Bam, la ciudad que se tragó la tierra – GENTE Online
 

Bam, la ciudad que se tragó la tierra

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Todo y todos dormían en Bam. Eran las cinco y media de la fría mañana del 26
de diciembre cuando la tierra tembló y arrasó con lo que encontró a su paso. Un
terremoto -la estación sísmica de Teherán diría que alcanzó los 6,3 puntos en la
escala Richter- se devoró la vida y la historia de una de las regiones más
antiguas del planeta.

Pero el rugir de la tierra no dio tregua y durante horas las réplicas de hasta
el grado 5 siguieron con la mortal tarea de destruir una ciudad fundada sobre
una enorme fractura geológica y cuyas casas están construidas en su mayoría en
arcilla y barro. Nada ni nadie quedó al margen de la tragedia entre los 80 mil
habitantes de Bam, que llegan a 200 mil con las aldeas vecinas. Más del 70 por
ciento de las viviendas quedaron hechas polvo, lo mismo que instalaciones
vitales como hospitales, escuelas, centrales telefónicas, de electricidad y
agua. Familias enteras quedaron sepultadas bajo los escombros y, desde el mismo
momento, la cantidad de muertos es una incógnita: ¿30 mil? ¿40 mil? Y los
heridos se calculan en 50 mil, la mayoría, gravísimos. El gobierno iraní intenta
en estos días clarificar cuántos son los muertos mediante la contabilización de
los supervivientes. Se entregarán documentos de identidad temporales para los
habitantes de Bam y se abrió un padrón para que las familias asienten a sus
muertos. Lo que siguió al temblor fue el pandemónium. Los sobrevivientes,
aterrorizados, gritaban y lloraban corriendo sin destino entre las casas
derruidas. Tan inmenso era el dolor de quienes descubrían cadáveres como la
impotencia de los que arañaban las piedras a sabiendas de que debajo alguien
luchaba por seguir viviendo. Ni siquiera los médicos y enfermeros quedaron
exentos de la tragedia en Bam. Y los miles y miles de heridos fueron trasladados
en helicópteros y en una fila interminable y tétrica de ambulancias que pujaban,
en caminos deshechos, por llegar a Kerman, la capital provincial, distante 200
kilómetros de Bam. Claro que allí ya no queda lugar en ningún hospital y los
médicos dedican sus esfuerzos a salvar a quienes tienen más posibilidades de
vivir. Mientras tanto, las radios de Irán multiplican los pedidos de sangre,
medicinas, medios de transporte, agua y abrigos, el invierno se transformó en un
nuevo y mortal enemigo.

El horror y el dolor no impidió que los sobrevivientes fueran los primeros en
organizar equipos de rescate. Con sus heridas -físicas y anímicas- aún abiertas,
montaron salas de emergencia con géneros en las que las mujeres curaban a sus
familiares. Por su parte los hombres, con las pocas linternas que encontraron,
buscaban sin descanso alguna señal para retirar escombros y sacar moribundos de
las profundidades. Así como los hospitales no dan abasto, también los
cementerios colmaron su capacidad. Las autoridades tuvieron que tomar la dura
decisión de abrir fosas comunes para enterrar rápido a las víctimas y así evitar
epidemias. Entre tanto olor a muerte, el dolor se multiplicaba aún más cuando
miembros de la Media Luna Roja tomaban fotografías de los cadáveres antes de
cubrirlos con tierra, para su identificación.

Poco a poco los países de todo el mundo enviaron comida, abrigos, medicamentos y
perros especializados en la búsqueda de personas atrapadas bajo la tierra. Pero,
como suele ocurrir en las tragedias, también ocurrieron milagros. Como los dos
bebés que nacieron en medio del caos en un ala que quedó en pie del Hospital
Francés de Bam. Sus madres lloraban de emoción mientras mujeres anónimas corrían
en busca de mantas para proteger a los bebes del intenso frío. O como cuando
cuatro días después del terremoto, el canto de dos canarios dejó paralizados a
los socorristas. Empezaron a excavar siguiendo los gorjeos y, en una cámara de
aire formada por escombros y latas, había dos chicos heridos, y cerca de ellos,
la jaula con los pájaros que pidieron auxilio con su trinar. Los socorristas, en
medio del horror, encontraron la manera de agradecer a los dos canarios: los
dejaron en libertad.

Con Bam cayeron convertidos en polvo más de dos mil años de historia de la
Humanidad. En su origen era un oasis que tenía como límites un desierto arenoso
a un lado y uno arcilloso al otro. La ciudadela data de los tiempos de
Jesucristo, y la aldea propiamente dicha fue fundada hacia el año 220 de nuestra
era. Fue el paso obligado de caravanas que hacían la ruta de la Seda entre
Europa y China. La fertilidad hacía de Bam una proveedora de cítricos y dátiles.

Hoy Bam es -o casi podría decirse, era- una ciudad medieval situada a mil
kilómetros de Teherán, la capital de Irán, y su castillo-fortaleza (construido
con ladrillos de arcilla, barro, paja seca y hojas de palmera) es una joya
arquitectónica milenaria declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Hasta el día anterior al temblor, los especialistas trabajaban sin descanso para
restaurar el daño que había dejado el paso del tiempo en la fortaleza, el
principal atractivo turístico de la región. El imponente castillo había
inspirado una de las obras maestras de la literatura del siglo XX, El desierto
de los Tártaros que fue publicado en 1940 y en el que el italiano Dino Buzzati,
lo describe como el escenario mítico en el que la existencia transcurre hasta el
deterioro de la vida. El tema fue tomado de una vieja leyenda que dice que la
zona fue invadida por los tártaros. Su trascendencia absoluta le llegó en 1976
cuando Valerio Zurlini filmó la versión del libro -la película incluía en su
elenco a Vittorio Gassman, Philippe Noiret, Giuliano Gemma y Max von Sydow-
tomando como escenario natural el mismo castillo.

El presidente de Irán, Mohamad Jatami, asegura que en cinco años la
reconstrucción habrá concluido. El presidente de los Estados Unidos, George W.
Bush, quitó embargos y envió ayuda humanitaria. Los dos gestos parecen inútiles
cuando el dolor y el olor a muerte ocupan las calles de Bam. De tanto en tanto
se escuchan gemidos de dolor de los que no pueden más de tanto sufrir.

A una semana del terremoto, una chica de 17 años miraba al cielo preguntando
dónde estarían los 17 integrantes de su familia. Poco más allá, una anciana con
su cara embarrada por el lodo que había en el pozo en el que encontraron a sus
tres hijos, le respondió señalando, simplemente, una enorme fosa donde decenas
de cadáveres se apilaban sin orden ni piedad.

Una mujer anciana transformada por el dolor, en lo que quedó de su hogar. Bajo los escombros murió toda su familia. Una tragedia que arrasó a la milenaria ciudad de Bam.

Una mujer anciana transformada por el dolor, en lo que quedó de su hogar. Bajo los escombros murió toda su familia. Una tragedia que arrasó a la milenaria ciudad de Bam.

El castillo y la fortaleza de arcilla y paja que eran símbolo de la región quedaron destruidos. Cuando Bam era un vergel, desde allí sus soldados la custodiaban de los invasores. Ahora, eran la principal fuente de ingresos por el turismo.

El castillo y la fortaleza de arcilla y paja que eran símbolo de la región quedaron destruidos. Cuando Bam era un vergel, desde allí sus soldados la custodiaban de los invasores. Ahora, eran la principal fuente de ingresos por el turismo.

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