Bajo un manto de sospecha – GENTE Online
 

Bajo un manto de sospecha

Para abandonar la prisión, Mónica Cristina Rímolo (39) -más conocida como Giselle- se preparó como una verdadera reina. Después de estar casi seis meses tras las rejas de la unidad 31 de Ezei
za -sospechada por 24 casos de estafa y ejercicio ilegal de la medicina-, cuidó hasta los más mínimos detalles para verse elegante. Si bien es cierto que no quiso enfrentarse a los medios, decidió vestirse como una lady, aunque más no fuera para levantar su propia autoestima. Ese viernes 25 de abril fue más que especial para la falsa doctora -como se la catalogó desde que fue a parar tras las rejas-. Se levantó muy temprano y estaba tan nerviosa que no quiso probar bocado.

Pese a todo, la alegría aparecía a cada instante en su renovado rostro. Y destinó varias horas para acicalar a fondo su look. Ya se había teñido de rubio días atrás. Después de ducharse, lo primero que hizo fue rociar su cuello con unas gotitas de Angel, un sofisticado perfume de Thierry Mugler. Como su largo pelo lucía "demasiado lacio para la ocasión", Giselle se hizo un cuidadoso anillado para que el peinado le quedara con más movimiento y rulos en las puntas. Como siempre, sus compañeras más cercanas le hicieron las uñas de los pies y de las manos. Y para sentirse mejor que nunca, ordenó que le llevaran un tailleur rosa de pantalón y chaqueta al cuerpo (de
Versace), y un esmalte al tono que combinara con su traje. Cuando se miró por última vez, el agrietado espejo de su celda le devolvió la imagen que ella deseaba observar, y entonces volvió a sonreír. Estaba feliz, exultante.

En agradecimiento a lo bien que la trataron algunas internas, Rímolo estuvo más que dadivosa. Les regaló un televisor color de 14 pulgadas, un set completo de pinturas, ruleros, piquitos, tarjetas de teléfono, toallas femeninas y varios rollos de papel higiénico. Se despidió con algunas lágrimas en los ojos. Y recordó las aciagas jornadas que pasó en la cárcel, que motivaron el entusiasmo que hoy siente por terminar lo más pronto posible un libro que está escribiendo y que ya cuenta con cientos de páginas listas para ser corregidas. El público luego deberá determinar si Mis 171 días en la cárcel -ese será el título de su obra- se convertirá o no en un best-seller. Cada vez que se lo preguntan, Giselle confiesa que en la prisión aprendió "muchas cosas que de otra forma no hubiera podido vivir". Además, la reclusión le sirvió para hacer cursos de marketing y computación, quizás una salida laboral alternativa para el futuro, si es que no puede continuar al frente de su famosa clínica.


"NO VOY EN TREN, VOY EN CAMION".
El traslado rumbo a Tribunales para presentarse ante el doctor Mariano Bergés -juez de la causa- no tuvo nada de glamour. Como la crisis afecta a todos, el Servicio Penitenciario Federal no tenía dinero para cargar con gasoil el tanque del camión 210 que la trasladaría. Finalmente, el inconveniente se solucionó y Giselle pudo presentarse ante la justicia.

por Miguel Braillard y Pablo Procopio
fotos: Julio Ruiz, Alejandro Carra, Diego Soldini y Matías Campaya

Rímolo, una de las veces que fue trasladada para presentarse ante el juez Bergés.

Rímolo, una de las veces que fue trasladada para presentarse ante el juez Bergés.

El sábado, Silvio Soldán paseó con su hijo Christian (de su matrimonio con Silvia Süller), y al atardecer aprovechó la oferta del Silver Solarium de Superí y Avenida de los Incas para broncearse.

El sábado, Silvio Soldán paseó con su hijo Christian (de su matrimonio con Silvia Süller), y al atardecer aprovechó la oferta del Silver Solarium de Superí y Avenida de los Incas para broncearse.

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