Cerca del cielo, lejos de los problemas – GENTE Online
 

Cerca del cielo, lejos de los problemas

El ministro Roberto Lavagna terminó la Semana Santa inmerso en la paz del
paisaje jujeño. Mientras, en Buenos Aires, las noticias volvían a repetir una de
las palabras más temidas en el diccionario de los argentinos: inflación. En el
Hotel Termas de Reyes, junto con su esposa Claudine Marechal, disfrutó un
weekend a puro descanso que comenzó cuatro días antes en Tilcara, donde el
jueves 24 sopló 63 velitas. En Termas de Reyes, a 19 kilómetros de la capital
jujeña, donde las truchas juguetean junto a la piscina de agua termal, hizo
caminatas eternas de dos horas, se perdió en los senderos de la yunga norteña
cercanos a la laguna de Yala, y almorzó en lujoso resort, donde su dueño, Albino
Pederiva, se esmeró en procurarle la paz que el ministro buscaba. De blusa roja,
fue la propia Claudine que le confesó a este cronista tras el almuerzo que era
"el primer fin de semana solos" que tenían en tres años. ¿Economía? Cero en
estos días. "Ni lo dejé leer los diarios", sonrió la mujer de Lavagna. Pese a
todo, es difícil creer que a su marido no le hayan llegado -vía el teléfono
satelital del que no se despegó un minuto- las noticias que coparon los medios
durante estos agitados días y que lo enfrentaron con varios "pesos pesados"
del kirchnerismo.

MALAS NOTICIAS. El detonante de esta nueva pelea en el seno del gobierno fue la
entrevista que Lavagna otorgó al diario londinense Financial Times, uno de los
oráculos de los economistas del mundo. Allí, sabedor del eco que sus palabras
tienen en los centros del poder financiero, señaló que "los sectores populares
creen que ahora debemos empezar con la redistribución del ingreso y a dar
préstamos a escala masiva. Y todos sabemos los resultados de esas políticas:
hiperinflación"
. Además, existía la negativa de Lavagna a que los aumentos
salariales salieran de un acuerdo de cúpulas, como el que negociaba la CGT con
la Unión Industrial Argentina -que, en rigor, hace semanas estaba en el
"freezer" ante los desacuerdos entre ambas partes-, y sí por productividad. Lavagna mantuvo una reunión clave el martes con dos de los integrantes del
triunvirato de la CGT, Susana Rueda y José Luis Lingieri. Allí, les dijo
claramente que "no hay ningún caso en que la suba de salarios le gane a la suba
de precios cuando hay un proceso inflacionario".

Al cruce le salió el líder camionero Hugo Moyano, a quien apoyó el diputado
piquetero Luis D'Elía, ambos firmes aliados del presidente Néstor Kirchner: "Es
un verso que el aumento de salarios genera inflación"
. Quizá por eso -y por su
propia disputa con Moyano-, Rueda fue, junto con Eduardo Duhalde, una de las
pocas figuras de peso en respaldar a Lavagna: "Es un disparate comparar al
ministro del megacanje, del corralito, al ministro del endeudamiento argentino
(por Domingo Cavallo), con un ministro que transformó deuda de dólares y euros a
pesos, que bajó la deuda del 113 por ciento del producto Bruto al 79 por ciento
del PBI"
.

Malo debe haber sido digerir, a poco de llegar de la paz jujeña, que el núcleo
más duro del gobierno (Néstor Kirchner, Alberto Fernández, Julio De Vido y
Cristina Kirchner -hasta ella intentó convencer a Lavagna de aumentar salarios
en este año electoral, sin éxito-) haría trascender el aumento del salario
básico a 510 pesos, en contra de las advertencias de Economía. Por supuesto,
según el propio gobierno, el ministro estaría de acuerdo con la medida. Las
declaraciones públicas que hizo el mismo Lavagna hasta este lunes 28 de marzo no
parecen decir lo mismo.

