Con el Pupi se come, se educa y se trabaja – GENTE Online
 

Con el Pupi se come, se educa y se trabaja

"Cuando miro hacia mi propia infancia, se me vienen a la memoria muchas

escenas tristes. Tuve una niñez muy difícil, por eso -ahora que yo tengo un buen
pasar- es una obligación moral ayudar a los chicos más pobres"
(Javier Zanetti).

El nació el 10 de agosto de 1973 en Dock Sud, en el sur del Gran Buenos Aires, y
muchas veces tuvo que gambetear el hambre comiendo en la casa de algún vecino.
Hijo de un albañil y una ama de casa, que también salía a trabajar y limpiaba en
otros hogares por hora. Javier se crió rodeado de cariño pero también de muchas
necesidades. A pesar de ese panorama, siempre lo animó una consigna: "Con
sacrificio todo es posible".
Como cuando en la placita 25 de Mayo, cerca de las
tribunas de madera del club Dock Sud, armó una canchita de fútbol para jugar con
su equipo de barrio, Disneylandia. Después, su historia es bastante conocida: el
debut en Talleres de Escalada en 1992, su pase a Banfield en 1993, y dos años
después, en el Inter de Milán, equipo en el que es ídolo indiscutible.

Al volante de la selección nacional no lo marearon las luces europeas; él
siempre tuvo un ojo en la Argentina y un sueño que cristalizó hace un año: crear
la Fundación P.U.P.I. (Por Un Piberío Integrado), que tiene como fin garantizar
la alimentación, la salud y el aprendizaje de 67 niños del partido de Lanús, que
se encuentran en estado de riesgo social.

COMO EN CASA.
Durante cinco años, Mónica Giacoletto, la suegra del Pupi,
trabajó como asistente educacional en la Escuela Número 41 de Remedios de
Escalada. Allí conoció las necesidades de cientos de chicos que venían de los
barrios más necesitados del lugar: Villa Talleres, Tres de Febrero y Primero de
Mayo. Estas experiencias sirvieron como detonantes para que Javier y su esposa,
Paula, decidieran comenzar con la Fundación: "Todos tenemos la responsabilidad
de cambiar la realidad que nos toca vivir y, como argentinos, estamos obligados
a poner nuestro mayor esfuerzo para que
-al igual que un equipo de fútbol,
compartiendo esfuerzos- alcancemos un objetivo en común", comenta Javier Zanetti
desde Italia. "Esta convicción dio lugar a la idea de construir la Fundación, y
gracias a Dios y a la colaboración de todos, no sólo pudimos alcanzar los
objetivos sino que los superamos. Este año inauguramos nuevas aulas, y poco a
poco estamos creciendo
".

Pero la idea no sólo es darles un plato de comida. Las 33 personas que se
desviven en la Fundación -muchas, ad honorem- trabajan con un solo objetivo:
cambiarles la vida a los 67 chicos que hoy alberga: "Sabemos que no podemos
modificar la realidad económica, social y cultural del país"
, reflexiona Andrés
De la Fuente, papá de Paula y presidente de la Fundación. "Pero sí asumir el
desafío que permita mejorar la calidad de vida de un puñado de chicos humildes,
y darles las herramientas para que tengan las mismas oportunidades que los
demás".

UN DIA CON LOS PUPI´S BOYS. Arranca a las siete de la mañana cuando los
micros recogen a los chicos por dos paradas determinadas. De los 67, cincuenta
concurren al Jardín 922 y los 17 restantes al primer grado de la Escuela Número
21, ambas en Lanús Oeste. Al mediodía los pasan a buscar y los llevan a Bouchard
35, es decir a la Fundación. Después del almuerzo -que está controlado por una
nutricionista-, los más chicos van al jardín y los mayores realizan sus
respectivos deberes, ayudados por una maestra. También reciben clases de música,
Educación Física, natación en un pileta climatizada del club Lanús, entre otras
actividades. En la Fundación también hay cuatro profesionales para brindar un
seguimiento personal a cada chico: psicólogo, asistente social, psicopedagogo y
fonoaudióloga. Además, se asoció a las 46 familias a una clínica privada de la
zona para que todos tengan cobertura médica.

La tarea de la Fundación no termina cuando los chicos toman la merienda y se los
lleva hasta su casa. Hace unos meses comenzaron con un microemprendimiento para
que los padres puedan trabajar en una fábrica propia, donde se hacen pañales,
amasan pan para los chicos y sus familias, así como también habrá un taller de
costura: "Hoy manejamos un presupuesto de 20 mil pesos mensuales -que se reúne
entre donaciones, más el aporte personal de Zanetti-, y la idea es que con este
emprendimiento podamos llegar a bancar todos nuestros gastos"
, comenta Andrés.
"Otro de nuestros proyectos es darles viviendas dignas, y ya estamos
refaccionando la casa de una familia. De a poquito y con sacrificio lo vamos
logrando".

A las 17:30 todos los chicos suben al micro que los llevará hasta su casa. En
sus rostros se dibuja una sonrisa enorme, y en cada "hasta mañana" presienten
una cuota de esperanza. Esa que un jugador de fútbol con un corazón tan grande
como la ilusión de estos chicos a los que identifica a cada uno por su nombre,
lo hizo posible: "Me voy a matar para que estos chicos no padezcan las
necesidades que yo padecí. Todos los días los llamo desde Milán. Desde acá se
los extraña mucho. De paso, te pregunto: vos que estuviste hoy con ellos, ¿cómo
los viste?
".

Hace un año, el jugador de la selección nacional y estrella del Inter de Milán se propuso ayudar a chicos del sur del Gran Buenos Aires -donde él nació y pasó su infancia-y y creó la Fundación P.U.P.I. (Por Un Piberío Integrado).

Hace un año, el jugador de la selección nacional y estrella del Inter de Milán se propuso ayudar a chicos del sur del Gran Buenos Aires -donde él nació y pasó su infancia-y y creó la Fundación P.U.P.I. (Por Un Piberío Integrado).

Héctor besa a Martincito, quien llegó con un problema de sordera y hoy, gracias a los audífonos, puede oír. La fábrica de pañales a pleno: ya hay 8 personas trabajando, pero la idea es llegar a 46. Por la mañana todos los chicos van a clases. Sin duda, la Fundación les cambió la vida.

Héctor besa a Martincito, quien llegó con un problema de sordera y hoy, gracias a los audífonos, puede oír. La fábrica de pañales a pleno: ya hay 8 personas trabajando, pero la idea es llegar a 46. Por la mañana todos los chicos van a clases. Sin duda, la Fundación les cambió la vida.

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