«Con la cacerola pedimos a gritos un cambio» – GENTE Online
 

"Con la cacerola pedimos a gritos un cambio"

Pasan los años, la vida y los presidentes, y aún no han podido lograr el sueño del techo propio y de un plato de comida seguro cada día. Por eso, en la madrugada del jueves 20 de diciembre, el día del primer cacelorazo, Carmen Quevedo (53) decidió ir a Plaza de Mayo con los suyos, para unirse a la protesta que motivó la renuncia del ministro Cavallo primero
y la del presidente De la Rúa después. Su imagen con una gastada bandera argentina, junto a su hijo Sebastián, que aporreaba una cacerola, se convirtió en la tapa de la edición especial que

GENTE dedicó a aquellos tumultuosos días que cambiaron el rumbo del país.
Detrás de esa foto, esta historia. 

VIVIR CON LO JUSTO. Carmen está casada con Héctor Flores (72). Los dos son sanjuaninos, pero se conocieron en Buenos Aires y en 1969 decidieron vivir juntos. Tienen cinco hijos: Héctor (30), Natalia (28), Rafael (25), Gladys (21), Sebastián (18) y dos nietos, Nicole (2) y Lucas, de 20 meses. En el modesto departamento de tres ambientes que alquilan por 450 pesos -una fortuna para los ingresos familiares- en el barrio porteño de San Cristóbal, Carmen explica:
"Los dos años que gobernó De la Rúa fueron los peores de nuestras vidas, nunca nos había ido tan mal, ni siquiera con las hiperinflaciones que sufrimos. Por eso, la noche del primer cacerolazo, como todos mis vecinos,
me cansé y dije basta. Y como al principio era una manifestación pacífica a la que iba toda la familia, fuimos con los chicos y la cacerola a pedir a gritos un
cambio
", cuenta. También fue al segundo cacelorazo, el que terminó con la renuncia del efímero presidente Rodríguez Saá:
"Pese a que él me gustaba, había ciertos nombres en su entorno, como el de Carlos Grosso, que me producían mucho
rechazo
". 

Carmen se quedó sin trabajo hace diez años: "Era empleada doméstica en cinco sucursales de una fábrica de muebles. Pero cuando tuvieron que blanquear a todos los empleados, duré un año hasta que me echaron. Como sólo me indemnizaron por esos doce meses, hice juicio y gané, pero nunca cobré los cinco años que estuve en negro, porque no encontramos a los dueños de la empresa. Después sólo conseguí trabajos esporádicos limpiando
casas
".

-¿Cómo hacen para llegar a fin de mes?
-Se nos hace muy difícil. De mis hijos, Héctor está casado y vive con su mujer, pero Natalia y Gladys son madres solteras que no tienen trabajo ni cuentan con ayuda de los padres de sus chiquitos. Nati tiene un kiosquito abajo de casa, pero se está fundiendo: tiene que pagar 250 pesos de alquiler, ya debe cuatro meses, más el monotributo. ¡Y no se venden ni siquiera chicles!

Así dice sentirse Carmen. Su marido es jubilado y cobra 150 pesos por mes. Ella está desocupada. Tienen cinco hijos. De ellos, sólo uno tiene empleo. Alquilan un departamento en San Cristóbal por 450 pesos. Mientras hojea <i>GENTE</i>, cuenta: Fue increíble verme en la revista".">

Así dice sentirse Carmen. Su marido es jubilado y cobra 150 pesos por mes. Ella está desocupada. Tienen cinco hijos. De ellos, sólo uno tiene empleo. Alquilan un departamento en San Cristóbal por 450 pesos. Mientras hojea GENTE, cuenta: "Fue increíble verme en la revista".

Sentada, Carmen (con la bandera que llevó al cacerolazo). Detrás, su marido, Héctor. Los rodean cuatro de sus cinco hijos y sus dos nietos. Izquierda: Rafael y Natalia (con Lucas en brazos). Derecha: Sebastián (perdió su trabajo hace una semana) y Gladys, con Nicole.

Sentada, Carmen (con la bandera que llevó al cacerolazo). Detrás, su marido, Héctor. Los rodean cuatro de sus cinco hijos y sus dos nietos. Izquierda: Rafael y Natalia (con Lucas en brazos). Derecha: Sebastián (perdió su trabajo hace una semana) y Gladys, con Nicole.

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