
conciencia de que eso nos puede pasar a nosotras. Es terrible, porque no vivimos
con iedo, vivimos con terror".

Las adolescentes que residen cerca de las vías del ferrocarril Mitre cambiaron sus hábitos: ya no cruzan las vías solas.

Las adolescentes que residen cerca de las vías del ferrocarril Mitre cambiaron sus hábitos: ya no cruzan las vías solas. "Vivimos con terror", confiesan.

El doctor Marcelo Martínez Burgos y su ayudante Ignacio Irigaray están a cargo de la fiscalía de Saavedra, que ya logró detener a varios abusadores sexuales. Su objetivo es desterrar este delito en la zona.

El doctor Marcelo Martínez Burgos y su ayudante Ignacio Irigaray están a cargo de la fiscalía de Saavedra, que ya logró detener a varios abusadores sexuales. Su objetivo es desterrar este delito en la zona.

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