Un mal trago para el ministro fue la noticia de que el juez neoyorquino Thomas
Griesa, por pedido del "fondo buitre" Elliot, inmovilizaría 7000 millones de
dólares en bonos de deuda, un baldazo de agua helada tras el anuncio de la
brillante aceptación de la oferta argentina para saldar la deuda privada en
default, que alcanzó al 78 por ciento de los bonistas, y cuyo gran artífice fue
Lavagna. Pero lo peor fueron los números que difundió la Consultora Equis -que
comanda Artemio López, encuestador favorito del Presidente-, que demuestran que
la brecha entre el diez por ciento más rico y el diez por ciento más pobre se
agranda pese al crecimiento: en 2004, la diferencia fue de 27,05 puntos,
mientras que en 1994, el mismo registro era de casi diez dígitos menos. ¿Fue
pura casualidad que se conocieran justo en la semana en que Lavagana enfrentaba
a los duros de la CGT y al ala dura del gobierno?

LA CALMA. Por todo esto, Lavagna necesitaba imperiosamente un oasis de paz. Y
aprovechó sin dudar la invitación de su amigo, el gobernador jujeño Eduardo
Fellner. El miércoles 23 llegó a Jujuy a bordo de un avión privado. Desde el
aeropuerto recorrió los 80 kilómetros hasta Tilcara, donde lo esperaba la cabaña
número uno de la Posada de Luz, propiedad de la cordobesa Luz Manfredi, quien
contó detalles de la estadía del ministro. "El y su mujer son personas muy
sencillas",
señaló la mujer, que cobra 120 pesos diarios por una habitación con
cama matrimonial. En el bucólico paisaje de la posada, que tiene piscina y hasta
una llama propia que camina libre por el parque, donde los cuartos son de tonos
ocres, con cimientos y fachadas construidos con piedras del lugar y revestidos
de adobe, y techos sostenidos por troncos, el jueves 24 cumplió 63 años. Dicen
que esa noche, luego de una cena íntima, hasta se animó a bailar un carnavalito.

"Mi visita a Jujuy es para recargar las pilas. Mi esposa y yo creemos que las
piedras y la montaña transmiten energía. Siempre juntamos piedritas por donde
vamos"
, repitió en un arranque místico el ministro, conocido por mantener la
calma aún en las peores borrascas. Hizo una sola mención al embrollo económico:
"Entre todos, con calma, encontraremos las soluciones".

Allí, además de caminar -uno de sus pasatiempos favoritos- fue agasajado por una
banda de sikuris que, al decir del intendente de Tilcara, Félix Pérez, fue de
las más grandes que se hayan visto por la zona. Fiel a su amor por las artes
plásticas -en su pinacoteca posee diferentes cuadros de autores argentinos-
visitó el taller de Emilio Haro, donde fue rodeado por los turistas que, al
enterarse que era su onomástico, le corearon el "feliz cumpleaños".

A bordo de un Toyota Corolla plateado con vidrios polarizados, vigilado por su
jefe de seguridad Claudio Luciani -a quien algunos hasta han confundido con su
hijo- y un nutrido grupo de custodios, a veces acompañado por el gobernador
Fellner y su mujer, Adriana, Lavagna recorrió toda la Quebrada de Humahuaca,
repleta de turistas en esta época del año. Quedó extasiado por los colores de
los cerros de Purmamarca ("Jamás observé tal sensación de paz y tranquilidad",
dijo), comió bife de llama -una delicia regional-, llegó hasta bien al norte el
sábado, a La Quiaca y Yavi, donde se emocionó con la ceremonia religiosa
mezclado entre los turistas y guardando un perfil tan bajo que muchos ni lo
reconocieron, y desde allí, agotado por el paseo a dos mil metros sobre el nivel
del mar, partió hacia Termas de Reyes. Allí se despidió del gobernador Fellner,
y un día después, también en vuelo privado, de Jujuy, donde el paisaje,
seguramente, le ayudó a devolverle la paz que tanto anhelaba.

El ministro sonríe en los jardines de la Posada de Luz; detrás, los cerros de Tilcara. En Buenos Aires quedaron sus enfrentamientos con Moyano y el piquetero D'Elía, entre otros kirchneristas.

El ministro sonríe en los jardines de la Posada de Luz; detrás, los cerros de Tilcara. En Buenos Aires quedaron sus enfrentamientos con Moyano y el piquetero D'Elía, entre otros kirchneristas.

Lavagna, Claudine y una llama, en la Posada de Luz, Tilcara.

Lavagna, Claudine y una llama, en la Posada de Luz, Tilcara.

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