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Con el sello de la mafia

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El viernes 15, una llamada al 911 alertó que en un importante condominio de la Zona Norte estaría la clave para resolver el triple crimen de Sebastián Pablo Forza (34), Damián Pablo Ferrón (37) y Leopoldo Horacio Bina (35). Esa es, hasta el momento, la más nueva de las cartas que la investigación policial puso en juego para resolver los asesinatos. Pero esta historia con tintes mafiosos comenzó mucho antes, incluso, que la desaparición de los empresarios el miércoles 6 de agosto, que culminó en el hallazgo de los cuerpos de las víctimas una semana después, en un camino rural entre las rutas 47 y 6, en General Rodríguez, a 300 metros del Aeroclub local y del habitante más próximo.

La lupa de los investigadores se posó, desde el vamos, sobre Forza, casado con Solange Marina Bellone (31), que vivía en el Country Pilar Este, en Villa Rosa. Una fuente de la investigación le dijo a GENTE que “tenía un estilo de vida muy superior al que declaró su mujer”, sostuvo que sería poseedor de “varios autos y motos” e incluso que están rastreando posibles cuentas en el exterior. Fue Bellone quien denunció el jueves 7, en la comisaría 6ª de Pilar, la desaparición de su esposo. Dijo que desde el día anterior, a las 13 horas, ignoraba su paradero. En esa exposición contó que a las diez de la mañana del 6 lo había dejado en el estacionamiento del edificio Concord de Pilar, desde donde, a bordo de su Peugeot 206 gris metalizado, su marido se había ido a Capital Federal, donde trabajaba en la empresa Sanford Salud, que distribuye medicamentos. El automóvil, patente DXC398 apareció abandonado luego en Solís y la autopista 25 de Mayo, en Capital Federal, con las llaves puestas.

SIN REMEDIO. Los investigadores también hicieron foco sobre una denuncia del 6 de febrero que llevaba adelante el doctor Petersen Victorica, fiscal de Pilar. Ese día, cuentan, Forza recibió una amenaza en el celular de su mujer mientras almorzaba con ella y dos conocidos en Las Palmas de Pilar. Según la pesquisa, quien le previno que debía “cuidarse” fue un tal “Martín”, pero luego comprobaron que su nombre real era Daniel, y atribuyeron las amenazas al rubro medicamentos y a las deudas que tenía en su actividad, ya que, dicen, emitió un total de cuatro millones de pesos en cheques sin fondos. Además, según el ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, Forza, como titular de la droguería Baires Med (cuyo nombre de fantasía era Seacamp S.A.) “tenía como veinte causas” judiciales relacionadas con “adulteración y venta de medicamentos robados o prohibidos”, en especial para tratamientos oncológicos y de sida.

Por esa razón, el 8 de mayo, Baires Med fue allanada por orden del juez Norberto Oyarbide. Fernández añadió que “el Ministerio de Salud inhabilitó a Seacamp a partir del 1º de abril del 2008”. La empresa, que le vendía medicamentos al Hospital Francés –administrado por el Gobierno– había donado, el año pasado, 200 mil pesos a la campaña de Cristina Fernández de Kirchner. Más tarde, al entrar en concurso de acreedores, Forza continuó con los negocios, pero bajo el nombre de Sanford, donde su mujer contó que trabajaba actualmente.

SICARIOS. Sin embargo, y a pesar de que en la causa consta que Forza tenía miedo por las deudas que había acumulado en los negocios con medicamentos (una actividad que, sólo en la ilegalidad, mueve más de mil millones de pesos al año) otras fuentes que trabajan en el caso vinculan la masacre con el narcotráfico. “Nadie arma semejante operativo por medicamentos; éste es un asunto de droga. Además, los tuvieron desde el jueves hasta el lunes por la tarde (fecha en que suponen fueron asesinados). No les pegaron, quemaron un auto y dejaron documentos y armas, abandonaron otro coche, y seguramente no se equivocaron de personas cuando los levantaron en Capital Federal”, le dijo a GENTE uno de los investigadores.

Es que la ferocidad de los asesinos –que habrían sido por lo menos ocho– habla de un operativo planeado por una estructura poderosa. El cuerpo de Forza tenía siete impactos de armas de fuego. El de Ferrón, cinco. Y el de Bina, cuatro. Entre las ropas de las víctimas se encontraron, además, 810 pesos, 100 dólares americanos y un reloj pulsera. Los tres habían sido maniatados por detrás con un precinto plástico, que no se halló en la escena del crimen. Y todos los disparos –a la cabeza y la espalda– corresponden a armas de calibre 9 milímetros y 10 milímetros, éstas últimas como las que acostumbran utilizar los sicarios del narcotráfico.

