«Como artista popular siento la necesidad de luchar por las causas nobles» – GENTE Online
 

"Como artista popular siento la necesidad de luchar por las causas nobles"

Admito que sí. Antes de ser conocida, alguna vez me discriminaron”, proclama resoplando Natalia Marisa Oreiro (29), desde esos ojos castaños que no saben mentir. “Por suerte nunca me lo tomé a pecho –añade–. Igual –avanza–, pienso que la discriminación no es exclusiva de una sociedad en particular. En general, hoy los valores están retorcidos y vivimos un ‘sálvese quien pueda’, sin darnos cuenta de que, o nos salvamos todos o no se salva nadie”, remata desde un look formal, clásico –estilo desacostumbrado en ella–. Se encuentra en una pequeña sala del Hotel NH, a media cuadra de la Plaza de Mayo –lugar extraño a ella–, flanqueada por un banner que presenta a la nota por sí solo: “No a la Trata de Personas. No a la Esclavitud Moderna. Campaña de Información Pública de Lucha contra la Trata”. Firma. Organización Internacional para las Migraciones (iniciativa típica de ella).

–Si uno fuera malpensado –y todo periodista lo es–, supondría que un artista como usted podría apoyar una causa en el momento justo, y luego desaparecer hasta nuevo aviso. No obstante, usted parece romper con esa hipótesis. ¿De verdad hace ocho meses que trabaja en el tema?
–Claro. Me llamaron a mediados de 2006. Yo sabía del problema por las secciones informativas y policiales de los diarios y noticieros, pero OIM me acercó cifras y testimonios escalofriantes relacionados a la explotación sexual y laboral acá, en Uruguay, en Chile y en el resto del planeta. Entonces, en conjunto, nos pusimos a pensar cuál era la mejor manera de alcanzar a los que la sufren y a los potenciales víctimas y denunciantes. Hablo de aquellos pares que, persiguiendo soluciones económicas en un aviso o confiando en promesas de empleos bien remunerados, terminan secuestradas, amenazadas, maltratadas y sometidas a condiciones inhumanas de trabajo, sea a nivel sexual o en un taller de costura, e incluso hablo de las domésticas en negro. Tiramos ideas y coincidimos: “¿Y si además de un spot grabamos una canción y un clip que llegue a las radios, a los canales musicales y a las bailantas del país?”. Así sucedió. Rodamos Esclava, de 3,40 minutos, de madrugada, porque con las exigencias de Sos mi vida me resultaba imposible de día.

–Ahora, ¿por qué piensa que acudieron a usted?
–Pienso que por mi costado popular.

–Hay mucha gente popular, Oreiro.
–Bueno, convengamos que no es lo mismo escuchar a un funcionario que a alguien que te saca una sonrisa en la tele.

–Y alguien al que le creen.
–Quizá. No podría definir qué ven en mí. Supongo que transmito una franqueza que excede mi profesión. Yo hago lo que digo, no mantengo un doble juego, porque aparte de no ejercer el trabajo esclavo, tampoco permito que se ejerza a mi alrededor.

–¿Sabe que a partir de hoy van a pararla en la calle y no sólo con la idea de pedirle autógrafos? ¿Se siente preparada para que la aborden víctimas de la problemática que plantea?
–Seguro. Lo tomo como una función social. Me cargo la responsabilidad que requiere y conlleva el caso. Nunca aceptaría a medias. Quiero servir para algo. Ya de muy chica mi familia me inculcó la conciencia social. Antes de ser “famosa”, entre comillas, he participado en diferentes iniciativas, en especial apuntadas al ambiente. Como artista siento la necesidad, el compromiso y la obligación de luchar por las causas nobles. Para el caso, bregar por que se aprueben en la Argentina (N. de la R.: le resta le media sanción de Diputados) los denominados Protocolos de Palermo. De suceder, tales abusos a los derechos humanos serán considerados un delito federal. Aparte, todos los integrantes de la sociedad somos culpables de la discriminación. Porque si una persona va tras promesas laborales y la defraudan feo, es porque no pudo educarse, no consigue un trabajo digno y necesitó buscar una salida desesperada. No metamos la cabeza en el hoyo como el avestruz… ¿Puedo dejarte un teléfono?

–En cualquier otra entrevista me arriesgaría a un chiste, pero mejor lo guardamos para la próxima, ¿no, Natalia?
–Hacéme el chiste, pero divulgáme el número 0800-9992345. Ahí, y de manera privada, sin identificación, podrán denunciarse casos o informarse sobre el tema, recibir protección psicológica, social y humana y pelear esta guerra junto a nosotros.

“<i>Todos los integrantes de la sociedad somos culpables de la discriminación.  No metamos la cabeza en el hoyo como el avestruz</i>”, propone bien en serio Nati.

Todos los integrantes de la sociedad somos culpables de la discriminación. No metamos la cabeza en el hoyo como el avestruz”, propone bien en serio Nati.

Mientras posa ante el cartel de OIM, Oreiro pregona: “<i>Lo tomo como una función social.  Me cargo la responsabilidad que requiere y conlleva el caso. Nunca aceptaría a medias. Quiero servir para algo</i>”.

Mientras posa ante el cartel de OIM, Oreiro pregona: “Lo tomo como una función social. Me cargo la responsabilidad que requiere y conlleva el caso. Nunca aceptaría a medias. Quiero servir para algo”.

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