DROGA MORTAL. Como Forza comercializaba efedrina, una de las hipótesis es su posible relación con el allanamiento de un laboratorio de éxtasis en Ingeniero Maschwitz, donde fueron detenidos ocho mexicanos y un argentino. La efedrina, se sabe, es un precursor químico que potencia los efectos de las drogas sintéticas, como el éxtasis y las metanfetaminas. Y la DEA norteamericana puso sus ojos en la Argentina, ya que, como esta sustancia fue prohibida en México a principios de este año, nuestro país pasó de importar 5 toneladas de efedrina en 2006 a hacerlo en lo que va de éste por 24 toneladas.

Desde aquí funciona una red de contrabando hacia aquel país. Sin embargo, las pistas más firmes se estarían dirigiendo hacia una vinculación de estos asesinatos con el crimen de dos narcos colombianos en el estacionamiento de Unicenter el 24 de julio. Según el entrecruzamiento de llamadas de Forza, se habría comunicado con Julián Jiménez Jaramillo, el custodio de Héctor Duque Ceballos –alias Monoteto– y Jorge Quintero Gartner, los dos capos colombianos del Cartel de la Cordillera ultimados en el shopping de Martínez por un ajuste de cuentas. Dicho contacto habría ocurrido antes de esa fecha, pero no habría sido el único. También, según el diario La Nación, se investiga la posible relación de una de las tres víctimas (no especifica cuál) con un narcotraficante prófugo, El Bolita Torres, que escapó al allanamiento a una cocina de producción de cocaína en Punta Indio. Allí fueron secuestrados 22 kilogramos de droga de máxima pureza, por un valor de 250 mil dólares, lo que habría puesto nerviosos a los integrantes de la banda.

INCOGNITAS. Lo que no está demasiado claro para los investigadores es el papel de las otras dos víctimas: Ferrón y Bina. El primero era representante comercial de una droguería, fue amigo de Forza en su adolescencia y hacía pocos años se habían vuelto a ver. La hipótesis de los pesquisas es que ambos tenían relaciones comerciales (aunque no aventuran de qué tenor) y que Ferrón –al conocer el miedo que tenía Forza de que lo mataran por las deudas contraídas– le presentó a Bina, que tenía permiso de portación de armas y era de gran contextura física, para que oficiara de custodio. Lo cierto es que dentro de la camioneta Vitara de Ferrón –que apareció incendiada en Terrada y Galicia, del barrio de Flores– la policía halló una pistola Taurus 9 milímetros y documentación de la misma y de otra de 10 milímetros que pertenecían a Forza, entre otros papeles personales.

La última vez que los vieron fue a las 12 del mediodía del 6 de agosto en el bar Lisandro, en la esquina de Lisandro de la Torre y Ramón Falcón. Supuestamente, desde allí se habrían dirigido al Wal Mart de Quilmes, donde planeaban tener una reunión. Todavía no se sabe con quién o quiénes. Pero existen dos aperturas de antena por la activación del teléfono celular de Forza entre las 13.00 y las 14.00 de ese día en la zona de Quilmes. Y una más, del mismo celular, a las 19.00, en la zona de General Rodríguez.

La pregunta cae de madura: ¿si las pericias determinaron que las muertes se produjeron recién el lunes 11, por qué los mantuvieron con vida durante cinco días? ¿Dónde? ¿Los asesinos esperaban “algo” durante ese tiempo? ¿Fue el vuelto de una traición por dinero o droga? La investigación recién comienza. Tres familias han quedado destruidas. Muchos negocios turbios al descubierto. Y la sombra de las mafias del narcotráfico se siguen extendiendo, sin pausa, sobre la Argentina. Los cuerpos acribillados de las víctimas, a la vera de un camino de tierra en General Rodríguez, hallados el miércoles 13 de agosto.

Los cuerpos acribillados de las víctimas, a la vera de un camino de tierra en General Rodríguez, hallados el miércoles 13 de agosto.

La investigación apunta a Forza como el nexo entre los negocios turbios y la muerte de los tres.

La investigación apunta a Forza como el nexo entre los negocios turbios y la muerte de los tres.

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